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LAS PEQUEÑAS EXPRESIONES EMOCIONALES

Constantemente, las caras van cambiando, dando mensajes que son contestados en presencia de los demás. Se puede aprender a ver en el rostro de la persona que tenemos delante muchas expresiones que para ella son inconscientes. Expresamos y reaccionamos constantemente, a una velocidad de vértigo y sin ser conscientes de ello, a las caras que nos ponen los demás.

Ernest Haggard y Kenneth Isaacs vieron que, pasando a cámara lenta las películas de un rostro, se percibían expresiones que volvían a desaparecer inmediatamente, en una fracción de segundo. Estas expresiones fugaces no eran casuales, sino que ocurrían cuando las personas estaban en conflicto, es decir, mostraban un sentimiento que contradecía lo que esta persona estaba expresando verbalmente.

En ocasiones, la persona estaba dando muestras de complacencia y placer pero podía pasar, fugazmente, a la ira. Llamaron a estas expresiones ‘micromomentáneas’ o ‘micro’. Estos signos no son de por sí mensajes conscientes sino que son filtraciones de sentimientos verdaderos (normalmente, sentimientos inaceptables). Estos ‘micros’, tan evidentes en una filmación a cámara lenta, también pueden ser visibles a simple vista. Pueden ser percibidos subliminalmente, pues como sabemos, vemos más de lo que creemos de forma consciente.

Paul Ekman, usando un taquistoscopio que permite proyectar a una velocidad que llega a las centésimas de segundo, pudo comprobar que las personas con experiencia en el trato con los demás captan mejor los mensajes, a velocidad normal, que los jóvenes. Observó que la mitad de las personas se pierden, constantemente, la captación de una emoción negativa determinada. Así, ciertas personas adolecen de una dificultad para captar a los demás correctamente en la expresión de una emoción (la tristeza, el miedo o la ira...)  

 

 

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