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LA
COMUNICACIÓN EMPÁTICA
‘Bajo
la clave adecuada, uno puede decir cualquier cosa; bajo la clave
equivocada, nada vale. Acertar con la clave
es lo esencial’.
George
Bernard Shaw
La
comunicación es el acto central de la vida humana
La
comunicación es posible, entre los hombres, porque todas las
cosas, externas o internas, son representables.
Pero
el hecho de representar,
para otros, las cosas externas o internas,
no es un proceso simple. ‘Una
de las cosas más difíciles del mundo’, escribió Lewis
Carroll en su libro ‘ALICIA
EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS’, ‘es
transmitir las ideas con exactitud de una mente a otra’."
Llamamos
genéricamente proceso de
comunicación a los fenómenos de intercambio
de información. Estos fenómenos se dan en dos
pasos:
1)
Hay
que comprender y transmitir
una situación o
hecho.
2)
Hay
que escoger y transmitir
bien los diferentes
signos
que pueden expresarla.
En
la comunicación humana, el mensaje sólo
puede transmitirse a través de una codificación. Una letra,
una palabra van ‘codificadas’ en un texto, con una determinada
entonación o escrito en determinada forma. Si la palabra ‘alma’,
por ejemplo, va en la frase ‘te
quiero con toda el alma’, tiene diverso sentido de si va
en esta otra : ‘el
hombre consta de alma y cuerpo’.
El
mensaje humano tiene, pues, una codificación
por parte del emisor y una descodificación
por parte del receptor. Este sólo podrá descodificar la
frase y por tanto entenderla, si está al tanto del código
empleado. De ahí la importancia de que toda persona que intenta
influir en otra en cualquier campo (religioso, político,
comercial...) conozca el lenguaje
que es capaz de comprender su receptor y se acomode a él. El código
que domina el receptor es la regla a que debe ajustarse el emisor
y no viceversa.
Pero
la comunicación no es solamente un intercambio de información a
través de códigos, sino una comunión
de significados. En el contacto entre dos o más personas,
también se intercambian o crean impresiones
y actitudes.
La
comunicación es, además, una concordancia
emotiva. Es el hilo
invisible que une
o desune a los seres
humanos.
Por
otro lado, hay circunstancias en las que
aun la información más objetiva presenta una carga emocional muy
alta. Pensemos, por ejemplo, en el momento en que un Gerente
General comunique los
datos referentes al rendimiento de la empresa. Es inevitable
que esta situación desencadene
ciertas emociones; entre otras miedo, ansiedad o vergüenza.
Si
las personas involucradas no
logran superar el nivel de comunicación objetiva, se levantará
entre ambas una barrera que impedirá llegar a un entendimiento.
Si, por el contrario, el Gerente General enfrenta
el aspecto emocional al aceptar el enojo de un subordinado por
recibir una valoración tan negativa, ambos tienen más
posibilidades de aplicar su experiencia en beneficio de la relación.
Al hablar de la preocupación del empleado sobre los hechos, éste
los aceptará con más facilidad.
Por
eso es tan importante
escuchar empáticamente (sin juzgar y poniéndose en el lugar
del otro), porque es el
primer
paso hacia comunicación saludable y eficiente.
Las
relaciones de comunicación requieren
un desarrollo, implican confianza
y comodidad, y
ambas se alimentan con el transcurso del tiempo y con el ejercicio
de la empatía. Una buena relación de comunicación nos permite
saber que si nuestro
proveedor se retrasa no es debido a una falta de respeto o a
negligencia, sino a una
sobrecarga de trabajo. La relación se da en un clima
de confianza mutua y es
tan cómoda para ambas partes que intercambiamos información
sobre nuestras respectivas empresas, lo cual nos ayuda a realizar
el trabajo mejor y a entendernos como personas.

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