LA
PSICO-NEUROINMUNOENDOCRINOLOGÍA
La
psiconeuroinmunología es el estudio de las interacciones cerebro-glándulas
endócrinas-sistema inmune. Esto es, establece las relaciones entre
las respuestas del comportamiento, las neurales, las endócrinas y las
inmunes, que le permiten al organismo adaptarse al ambiente en el que
vive.
(José
Bonet y Carlos Luchina,
EL ESTRÉS, LA INTEGRACIÓN DE LA RESPUESTA Y EL SISTEMA DE RESPUESTAS
NEUROINMUNOENDRÓCRINAS, en PSICONEUROINMUNO- ENDOCRINOLOGÍA, Edit.
Biblos, 1998)
Esta
concepción interesante dentro de la medicina moderna apunta a
resolver las problemáticas relacionadas con las
articulaciones de las concepciones sistémicas, que son las formas
modernas de visualizar lo holístico,
con la singularidad de lo que le pasa a un sujeto determinado como
sujeto, es decir, el problema de encontrar maneras actualizadas de integrar lo que hay de objeto y de sujeto al mismo tiempo, en el ser
humano.
Los
factores psicológicos pueden modular la respuesta inmune: el estrés,
el distrés y, de manera notoria, los trastornos
afectivos están relacionados con inmunosupresión.
(Dr. Pablo Arias, ESTRÉS,
REACTIVIDAD NEUROENDRÓCRINA Y SÍNDROME METABÓLICO-VASCULAR, en PSICONEUROINMUNOENDOCRINOLOGÍA,
Edit. Biblos, 1998)
El ajuste más rápido está vinculado al área de la codificación del entorno y de la conducta; la respuesta conductual y
emocional, junto con el sistema nervioso autónomo son las
primeras en manifestarse, luego aparecen las respuestas hormonales y más
tarde las inmunes.
En
el ser humano se verifica, entonces, que la presencia de factores
estresantes modifica, entre otras variables, la respuesta inmune, empeorándola.
Así,
se comprueba la importancia de la estabilidad
afectiva. En ese sentido se conceptualiza la pérdida
de una relación significativa afectiva como una situación de
estrés mayor. Tales son los casos del duelo por la pérdida de un cónyuge
y por divorcio. Se comprobó asimismo que la
soledad y el aislamiento afectivo empeoran las magnitudes de la
respuesta. Sin embargo, una vinculación estable pero de pobre
calidad, problemática, conflictiva, también puede ser
conceptualizada como un factor estresante con compromiso de la
respuesta inmune.
Otro
factor a tener en cuenta es la presencia de vicisitudes exigentes, desafiantes, en donde el individuo pugna
por conseguir una meta, desarrollar una vocación, y se pone en juego
la competencia con los demás. Es el caso del estrés
por examen, en que hay empeoramiento de la repsuesta inmune
incluso permitiendo el desarrollo de infecciones virales que
habitualmente están controladas.
Otro
parámetro estresante está relacionado con situaciones
sin salida positiva o más aún, con empeoramiento progresivo de las
condiciones afectivas y de exigencia cotidiana, como en los
familiares encargados de cuidar a pacientes con enfermedad de
Alzheimer.
(José
Bonet y Carlos Luchina, LA INTEGRACIÓN MENTE-CUERPO: LA HISTORIA DEL CONCEPTO, NUESTRA
PROPUESTA DE TRABAJO, en PSICONEUROINMUNOENDOCRINOLOGÍA,
Edit. Biblos, 1998)
El
estudio más notorio es el estudio
epidemiológico de House et
al., quienes evalúan que el aislamiento
afectivo es un factor de riesgo tanto o más importante que el
tabaquismo, la hipertensión arterial o la obesidad.
(J.
House, K. Landis y D. Umberson, ‘Social Relationships and
Health’, SCIENCE, 241 :
540-45, 1988).
‘Cuando
hablamos del ser humano como una unidad psicosomática -escribió el Dr.
García Badaracco-, no tenemos suficientemente en cuenta que
estamos inmersos en una sociedad y en una cultura, en la cual lo que
llamamos ‘mente’ empezó siendo grupal-familiar más que
individual propiamente dicho, como ahora lo consideramos. Podríamos
decir que los primeros llamados de atención en ese sentido los
encontramos en los aportes de la filosofía, tales como el de José Ortega
y Gasset cuando se refiere ‘al hombre y sus circunstancias’.
Los cambios sociales que en la actualidad se describen dentro de lo
que se ha llamado el posmodernismo ponen cada vez más en evidencia
que vivimos insertos en sistemas, o que somos partes de sistemas
muchos más amplios, que nos condicionan más allá de lo que tenemos
conciencia. Y dentro de esa trama detectamos también cada vez más
las interdependencias recíprocas que nos constituyen, nos influyen y
a menudo nos atrapan en vínculos patógenos delos que nos resulta muy
difícil salir. La toma de conciencia de todos estos aspectos está
influyendo cada vez más en la necesidad de incluirlos para la
construcción de una concepción actualizada de la salud y la
enfermedad’.
‘Una
concepción verdaderamente científica de la medicina tiene que tomar
cada vez más en cuenta que no solamente tenemos que darle al llamado
‘enfermo’ tratamientos estudiados y aprobados y operaciones quirúrgicas
del más alto nivel científico, sino capacitarlo como ‘sujeto’
para poder manejarse en este mundo que se está convirtiendo en un
lugar cada vez más peligroso y difícil de habitar’.
(Jorge
E. García Badaracco, Introducción a ‘Psiconeuroinmunoendocrinología,
Modelos de Integración Mente-Cuerpo’, Edit. Biblos, 1998). |