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LA INFLUENCIA DE LOS PENSAMIENTO
EN LA DEPRESIÓN

  Uno de los motivos por los que la distracción funciona bien para moderar los procesos depresivos es que los pensamientos que provocan depresión se presentan de una forma automática y penetran en la mente de manera espontánea. Incluso a las personas deprimidas que intentan suprimir sus pensamientos deprimentes a menudo les resulta imposible plantear mejores alternativas; una vez que la corriente de pensamiento depresivo ha comenzado, ejerce un poderoso efecto magnético en el hilo de la asociación.

En un experimento sencillo pero impactante, cuando se les pidió a las personas deprimidas que descifraran frases en las que aparecían seis palabras mezcladas, fueron mucho más eficaces para descubrir los mensajes deprimentes (‘el futuro parece muy sombrío’) que los mensajes optimistas (‘el futuro parece muy prometedor’).

(El estudio de las pautas de pensamiento de las personas depresivas aparece mencionado en Richard Wenzlaff, ‘The Mental Control of Depression’, en Wegner y Pennebaker, HANDBOOK OF MENTAL CONTROL).

La tendencia de la depresión a perpetuarse a sí misma ensombrece incluso la clase de distracción que la gente elige. Cuando a las personas depresivas se les dio una lista de formas optimistas o tediosas de apartar su mente de algo triste, por ejemplo del funeral de un amigo, eligieron otras actividades melancólicas.

Richard Wenzlaff, el psicólogo de la Universidad de Texas que llevó a cabo estos estudios, llegó a la conclusión de que la gente que ya está deprimida debe hacer un esfuerzo especial para centrar su atención en algo totalmente optimista, teniendo el cuidado de no elegir inadvertidamente algo -una película sentimental, una novela trágica- que haga decaer nuevamente su ánimo.

Uno de los antídotos más potentes contra la depresión -y, fuera de la terapia, poco utilizado- es el recurso de ver las cosas de una manera diferente, que también se conoce como reestructuración cognitiva. Es natural lamentarse por el final de una relación y regodearse en pensamientos autocompasivos tales como la convicción de que ‘esto significa que siempre estaré solo’, pero sin duda esto aumentará la sensación de desesperación. Sin embargo, retroceder y pensar en los aspectos en que la relación fallaba, y en los aspectos en que usted y su pareja disentían -en otras palabras, ver la pérdida de una forma diferente, bajo una luz más positiva- es un antídoto contra la tristeza. Del mismo modo, los pacientes de cáncer -al margen de lo grave que fuera su estado- se sentían de mejor humor si podían pensar en algún otro paciente cuyo estado era aún peor (‘no estoy tan mal... al menos yo puedo caminar’); los que se comparaban con las personas sanas eran los que más se deprimían. Compararse con alguien que está peor resulta increíblemente alentador: de pronto lo que parecía bastante terrible no es tan malo.

(Shelley Taylor et al., ‘Maintaining Positive Illusions in the Face of Negative Information’, JOURNAL OF CLINICAL AND SOCIAL PSYCHOLOGY, 1989).

 

 

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