LA
SEGURIDAD DE LA EMPATÍA EN LA EDUCACION
EMOCIONAL DE LOS HIJOS
Bruno
está fuera de sí, y su madre le ordena: 'Vete a
tu cuarto hasta que te pongas tratable'. De este modo, le
permite ser dueño de su irritación, pero le sugiere
claramente que no quiere tratar con él en semejantes
condiciones. En resumen, le hace ver claramente que él
invita al rechazo con su exhibición de sentimientos
malhumorados.
Las
emociones negativas intensas crean tensiones internas; no
obstante, y sin proponérnoslo, negamos a menudo
nuestra ayuda constructiva cuando el niño más la necesita. Decimos que queremos la confianza de los niños, pero nuestras
reacciones la alejan con demasiada frecuencia. Y si no somos
capaces de aceptar los sentimientos del niño, él también
aprenderá a rechazarlos.
La
empatía es lo que hace que un padre pueda distinguir
situaciones y responder adecuadamente. En el caso planteado
una opción es enseñarles control emocional y la otra opción
es tener una escucha activa para ayudar a procesar los
sentimientos del niño.
LA
NECESIDAD DE EMPATÍA
Pensemos
en nosotros mismos: cuando compartimos un sentimiento,
no queremos que se nos desapruebe ni que nos den razones por
las cuales no deberíamos sentir como lo hacemos. QUEREMOS QUE
SE NOS OIGA CON COMPRENSIÓN. Y cuando esperamos que nos
comprendan, nos sentimos seguros para hablar.
Imaginémonos
que estamos profundamente preocupados por la operación quirúrgica
que espera a nuestra hija y que confiamos a un amigo nuestra
desazón. Si él nos responde: 'OH, NO TE PREOCUPES;
todo saldrá bien', difícilmente nos sintamos comprendidos.
Su manera de consolarnos no nos hará bien alguno. Lo más
probable es que pensemos: '¡A buen puerto fui por leña!
¡Apuesto la cabeza a que nunca le tocó llevar a un hijo al
quirófano!'
Supongamos
que, en cambio, nuestro amigo nos dice cálidamente: '¡Caray!
¡Qué mal momento debes estar pasando!' Estas
palabras, y el tono con que las dice nos indican que comprende
cómo se siente uno en semejantes ocasiones. Uno no habla de
sus temores para que le respondan que éstos no tienen razón
de ser ; lo hace para aliviar, mediante la comprensión
de los demás, su carga de angustia y aislación. Sobrellevar
una pena en soledad es siempre más difícil que saber que
otros están 'con' nosotros. LA COMPRENSIÓN HUMANA NOS DA
CONSUELO Y SEGURIDAD; ES UN PUENTE SOBRE EL ABISMO DE LA
ALIENACIÓN.
Como
lo señaló Carl Rogers, la persona empática no
está con nosotros para coincidir o discrepar, sino para
comprender sin juicios.
Normalmente,
todos nos comunicamos por dos vías : la de las PALABRAS,
y la del LENGUAJE CORPORAL. Por lo común, NUESTRAS PALABRAS
CONTIENEN LOS HECHOS, mientras que NUESTROS MÚSCULOS Y TONOS
DE VOZ REVELAN NUESTROS SENTIMIENTOS ACERCA DE TALES HECHOS.
EL significado total de nuestros mensajes se encierra en la
suma de una cosa y la otra, y esperamos que todos los demás
comprendan la totalidad de lo que queremos decir. No obstante,
y en términos de lo que nos hace sentirnos comprendidos,
LAS
ACTITUDES Y LOS SENTIMIENTOS SON MÁS IMPORTANTES QUE LOS
HECHOS.
Cuando
nuestros hijos nos hablan, sólo demostramos verdadera
comprensión si logramos reflejar el significado TOTAL de su
mensaje. Cuando Carlitos, por ejemplo, llega cabizbajo al
living y nos dice, con tono de desaliento: 'Bueno, ya
hice mi trabajo de castellano', sus palabras dicen que la
tarea está terminada. Pero su tono y su postura revelan lo
que siente acerca del asunto: desaliento y desaprobación.
Si,
en estos momentos, el padre responde nada más que a las
palabras de su hijo, sólo refleja satisfacción cuando dice
'Bueno, hiciste el trabajo'. El que alguien repita sus
palabras como loro hace que Carlitos se sienta oído en un
nivel, pero de ningún modo TOTALMENTE COMPRENDIDO ACERCA DE
LO QUE AQUELLA EXPERIENCIA SIGNIFICA PARA ÉL. Sus
sentimientos respecto de la tarea en cuestión son
considerablemente más importantes que el significado literal
de sus palabras. Pero la respuesta de su padre pasa por alto
sus sentimientos.
Si,
en cambio, el padre de Carlitos prestase atención al mensaje
total de su hijo, se manifestaría sensible tanto a sus
mensajes verbales como a los no verbales. En tal caso,
manifestaría su comprensión con palabras de este otro estilo: 'Sí, terminaste el trabajo, pero no estás satisfecho'. Así captaría el pleno sabor del mundo de Carlitos, y este
sentiría el calor de la comprensión.
Cuando
uno es empático, no trata de modificar los sentimientos del
niño. Trata, en cambio, de entender cómo experimentó él la
parte del elefante que tuvo entre sus manos, sea cual fuere.
NO intenta ver POR QUÉ él siente lo que siente; se
limita a captar todos los matices de sus sentimientos en aquel
preciso instante. De este modo, llega a ver como él, a sentir
como él.
La
empatía consiste en oír CON EL
CORAZÓN, Y NO CON EL CEREBRO. Cuando la respuesta
se da en tonos fríos y objetivos, el niño NO se siente
comprendido.
LA
SENSIBILIDAD AL LENGUAJE CORPORAL ES ESENCIAL PARA LA EMPATÍA.
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