1.
Presta atención a los mensajes condenatorios que parecen surgir en forma
automática
Es
probable que constantemente nos repitamos que no somos tan buenos como
otros. Esto es obvio si nos estamos disculpando o suponemos que lo que
decimos no tiene sentido para nadie. Nuestro modo de avergonzarnos puede
estar escondido y consiste, principalmente, en insultarnos o descontarnos
a nosotros mismos. Muchas personas se concentran en unas cuantas
aseveraciones que aparecen con bastante frecuencia y en forma "automática".
Estos mensajes simbolizan su vergüenza. Algunos ejemplos son:
.
Nunca hago nada bien.
.
Nadie podría realmente amarme.
.
Hay algo que está mal conmigo.
.
No soy nada.
En
estos momentos necesitarás tener mucha paciencia. Tu primera tarea para
dejar de avergonzarte es estar plenamente consciente de cómo te condenas
a ti mismo. Esto quiere decir que debes poner mucha atención en los
pensamientos que aparecen sin ningún examen previo. Significa que no
debes apresurarte para cambiarlos porque podrías no apreciar su fuerza y
su persistencia. Recuerda, debemos aprender a estar con nuestra vergüenza
antes de que podamos tener la esperanza de construir una nueva vida.
Necesitamos
convertimos en observadores objetivos de nuestra condición. Debemos
estudiarnos a nosotros mismos y responder preguntas como las siguientes:
.
¿Qué es lo q pienso y digo en voz alta de mí mismo que aumenta mi
sentimiento de vergüenza?
.
¿Qué estoy haciendo cuando oigo estos mensajes de condena a mí mismo?
.
¿Qué pasa conmigo después de tener estos pensamientos? ¿Cómo afectan
a mis sentimientos y conductas?
.
¿Qué tan convencido estoy de que estos pensamientos son verdaderos?
.
¿Cuándo decidí que eran ciertos?
Quizá
tengamos problemas para iniciar o para llevar a cabo esta tarea. La razón
es que la vergüenza puede haber disminuido nuestro interés y energía.
Es muy difícil sentir curiosidad por uno mismo si estamos desanimados y
aburridos. Otra razón podría ser que nos creemos tan malos que no
queremos saber nada de nosotros mismos; o tal vez tengamos miedo de que
damos cuenta de nuestra vergüenza sólo empeorará las cosas. Todos estas
razones son válidas. Cada uno de nosotros tiene el derecho de escoger dónde,
cómo, cuándo, y si empezaremos alguna vez.
Sin
embargo, si queremos disminuir el daño de nuestros pensamientos y
conductas que nos causan vergüenza, necesitamos tomamos un tiempo para
responder a estas preguntas. Es importante que al hacerlo no aumentemos
nuestra vergüenza con pensamientos que nos la producen. Por ejemplo,
debemos intentar no decir algo como: ¡Maldita sea, vuelvo a caer en lo
mismo! Otro pensamiento de vergüenza. Segura mente algo en mí ha de
andar mal. ¡Debo estar loco!
Por
el contrario, reconoce que mediante estos pensamientos estás obteniendo
información muy valiosa. Descubrir en qué forma te condenas te permitirá
desafiar estos pensamientos y aumentar el respeto a ti mismo.
2.
Desafía esos pensamientos y remplázalos con afirmaciones positivas