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CASOS
DE INTELIGENCIA EMOCIONAL
EN
LA EMPRESA (IV)
UN CASO DE DIRECCIÓN EMOCIONALMENTE
INTELIGENTE EN COCA-COLA
Cuanto mayor es la compañía,
más necesaria es la inteligencia de los ejecutivos para contribuir
a la resolución de los problemas, que suelen venir acompañados
de rupturas de la comunicación, y esto puede llevar mucho tiempo.
Parece que cada incidente de este tipo es único. El ejecutivo
emocionalmente inteligente puede acortar mucho este tiempo
encontrando el sentimiento que se oculta detrás del problema,
lo subyacente en el contexto. Ahí es donde resulta más fácil sacar
a la luz el conflicto esencial. En este aspecto pueden
resultar muy prácticas las dotes intuitivas del ejecutivo. El
ejecutivo emocionalmente inteligente es capaz de llegar al corazón
de la cuestión. Veremos un ejemplo contemporáneo en el caso de una
organización muy conocida y con larga trayectoria.
Después de vender con éxito durante
casi 100 años un mismo producto invariable,
Coca-Cola decidió cambiar las cosas. La fórmula secreta de la
Coca-Cola no había cambiado nunca desde su invención en 1886,
salvo en 1903, cuando se le eliminó una cantidad minúscula de
cocaína. Pero en 1985, después de unas pruebas de mercado secretas
realizadas sobre 190.000 consumidores, la dirección de
Coca-Cola descubrió que una
Nueva Coca-Cola más ligera y más dulce podría competir con
mayor éxito con la Pepsi.
Todos
sabemos lo que sucedió después.
Coca-Cola había cometido lo que quizá fuera la peor decisión
de marketing desde que Ford
presentó el modelo Edsel.
Naturalmente, Coca-Cola
fue capaz de reorganizarse y de convertir el aparente fracaso en
lo que algunos consideran que fue una brillante operación de
marketing: convirtió en publicidad gratuita la atención por parte
de los medios de comunicación, al volver a ofrecer su producto
primitivo bajo el nombre de
Coca-Cola
Clásica. La combinación
de la Nueva Coca-Cola
con la Coca-Cola Clásica
significó una victoria sonada sobre el rival más próximo de
Coca-Cola, Pepsi.
Con independencia del resultado final, la poca precisión de las
pruebas de consumo se debía a una falta de inteligencia emocional
en este proyecto concreto, dentro de una compañía que tenía éxito
en otros sentidos. Las
pruebas de consumo estaban bien organizadas, pero les faltaba
profundidad en el estudio del componente emocional. El
consumidor estadounidense sentía un apego especial a la
Coca-Cola, y en las pruebas no se consiguió captar este apego
profundo. Aunque la Nueva
Coca-Cola obtuviera mejores resultados en las pruebas de
sabor, el abandono de la fórmula original no carecería de
consecuencias emocionales.
Según el presidente de
Coca-Cola,
Roberto Goizueta, era
como la muerte de un padre. ‘Sabes que estarás triste- decía-.
Nunca sabes lo triste que estarás, cuán profunda será tu pena,
hasta que se muere’. Si las pruebas de mercado hubieran estado
dotadas de mayor inteligencia emocional,
si se hubieran asomado a los sentimientos de los consumidores
además de a sus papilas gustativas, podría haberse evitado aquel
error monumental.
Los
fieles de la Coca-Cola
se levantaron en armas ante esta decisión de marketing.
Goizueta y sus compañeros tuvieron que reconocer su error ante
los ataques públicos que recibían. Pero
Goizueta supo reaccionar con rapidez y fue capaz de convertir
el fracaso en éxito, bautizando el producto antiguo como
Coca-Cola Clásica y ofreciéndolo al público además de a su
nuevo hermano, la Nueva
Coca-Cola.
Roberto Goizueta,
como ejecutivo emocionalmente inteligente, reaccionó con rapidez
ante la caída del gráfico de ventas. Su reacción no sólo estuvo
dotada de responsabilidad: también, cosa igualmente importante,
fue sensible. En vez de adoptar una actitud defensiva, aceptó la
nueva realidad y la integró en la curva de éxito constante de
Coca-Cola.
Una buena parte del éxito de
Goizueta se debió a su capacidad para comunicarse tanto con su
personal, que se vio atrapado en aquel fracaso de marketing, como
con el público, a través de los medios de comunicación. Un
ejecutivo de menor categoría tal vez se habría distanciado del
área problemática y podría haber hecho el vacío a los medio de
comunicación en una situación semejante de crisis; pero eso no fue
lo que hizo Goizueta,
experto en comprender las reacciones de los demás y en comunicarse
con ellos teniendo presente este conocimiento.
¿Cuál es la moraleja? Es
fundamental integrar a todos los departamentos en un esfuerzo de
equipo concertado para conseguir el mejor resultado posible. A
partir del incidente de la
Nueva Coca-Cola, la compañía ha invertido muchos esfuerzos con
el fin de volverse más activa, y se ha convertido en una de las
diez empresas con mejores resultados en los últimos años.
Goizueta
fue capaz de asumir la responsabilidad de cualquier problema y de
aprovechar ventajosamente los errores aparentes. Participó
directamente, se enfrentó con la realidad de los hechos tal como
eran, y sin sufrir apenas
una caída en las ventas, convirtió en milagro de marketing lo que
podría haber sido un desastre bajo un liderazgo dotado de menos
inteligencia emocional. Algunos estudiosos de marketing
llegaron, incluso, a preguntarse si todo aquello no había sido más
que un montaje intencionado.
Goizueta afrontó el problema con valor y convirtió un fracaso
aparente en éxito.
Goizueta
estaba dotado de la capacidad de sacar lo mejor de los
demás, de ayudarles a desarrollarse y a mejorar. Formaba a sus
ejecutivos haciéndolos pasar por varios puestos para dotarlos de
la experiencia que le parecería que necesitaban. Su interés
sincero por los demás engendraba en los miembros de su personal un
sentimiento profundo de lealtad. El fomentaba un sentimiento de
sinceridad animando a los miembros de su personal a que fueran
completamente francos con él. ‘Yo discutía con él constantemente’,
cuenta su antiguo director financiero,
Sam Ayoub. ‘Lo atrayente que tenía era que yo podía encerrarme
a solas con él y decirle que no estaba de acuerdo con él. No le
gustan los cobarde’.
Goizueta
era especialmente sensible a la necesidad de ajustar a los
miembros de su personal en los proyectos para los que estaban más
dotados. ‘El ejecutivo jefe tiene la responsabilidad última de
decidir lo que debe delegar y en quién -afirma-. Si eliges a la
persona adecuada, al final todo será de color de rosa’.
*(Dr. Steve Simmons,
Measuring Emotional Intelligence).
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