PENSAMIENTO CONSTRUCTIVO
Y
ÉXITO EN DISTINTAS OCUPACIONES
El
pensamiento constructivo, un principio muy emparentado con la
Inteligencia Emocional, fue testeado en su relación con los
logros y éxitos en diversas ocupaciones en la década de
1980. Estos son algunos de los resultados obtenidos.
EL
PENSAMIENTO CONSTRUCTIVO Y EL ESTRÉS EN LOS ADMINISTRADORES
ESCOLARES
Un
administrador escolar no sólo tiene que manejar la exigente
agenda diaria de la escuela, sino que debe ocuparse, además, de
los problemas de los padres, maestros y alumnos.
Los
administradores escolares que pensaban en forma francamente
constructiva, experimentaban menos estrés, se sentían más
felices en su trabajo y acusaban menos síntomas físicos y
mentales que aquellos que no pensaban constructivamente.
Además, asumían una mayor carga de trabajo. Aparentemente,
quienes piensan constructivamente pueden asumir
responsabilidades mayores, porque consideran que ello constituye
un interesante desafío y no un motivo de estrés.
Entre
todos los componentes del pensamiento constructivo, el que
contribuía más a la satisfacción laboral entre los
administradores de escuelas, era el manejo adecuado del
comportamiento. Esto resulta lógico si se tiene en cuenta
que las tres características del manejo del comportamiento
son la orientación hacia la acción, el optimismo razonable y
la planificación dirigida. Al convertir el trabajo en algo
manejable y gratificante, el manejo adecuado del comportamiento
permite al individuo trabajar en forma productiva y sentir
relativamente poco estrés.
(M.A.
Green, ‘Occupational Stresss: A Study of Public School
Administrators in Southeast Massachusetts’, disertación de
doctorado, Universidad de Massachusetts en Amherst, 1988).
EL
PENSAMIENTO CONSTRUCTIVO ENTRE
LOS
AGENTES DE SEGUROS
Vender
seguros es una tarea exigente y estresante que requiere
habilidades específicas. Una amplia serie de estudios,
realizados por el psicólogo Martin Seligman y un grupo
de colegas, ha analizado de qué manera el pensamiento
constructivo contribuye al desarrollo de esas habilidades. Un
test por él desarrollado apunta a detectar un estilo optimista
versus un estilo pesimista en la interpretación de los hechos
cotidianos.
El
test de Seligman se aplicó entre un grupo de veteranos agentes
de seguro. Los que por su puntaje se ubicaron en la parte
superior de la escala de optimismo vendían un 37% más que los
que se ubicaron en la parte inferior.
Es
evidente que de los distintos aspectos del pensamiento
constructivo, algunos son más importantes que otros para
determinadas tareas. Si el ‘pensamiento positivo’
constituye una ventaja en algún campo laboral determinado, es
en el área de ventas, donde es necesario aceptar veinte
negativas (no siempre muy cordiales) por cada venta que se
realiza. Una persona que carece de la aislamiento emocional y de
la energía positiva producida por el optimismo, se desalentará
antes de saborear su primer éxito. Además, una persona
entusiasta genera entusiasmo en los demás y de esa forma crea
las condiciones necesarias para el éxito.
‘Para
tener éxito’,
dijo Churchill, ‘uno tiene que estar preparado a
pasar de fracaso en fracaso, siempre con el mismo entusiasmo’.
Un
vendedor puede encontrar a ese lema muy alentador. Pero intentar
aplicarlo para obtener logros en cualquier tipo de ocupación,
puede conducir a un desastre. Obviamente, hay ocupaciones en
las cuales una actitud cautelosa es más apropiada que un
desenfrenado entusiasmo. Entre éstas, podemos citar las
actividades militares y policiales, la cirugía y la ingeniería.
También se preferirá que un contador o un abogado moderen su
entusiasmo con una buena dosis de cautela. Para pensar
constructivamente en forma global, es necesario, ante todo, ser
flexible (un buen ‘pensador constructivo global’ es
también un ‘pensador flexible’). En lugar de ser
inveterados pensadores positivos, adaptan su pensamiento a la
situación concreta que tienen que enfrentar.
EL
PENSAMIENTO CONSTRUCTIVO ENTRE LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS:
EL ÉXITO EN EL AULA Y FUERA DE ELLA
Si
hay un lugar donde un alto nivel de inteligencia debiera darnos
una ventaja, es en las aulas de colegios y universidades. ¿Cómo
resulta la comparación entre el CI (Cociente Intelectual) y el
pensamiento constructivo, cuando se trata de predecir el éxito
en el estudio y en el trabajo?
Petra
Meier y Seymour Epstein trataron de encontrar una respuesta a
esta pregunta, mediante un estudio realizado con un gran número
de estudiantes terciarios. La mayoría de ellos también
trabajaban. Los criterios evaluados para determinar el grado de
éxito en el trabajo fueron salario, promociones, despidos,
bonos y satisfacción en el trabajo.
Comprobaron
que el pensamiento constructivo estaba relacionado con el
desempeño laboral, pero no con el estudio, mientras que el CI
valía exactamente para lo opuesto. Quienes pensaban
constructivamente se desempeñaban mejor en sus trabajos,
mientras que los que tenían un alto CI obtenían mejores
clasificaciones en sus estudios. El manejo adecuado del
comportamiento fue el componente del pensamiento constructivo más
estrechamente ligado al éxito y a la satisfacción en el
trabajo. En todos los estudios efectuados, el pensamiento
constructivo estuvo más estrechamente ligado con los logros en
la ‘vida real’ y el CI con los logros académicos.
Aun
cuando el pensamiento constructivo global no está directamente
asociado con el desempeño académico, juega un rol importante
de modo indirecto. Meier y Epstein que los alumnos
que tenían un puntaje muy bajo en pensamiento constructivo
global, no lograban desarrollar todo el potencial intelectual
indicado por CI. Parecería que su incapacidad de pensar
constructivamente interfiriera con el uso de su capacidad
intelectual. Es evidente que un alumno que no logra
relacionarse con sus maestros y sus compañeros, que exhibe una
confianza excesiva o sostiene una actitud derrotista, o que se
agota psíquica e incluso físicamente por el estrés,
correrá con desventajas en sus estudios.
También Seligman comprobó que la impotencia, la sensación
de incapacidad y la depresión conducían a un bajo
nivel de desempeño académico.
EL PENSAMIENTO CONSTRUCTIVO
Y EL
ÉXITO EN POLÍTICA
El
test realizado con estudiantes terciarios presentó otro
resultado interesante: los estudiantes que tenían un alto
porcentaje en optimismo ingenuo, eran los más exitosos en la
arena política. Se los elegía en mucho mayor grado para
cargos en clubes y organizaciones estudiantiles. Lo mismo
cabe para aquellos con un alto puntaje en el manejo de las
actitudes. Esto nos enseña que si queremos hacer carrera en
política, o bien hay que demostrar que uno es excepcionalmente
bueno para concretar cosas, o bien hay que ser un optimista
ingenuo, o ambas cosas a la vez.