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LA
EXPERIMENTACIÓN DE LAS EMOCIONES Y
EL PODER
DE LA AUTORIDAD
El
sociólogo Stanley Milgram, de la Universidad de
Yale, evidenció el poder de la conformidad durante una
triple demostración. En un estudio que ha tenido vasta
repercusión, hizo que las personas participaran en un
experimento donde a otros individuos se les planteaba una
tarea. Los controladores tenían que dar un shock eléctrico
a los aprendices por cada respuesta equivocada. En cuanto
aumentaba el número de errores de los aprendices, los
controladores tenían que aumentar la tensión del shock eléctrico.
Las variantes de tensión fluctuaban entre los 15 y los 450
voltios. Con un
golpe de corriente de 75 voltios, gemía el aprendiz que se
encontraba en la habitación vecina; a los 150 voltios pedía
que cesara el experimento: a los 180 voltios gritaba que el
dolor era insoportable, y con tensiones superiores lo único
que hacía era golpear con los puños contra la pared o se
producía un silencio aterrador.
Un científico con bata blanca se colocaba al lado de la
persona sentada frente a la pizarra y le impartía
instrucciones para aumentar la tensión, a pesar de los
gritos de la persona atada a una silla en la habitación
vecina. Por supuesto que se trataba sólo de un experimento
simulado. Además, tampoco había que probar el efecto de
un castigo sobre el proceso de aprendizaje, sino que había
que comprobar hasta qué punto el hombre está dispuesto a
subordinarse a una autoridad.
Los
gritos de dolor en la habitación vecina provenían de un
auxiliar que, por supuesto, no estaba conectado a los
electrodos. Pero eso no lo sabían las personas que
participaban en el ensayo. A ellos simplemente se les
‘ordenaba’ dar shocks eléctricos a otras personas. Este
ensayo demostró claramente que el 62% (¡) de los
participantes incrementaban los golpes de corriente hasta el límite
máximo, sin reparos ni remordimiento.
De
este estudio de Milgram hay que deducir que nuestra
tendencia a la conformidad con la agresión va pareja con la
inclinación a obedecer órdenes. Para una especie con un
sistema de dominación fijado, este comportamiento debe
parecer apropiado, y durante el largo período de nuestros
antecesores cazadores,
cuando era vital una acción coordinada, esta
tendencia pudo estar aún más acentuada. La caza –como
una especie de guerra primitiva- puede haber sido una de las
principales adaptaciones en el desarrollo humano. Si esto
fuese así realmente, entonces la ‘actividad agresiva’
–en sentido positivo o negativo- tiene un carácter
primariamente masculino. |
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Director del Portal:
Abel Cortese |
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EN MENTOR EMOCIONAL DE SÍ MISMO/A Y DE OTRAS PERSONAS:
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