Pensamientos
sobre la vergüenza
La
vergüenza produce sentimientos tan poderosos que fácilmente
subestimamos la importancia de nuestros pensamientos al registrar,
etiquetar y hasta aumentar esa emoción. Con frecuencia los
especialistas escriben que la vergüenza es un sentimiento mucho más físico
que la culpa, que ésta sucede en la cabeza, mientras que la vergüenza
ocurre en nuestro cuerpo. Hay algo de verdad en tal argumento. Las
personas con sentimientos de vergüenza generalmente se sienten tan mal,
que no desean profundizar en su experiencia. Quieren librarse de esos
sentimientos tan rápido como sea posible. ¿A quién le interesa pensar
en sus sentimientos de vergüenza?
Sin
embargo, la vergüenza también tiene mucho de proceso mental. Sí
pensamos en ella y, a veces, no podemos evitar recordar los momentos
embarazosos, las derrotas y las humillaciones. Terminamos diciéndonos
cosas horribles ("tonto", "idiota", "arpía", etcétera) que
sólo agregan más carga a nuestra vergüenza. El odio a uno mismo se
desarrolla de esta manera, con un insulto a la vez.
Aquí
presentamos algunos pensamientos que quienes se sienten avergonzados comúnmente
utilizan para dirigirse a si mismos:
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Soy defectuoso (dañado, roto, un error, imperfecto).
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Soy sucio (manchado, feo, inmundo, impuro, asqueroso. repulsivo).
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Soy incompetente (no soy lo suficientemente hábil, soy inepto, nada
efectivo, inútil).
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Nadie me quiere (nadie me ama, nadie me aprecia, nadie me estima)
.
Merezco que me abandonen (que me olviden, que no me quieran, que me
dejen fuera).
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Soy débil (insignificante, impotente, pequeño endeble).
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Soy malo (atroz, espantoso, malvado, vil).
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Soy digno de lástima (despreciable, infeliz, insignificante).
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Soy nada (no valgo, soy invisible, imperceptible, vacío).
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Merezco las críticas (que me condenen, me desaprueben, me destruyan).
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Me siento avergonzado (desconcertado, humillado, mortificado,
deshonrado).
Las
personas que sufren una profunda vergüenza tienen estos pensamientos
con bastante regularidad. De hecho, suponen que todo el mundo se ve a sí
mismo como intrínsecamente malo, imperfecto y avergonzado. También están
bastante seguras de que los demás coinciden con la evaluación que h
hecho de ellas mismas. Creen que su familia y todos los se relacionan
con ellas también piensan lo mismo. Esperan que los demás las
ridiculicen y las desprecien porque creen que merecen su reprobación.
Si por casualidad, reciben halagos en lugar de críticas, es fácil que
los rechacen (si su igual que ala persona que se los hace (Sólo se está
burlando de mí haciéndome creer que le gusta lo que hago).
Estos
pensamientos negativos agravan la vergüenza. Confirman a los que los
padecen que siempre han sido avergonzados, deberán continuar siéndolo,
no podrán escaparse de la vergüenza, y siempre la padecerán. Le
indican a la persona avergonzada que es diferente de los demás.
Acciones
relativas a la vergüenza