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LAS EMOCIONES Y LA COMUNICACIÓN

ENTRE PADRES E HIJOS

 

Cuando las madres hablan de sentimientos de tristeza y angustia, lo hacen, principalmente, con sus hijas, mientras que suelen hablar más con sus hijos varones de sus iras y enojos. Y esto se nota.

(S. Denham, D. Zoller y E. A : Couchoud, ‘Socialization of Preschoolers’ Emotion Understanding’, DEVELOPMENTAL PSYCHOLOGY 30 (1994), pág. 928-36 ; J. Dunn, J. R. Brown y M. Maguire, ‘The Developmen of Children’s Moral Sensibility : Individual Differences and Emotion Understanding’, DEVELOPMENTAL PSYCHOLOGY 31 (1995), pág. 649-59 ; y J. Dunn, J. R. Brown y L. Beardsall, ‘Family Talk about Feeling States and Children’s Later Understanding of Others’ Emotions’), DEVELOPMENTAL PSYCHOLOGY 27 (1991), pág. 448-55).

Un metanálisis reciente, que es un análisis estadístico de los resultado de un grupo grande de estudios como si fuesen todos un solo estudio, muestra dos resultados interesantes: que las madres hablaban más y usaban un diálogo más orientado a apoyar a sus hijas que a sus hijos varones. Además, la forma de hablar de las madres con sus hijos varones era más directa e informativa en cuanto al contenido que la que usaban con sus hijas.

(C. Leaper, J. Anderson y P. Sanders, ‘Moderatos of Gender Effects of Parents’ Talk with Their Children : A Meta-Analysis’, DEVELOPMENTAL PSYCHOLOGY 43 (1998), págs. 3-27).

 Un estudio en el que se analizó el vocabulario de niños en edad preescolar, demostró que las niñas usan seis veces más la palabra ‘amor’ que los varones, dos veces más la palabra ‘triste’, pero el uso de la palabra ‘enojado’ es igual en ambos sexos. Sabemos que las madres que explican sus reacciones emocionales a sus hijos en edad preescolar y que no reaccionan en forma negativa cuando el niño demuestra tristeza, temor o enojo, tendrán hijos que comprenden mejor las emociones.

(C. A. Cervantes y M. A. Callanan, ‘Labels and Explanations in Mother-Child Emotion Talk : Age and Gender Differentiation’, DEVELOPMENTAL PSYCHOLOGY 34 (1998), pág. 88-98).

En este estudio, ochenta y cuatro chicos de dos, tres y cuatro años de edad fueron estudiados junto con sus madres en una sesión grupal en la que se contaban cuentos. Había una casa de muñecas y muñecos de plástico, y se les indicó que representaran una historia que tuviese estas cuatro características: los padres se iban y dejaban a su hijo con otra persona, el padre se caía y se lastimaba, el perro se perdía y los padres volvían. Los investigadores estaban interesados en la cantidad de palabras relacionadas con emociones que usaban las madres y los niños y en saber si esas palabras se usaban como definiciones (‘El está triste’) o explicaciones (‘El está triste porque perdió su perro’).

Trabajos anteriores mostraron una conexión directa entre la frecuencia de las conversaciones emocionales entre padres e hijos y la comprensión posterior de las emociones.

Además, otros trabajos anteriores mostraron que las madres usaban más definiciones emocionales con las niñas y más explicaciones con los varones. Esto ha sido interpretado como que los varones tienen mayor predisposición a nivel social para solucionar problemas relacionados con las emociones o para tener control sobre las emociones (‘El chico está triste porque perdió el perro; vayamos a encontrarlo’).

En contraste, al enfatizar referencias directas a estados emocionales con las niñas, las madres las pueden estar motivando a concentrarse en ese estado emocional y orientando hacia un enfoque interpersonal en cuanto a la sensibilidad emocional. Consistentemente con trabajos anteriores, las madres usan explicaciones más emocionales con los varones en los diferentes grupos de edad).

Las investigaciones indican que los padres tienden a ser aún más rígidos en lo que se refiere a guiar a sus hijos según lineamientos de conducta tradicionales. Incluso los hermanos mayores, imitando a sus padres, hablan con mayor frecuencia con sus hermanas de dos años de edad, que con sus hermanos de la misma edad.
         Cuando un varón expresa un nivel normal de enojo o agresión, o se vuelve hosco y callado, su comportamiento es aceptado como normal. Si, en cambio, expresa niveles normales de temor, ansiedad o tristeza - emociones consideradas, por lo general, como femeninas - los adultos que lo rodean suelen actuar como si tales emociones no fuesen normales para un varón.
         La diferencia entre los varones que superan las adversidades y los que sucumben ante el embate de las mismas siempre depende, en última instancia, de la riqueza de sus recursos emocionales para enfrentar los desafíos que la vida les presenta.

 

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