LOS
HEMISFERIOS CEREBRALES
Y
LAS EMOCIONES
Mike
Gazzaniga y el ganador del premio Nobel Roger
Sperry habían causado sensación con su tesis sobre
las consecuencias psicológicas de la cirugía de escisión
cerebral en seres humanos.
La cirugía de escisión
cerebral es un procedimiento en el cual se cortan
las conexiones nerviosas entre los dos hemisferios del
cerebro en un intento de controlar la epilepsia grave.
Los
estudios previos que había hecho Gazzaniga mostraban que, cuando se divide el cerebro, deja de
existir comunicación entre los dos lados del cerebro.
Debido a que las funciones del lenguaje se localizan normalmente en el
hemisferio izquierdo, la persona solamente es capaz de
hablar de cosas que el hemisferio izquierdo conoce. Si a
la persona con el cerebro dividido se le muestran estímulos
que sólo ve el
hemisferio derecho, no
es capaz de describir verbalmente el estímulo. Sin
embargo, si se le da al hemisferio derecho la oportunidad
de responder sin tener que hablar, entonces se comprueba
que el estímulo fue registrado. Por ejemplo, si la mano
izquierda, que manda información sobre el tacto al
hemisferio derecho, se introduce en una bolsa de
objetos, es capaz de identificarlos y elegir el que hace
pareja con una imagen vista
por el hemisferio derecho. Es decir, el hemisferio
derecho puede relacionar la percepción táctil de un
objeto con el recuerdo de cómo lo veía unos momentos
antes, y elegir el objeto correcto. La mano
derecha no puede hacer esto porque su información
sobre el tacto va al hemisferio izquierdo, el cual no vio el objeto. En el
paciente con el cerebro dividido, la información que se
pone en un hemisferio permanece
atrapada en ese lado del cerebro, y no está disponible
para el otro lado. Gazzaniga capturó la esencia de
esta notable situación en un artículo sobre el tema,
llamado ‘Un cerebro: dos mentes’.
El
experimento del cerebro dividido que orientó mi brújula
científica en la dirección de las emociones consistía
en presentar estímulos con connotaciones emocionales a
los dos hemisferios de un paciente especial, que podía
leer palabras con ambos hemisferios, cosa que los demás
pacientes eran incapaces de hacer; aun así, como los
otros, sólo podía hablar a través de su hemisferio
izquierdo. De ese
modo, cuando se le presentaban estímulos emocionales al
hemisferio izquierdo, podía decir qué era el estímulo y
cómo se sentía al respecto, ya sea que significara algo
malo o algo bueno. Cuando el mismo estímulo era
presentado al hemisferio derecho, el habla del izquierdo
era incapaz de decir lo que era. Sin embargo, el
hemisferio izquierdo podía juzgar correctamente si el estímulo visto por
el derecho era malo o bueno. Por ejemplo, cuando el hemisferio
derecho vio la palabra ‘madre’, el hemisferio
izquierdo calificó como ‘bueno’, y cuando el lado
derecho vio la palabra ‘diablo’, el izquierdo la
calificó como ‘malo’.
El
hemisferio izquierdo era incapaz de reconocer los estímulos,
y por mucho que se presionó al paciente, éste
no pudo nombrar el estímulo presentado al hemisferio
derecho. Pese a ello, el hemisferio izquierdo acertaba
los calificativos emocionales. De alguna manera el significado emocional del estímulo
había cruzado de una parte a otra del cerebro, aunque no
así la identidad de dicho estímulo. Según lo que
experimentaba el hemisferio izquierdo, las
emociones conscientes eran producidas por estímulos que
el paciente afirmaba no haber visto nunca.
¿Cómo
explicar este fenómeno? Probablemente, el camino que
recorren los estímulos a través del hemisferio derecho
se bifurca. Una rama conduce al estímulo a partes del
hemisferio derecho que identifican qué es el estímulo, y
la cirugía de escisión cerebral impide que esta
identificación llegue al hemisferio izquierdo. La otra
rama lleva el estímulo a partes del hemisferio derecho
que determinan sus implicancias emocionales, y la cirugía
no impide la transmisión de esta información al lado
izquierdo.
En
otras palabras, el
hemisferio izquierdo había efectuado juicios emocionales
sin saber lo que juzgaba. El hemisferio izquierdo sabía
el resultado emocional, pero no tenía acceso al
proceso que lo había conducido a ese resultado. Desde el
punto de vista del hemisferio izquierdo, el procesamiento
emocional había ocurrido fuera del terreno consciente, es
decir, a nivel inconsciente.
La
cirugía de escisión cerebral parecía revelarnos una
dicotomía psicológica fundamental entre pensar y sentir,
entre cognición y emoción. El hemisferio derecho era
incapaz de compartir con el hemisferio izquierdo sus
pensamientos sobre la naturaleza del estímulo, pero podía
transmitirle el significado emocional del estímulo.
El Dr. Joseph Le Doux, profesor del Centro de Neurología
de la Universidad de Nueva York, escribe en su obra ‘El
Cerebro Emocional’:
‘Michael
Gazzaniga y yo estábamos realizando estudios sobre pacientes con el
cerebro dividido, que nos condujeron a una conclusión
similar a la de otros investigadores. Se sabía que la información
presentada únicamente en un hemisferio de un paciente con
el cerebro dividido resulta inaccesible para el otro. Tomamos
esta idea como modelo del modo en que procede la
consciencia con la información generada por un esquema
mental inconsciente. En otras palabras, dimos
instrucciones al hemisferio derecho para que produjera
determinada respuesta. El hemisferio izquierdo
observó la respuesta, pero no sabía por qué ocurría.
Después preguntamos al paciente por qué había
reaccionado del modo en que lo había hecho. Como sólo
el hemisferio izquierdo podía hablar, la respuesta verbal
reflejaba la comprensión que este hemisferio tenía de la
situación. Una vez tras otra, el hemisferio izquierdo daba explicaciones
como si supiera por qué ocurría la respuesta. Por
ejemplo, si dábamos instrucciones al hemisferio derecho
para que agitara la mano, el paciente lo hacía. Cuando
preguntábamos al paciente por qué agitaba la mano, decía
que creía haber visto a alguien conocido. Cuando
dimos instrucciones al hemisferio derecho para que riera, el
paciente nos dijo que éramos tipos divertidos. Las
explicaciones verbales estaban
basadas en la respuesta producida, más que en el
conocimiento de por qué se producían las respuestas. Al igual que en otros experimentos, el
paciente atribuía explicaciones a situaciones como si
hubiera percibido introspectivamente la causa de la
respuesta, cuando en realidad no era así. Llegamos a
la conclusión de que las personas suelen hacer muchas
cosas por razones
de las que no son conscientes (porque la conducta se
produce mediante mecanismos cerebrales que funcionan
inconscientemente), y que una
de las principales tareas de la consciencia es hacer que
la vida del individuo sea coherente, creando un concepto
del yo. Para lograr esto genera
explicaciones sobre la conducta, partiendo de la imagen
que tiene del yo, los recuerdos del pasado, las
expectativas para el futuro, la situación social del
momento y el entorno físico en que se produce la
respuesta’.
|