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EL PESO DEL COCIENTE INTELECTUAL Y EL COEFICIENTE EMOCIONAL EN LA REALIZACIÓN PERSONAL

 

         Obviamente, lo que se llama inteligencia racional, esa inteligencia que se mide a través de los tests de CI, puede ser importante para cualquier trabajo, en especial si se trata de una tarea que exige complejas asociaciones intelectuales. Sin embargo, no es, de lejos, el único factor que contribuye a ese éxito, y muchas veces otras consideraciones, como por ejemplo una inteligencia práctica, habilidades sociales y estabilidad emocional –todos componentes del pensamiento constructivo-, pueden tener un peso mucho mayor. La inteligencia racional es un aspecto del pensamiento constructivo, pero el otro es la inteligencia empírica (hoy llamada Inteligencia Emocional), que muchas veces está más estrechamente relacionada con el éxito que se tiene en la vida.

George Vaillant, un eminente psiquiatra, analizó el comportamiento de noventa y cinco estudiantes de la Universidad de Harvard, desde sus años de estudiantes universitarios hasta llegar a la mediana edad. No fueron los del CI más alto los que ganaron más dinero como ejecutivos de empresa ni los que lograron mayores reconocimientos en una carrera docente. Este estudio demuestra que el CI no permite predecir el éxito que una persona podrá tener en su trabajo y, por lo tanto, en otras esferas de su vida, incluyendo la salud mental y física, y sus relaciones familiares y sociales.

Como la mayor parte de los estudiantes que ingresan en Harvard tienen un CI superior al promedio general, los resultados de este estudio sugieren que, más allá de un nivel mínimo de inteligencia abstracta, hay otros factores que contribuyen mucho más al éxito en ocupaciones exigentes y muy competitivas.

En el otro extremo de la escala intelectual, Vaillant y un colega siguieron la vida de más de 450 hombres menos privilegiados, del centro de la ciudad, durante un período similar. Descubrieron que los que mantuvieron una tasa de empleo más regular no fueron aquellos que tenían el CI más elevado, sino quienes, ya desde jóvenes, habían demostrado su capacidad para resolver problemas prácticos y de relación. De ahí se desprende que las habilidades prácticas pueden ser más importantes que la inteligencia abstracta para alcanzar un desempeño exitoso, tanto en trabajos de alto como de bajo nivel.

 

 

 

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