Vergüenza
Institucional
Las
instituciones, como el lugar de trabajo, las iglesias y las
escuelas son responsables de otorgarle orden a la vida y pueden ser
estructuradas para asegurar el respeto y la dignidad de las personas.
También
pueden contribuir a la vergüenza de una persona cuando en vez de proveer
fuertes metas y límites apropiados, están organizadas de tal forma que
tratan al individuo con desprecio.
El
lugar de trabajo
El
trabajo de una persona puede ser fuente de profunda dignidad y orgullo.
Algunas organizaciones, sin embargo, tratan a los empleados como objetos
desechables. Existen otras que funcionan como familias tiránicas y
generadoras de vergüenza o como burocracias sin rostro. Se puede despedir
a un ejecutivo a los sesenta años para que la empresa no tenga que pagar
cuotas de jubilación o a un obrero para después ofrecerle la oportunidad
de regresar con la mitad de sueldo a un taller no afiliado al sindicato.
Algunas veces los supervisores atormentan a los empleados amenazándolos
abusivamente con quitarles su trabajo si se atreven a estar en desacuerdo
con ellos. Un sindicato fuerte puede exigir que los trabajadores no pongan
mucho empeño en su trabajo para bajar los estándares de competitividad.
Las
personas que son tratadas como objetos con frecuencia se convierten en
seres profundamente amargados; empiezan a sentir que su vida ha sido
totalmente inútil. Algunas descargan su cólera y su vergüenza con su
familia; otras se rinden. Las situaciones de trabajo dominadas por la vergüenza
deben manejarse igual que las relaciones basadas en ella. Hay ocasiones en
las que las personas que continuamente son humilladas en los lugares donde
desempeñan sus labores, deben buscar otro ambiente de trabajo por su
propia salud mental.
La
iglesia
La
vergüenza involucra un sentimiento de desesperación espiritual. La
persona profundamente avergonzada con frecuencia se siente completamente
sola, alejada de Dios tanto como de los demás. La religión organizada
puede ayudar a curar esas heridas proporcionándoles consuelo y guiándolas
de regreso a la comunión espiritual. Desafortunadamente, también puede
incrementar la vergüenza de cualquier persona.
Algunas
veces la religión organizada ha contribuido a fomentar la vergüenza
sexual en muchos hombres y mujeres. Cuando se le dice a los niños que son
sucios y que todos los pensamientos sexuales son pecado, llegarán como
adultos a despreciar sus propios cuerpos y a ser quizá incapaces de
distinguir entre la sexualidad sana y la que no lo es, porque se enfrentan
con su vergüenza cada vez que tienen deseos sexuales. De esta manera, la
sexualidad de una persona puede quedar muy dañada.
Existen
muchos lugares de trabajo, escuelas e iglesias que no son generadoras de
vergüenza. Pero como las instituciones son tan poderosas en nuestras
vidas, necesitamos fijar ciertos estándares y estructurar gran parte de
nuestro tiempo, estar conscientes de los peligros que pueden existir
dentro de ellas. Los negocios, escuelas e iglesias más sanas se esfuerzan
en respetar a sus participantes porque saben que el respeto a la dignidad
de una persona rinde grandes beneficios tales como una mayor asistencia,
lealtad y trabajo. Quizá podamos des cubrir más maneras de promover el
respeto y el honor en estos lugares.
Sumario
Hemos
descrito cuatro aspectos de la sociedad occidental que pueden contribuir a
la vergüenza de una persona. Éstos son: 1. la presión para tener éxito,
2. la tremenda importancia que se da a la imagen y a la apariencia, 3. los
prejuicios y la discriminación y 4. La vergüenza institucional.
Nosotros
creemos que cada persona puede influir en la sociedad por las opciones que
toma. Podemos ayudar de manera importante a crear una sociedad menos
generadora de vergüenza: tratándonos unos a otros regular y
consistentemente con respeto. También, entender con mayor claridad que
las personas o las cosas que son diferentes, no son necesariamente malas.
Podemos arriesgarnos a ser nosotros mismos.
Ejercicios