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EMPATÍA,
ESPERANZA
Y PERFORMANCE
EN VENTAS
En un
fascinante estudio destinado a medir el efecto del optimismo en el
desempeño, el psicólogo Martin Seligman dio a algunos
vendedores de seguros un cuestionario para medir su optimismo.
Cuando comparó los resultados de las pruebas con sus registros
reales de ventas, halló que los vendedores que tenían gran
optimismo habían vendido un 37 por ciento más que los
pesimistas. Los vendedores que estaban entre los 10 con mayor
porcentaje de optimismo habían vendido un 88 por ciento más
seguros que los que estaban entre los 10 con mayor pesimismo.
Los
vendedores optimistas tenían una forma mucho más empática de
relacionarse con los potenciales clientes. Cuando un cliente en
perspectiva decía que no, los pesimistas se veían a sí mismos
como fracasados, y usaban como: ‘No sirvo para esto’
o ‘No puedo hacer ni siquiera una venta’. Por el
contrario, los vendedores optimistas, adoptaban la perspectiva del
otro, y decían frases como: ‘Estaban demasiado ocupada
cuando la llamé’ o ‘La familia ya tiene un
seguro’. El rechazo no era tomado personalmente y, como
consecuencia, los agentes optimistas siguieron esperanzados en su
futuro.
La empatía crea
una actitud esperanzada en las relaciones porque nos ayuda a
desarrollar una perspectiva más amplia, en la cual las cosas
malas que suceden y las decepciones se ven como algo momentáneo,
específico de la situación, y finalmente superable. Si imaginamos
que la causa es permanente (‘Soy un imbécil’, ‘El es
insensible’, ‘Ella no piensa’), preparamos el
escenario para el desánimo y la depresión. Si pensamos en la
situación como algo circunstancial, circunscripto al momento (‘Dije
algo realmente tonto’, ‘Generalmente él es comprensivo, pero
hoy no está respondiendo bien’), limitamos nuestra decepción
a esa interacción específica y evitamos la generalización del
pasado y del futuro.
La empatía
nos tranquiliza, fortalece nuestras relaciones con los demás
y nos ayuda a crear una actitud que nos permite doblarnos
más que quebrarnos. La empatía entibia el frío del miedo y
calma la ansiedad que dice: ‘¡No puedo creerlo!’.
Trabajando juntos, recordando que nadie es perfecto, deteniéndonos
a pensar, hallamos también la esperanza en nuestras relaciones.


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