· que los niños necesitan el amor de unos buenos padres más que
ninguna otra cosa;
· que se esfuerzan mucho, por su propia voluntad, en ser más
maduros y responsables;
· que muchos de los que tienen problemas, sufren por falta de
afecto, más que por falta de castigo;
· que los niños están deseosos de aprender si se le presentan
proyectos escolares adecuados para su edad y si sus maestros son
comprensivos;
· que algunos sentimientos de celos hacia los hermanos/as y los
sentimientos ocasionales de enojo hacia los padres, son naturales, y
que un niño no debe sentir una profunda vergüenza por ellos;
· que el interés infantil en los hechos de la vida y en ciertos
aspectos del sexo es normal;
· que los pensamientos inconscientes pueden se tan influidos por
los conscientes;
· que cada niño es un individuo y se le debe permitir serlo.
Hoy
en día, todas estas ideas parecen lugares comunes, pero cuando fueron
expresadas por primera vez, causaron sobresalto. Muchas de ellas, iban
en contra de creencias que habían sido sostenidas durante siglos. Los
padres que habían tenido una infancia agradable y eran personas
estables, resultaron menos confundidos. Cuando debieron manejarse con
sus hijos, lo hicieron de manera muy parecida a aquella en que fueron
educados ellos mismos. Ese es el modo con que se aprender a cuidar de
los niños.... haber sido un niño en una familia razonablemente
feliz.
Los
padres que tuvieron más dificultades con las nuevas ideas, por lo común
, son aquellos que no fueron bastantes felices durante su propia
crianza. Muchos de ellos se sintieron, al mismo tiempo, resentidos y
culpables, acerca de las relaciones tensas que existieron, en
ocasiones, entre ellos y sus padres. No quisieron que sus hijos
sintieran lo mismo hacia ellos. De modo que recibieron con alborozo
las nuevas ideas. A menudo, sacaron
de ellas conclusiones erróneas que los hombres de ciencia no habían intentado sacar; por
ejemplo:
· que TODO lo que los
niños necesitan es amor;
· que no se los debía hacer conformistas;
· que debía permitírseles expresar sus sentimientos agresivos
contra sus padres y los demás;
· que siempre que algo anda mal, era culpa de los padres;
· que cuando los niños se comportaran mal, los padres no debían
enojarse ni castigarlos, sino tratar de mostrar más amor.
Todas
esas concepciones equivocadas, son impracticables, si se llevan hasta
las últimas consecuencias:
· Alientan a los niños a volverse pedigüeños y desagradables.
· Los hacen sentir culpables por su excesivo mal comportamiento.
· Hace a los padres realizar esfuerzos sobrehumanos.
· Cuando aparece la inconducta, los padres tratan de ocultar su
ira durante un tiempo. Pero llegado el momento deben explotar.
Entonces se sienten culpables y perturbados. Esto acarrea una conducta
peor por parte de los hijos.
Algunos
padres que son personas muy corteses, permiten
que sus hijos sean asombrosamente detestables, no sólo con ellos sino
también con los extraños. Parecen no darse cuenta de lo que
ocurre. Cuando se estudian con cuidado, algunas de estas situaciones revelan
que los padres siempre se vieron compelidos a ser demasiados buenos en
su propia infancia, y a ocultar todo su resentimiento natural. Ahora tienen un gozo sutil en el hecho de permitir que sus propios
hijos manifieste todas las cosas desagradables que ellos tuvieron que
ocultar, y tratan de escudarse en el acuerdo a las nuevas teorías de
la crianza de niños.