La
vergüenza y la depresión bioquímica
Si
partimos del supuesto de que los bebés nacen con la capacidad de sentir
vergüenza, entonces debemos considerar otro factor importante: ¿Es
posible que algunos individuos nazcan con (o desarrollen después) una
extrema sensibilidad a la vergüenza? En otras palabras, ¿algunas
personas están dominadas por la vergüenza desde su nacimiento a causa de
características físicas y genéticas que no tienen nada que ver con el
modo como fueron criados? ¿Es factible que algunas personas nazcan
avergonzadas? ¿Sentirán una vergüenza pro funda e incesante porque la
mente les envía mensajes que las llenan de odio a sí mismas y de
desesperación?
En
esta área la investigación no ha dado respuestas claras. Pero estudiosos
de la depresión bioquímica han notado que frecuentemente va acompañada
de vergüenza. Una psiquiatra, Helen Block Lewis y otros han relacionado
la vergüenza con la depresión. Donald Nathanson escribe que ciertos
medicamentos antidepresivos son muy efectivos para tratar la vergüenza
que acompaña a la depresión
Desde
hace mucho tiempo los sentimientos de culpa han sido relacionados con la
depresión. Las personas deprimidas se culpan por todo lo que sale mal, no
importa que no sean en realidad responsables. Las personas con propensión
a la vergüenza y que además se deprimen, atacan su propia personalidad y
carácter. Ellas también se culpan por lo que sale mal e insisten en que
el problema yace en sus defectuosas personalidades y sostienen que son
incompetentes, inadecua das e inútiles.
Es
posible que esas personas lleguen a creer que no hay razón para seguir
viviendo puesto que no sirven para nada. Su inexorable vergüenza puede
inducirlas a pensar en el suicidio, la última respuesta a los
sentimientos de devaluación.
Los
sentimientos y pensamientos profundamente vergonzosos asociados con la
depresión clínica no desaparecen por mucho que los familiares y amigos
traten de ayudar a los que los padecen Es un problema médico La vergüenza
de este tipo no la causan las relaciones actuales o los familiares, ni
siquiera el individuo mismo. Queremos enfatizar un punto: Necesitas
hacer una cita con un médico calificado psiquiatra si te sientes abrumado
por grandes sentimientos de vergüenza que no te dejan en paz,
especialmente si en otros aspectos h mejorado tu vida en los últimos años.
Podrías estar sufriendo una depresión bioquímica que únicamente puede
tratarse con medicinas. Por favor revisa el segundo ejercicio al final de
esta sección para que hagas una lista de los síntomas más comunes de la
depresión.
La
mayoría de los escritores y terapeutas recientemente ha concluido que la
vergüenza no existiría sin desarrollar en el niño un claro sentido de sí
mismo. Uno solamente puede sentirse juzgado por otros cuando se tiene
clara conciencia de que éstos están separados de uno. El niño no temería
el abandono a menos que supiera que existe esa posibilidad.
Erik
Erikson cree que la vergüenza empieza a desarrollarse a los dos años
de edad, cuando el niño lucha por ser independiente. En esta edad el niño
desea intensamente salirse con la suya, sin que le importe lo que piensen
sus padres, (A esta etapa se le conoce como 'los terribles dos",
porque los niños pelean con sus padres por cualquier cosa.) Erikson
piensa que el niño aprende a través de estas peleas que es un ser
separado, con su propia mente y personalidad.
En
esta etapa la vergüenza se puede desarrollar con mucha rapidez. Por
ejemplo, los padres creen que deben controlar al niño en todo momento.
Pueden impedir que haga algo por sí mismo. Esta sobreprotección, aunque
entendida como apoyo, debilitará el sentido de autonomía del niño.
Después, puede llegar a la conclusión de que no es lo suficientemente
bueno para enfrentarse a la vida por sí mismo. Quizá piense que es más
débil y menos competente que otros, lo que lo llevará a dudar de si
mismo. Esta duda puede no producir los fuertes sentimientos de devaluación
de la vergüenza, pero sus efectos pueden ser enormes. El niño que duda
de sus habilidades, por lo general se convierte en un adulto que cuestiona
el valor de casi todo lo que hace.
Erikson
describe esta etapa como la crisis del desarrollo "autonomía" versus
'vergüenza y duda". Erikson piensa que los padres pueden ayudar al niño
a desarrollar su sentido de autonomía (independencia) si en forma gradual
le permiten que aumente su responsabilidad para manejar sus propios
asuntos. La vergüenza y la duda se generan por dos razones, ya sea que
los padres se resistan irracionalmente a que el niño adquiera su autonomía
o que el niño exija una autonomía que los padres, por su seguridad,
deben negarle. Las batallas por el poder entre el niño y sus padres
pueden causar alguna vergüenza. En los casos extremos el niño puede
emerger pro fundamente avergonzado de sí mismo.
Como
Erikson, Heinz Kohut piensa que la vergüenza empieza
alrededor de los dos años. Kohut, en The Search for Self ("La búsqueda
del ser"), escribe que el niño posee un deseo natural de llamar la
atención, o lo que él llama "exhibicionismo ilimitado". El niño
espera que sus padres le pongan mucha atención sólo porque existe.
Necesita atención para crecer emocionalmente.
Los
niños empiezan su vida sintiendo que son el centro del universo. Tienen
poca comprensión de los límites entre ellos mismos y los otros, poco a
poco empiezan a darse cuenta que otras personas, especialmente sus padres,
llevan vidas sepa radas en cuerpos diferentes. El niño que sabe esto,
también reconoce hasta cierto punto que podría ser abandonado por estas
personas. El temor al abandono está considerado por muchos como el fondo
de la vergüenza. La persona avergonzada siente que será abandonada
porque no es lo suficientemente buena para permanecer al lado de los que
ama.
Llamando
constantemente la atención el niño lucha por tener la seguridad de que
no será abandonado; pero los padres no siempre pueden interrumpir lo que
están haciendo para observar o alabar a sus hijos. Ocasionalmente, todos
los niños se sienten frustrados cuando no pueden ser el centro de atención.
Esto es normal. Incluso ayuda al niño a darse cuenta de que es humano
simplemente. Poco a poco aprende que es lo suficientemente importante para
obtener la atención de los demás, pero que esto no sucede siempre.
Sin
embargo, el resultado puede ser negativo. El niño que obtiene poca atención
llega a la conclusión de que no vale lo suficiente para que sus padres le
dediquen su tiempo y puede llegar a pensar que nadie se interesa realmente
en él. Por lo tanto, decidirá que no es "nada".
Cuando
el niño recibe demasiada desaprobación de los padres puede quedar
devastado, se llenará de vergüenza y se alejará de los otros. El niño
que recibe mensajes desaprobatorios con demasiada frecuencia, decidirá
que hay algo muy malo en él.
Kohut
también describe otro posible resultado desafortunado en esta etapa de búsqueda
de atención, Los niños pueden desarrollar fuertes tendencias
narcisistas. Estos niños continuarán esperando y exigiendo más atención
de la que merecen. Cuando son niños los consideramos consentidos, y egoístas
cuando son adultos. Algunos no pueden madurar emocionalmente y se
convierten en adultos desvergonzados como los descritos anteriormente.
Nunca aprendieron la lección de humildad, es decir que no son ni mejores
ni peores que otros.
Sumario
La
vergüenza es una experiencia universal. La respuesta física de bajar la
mirada para romper el contacto ocular ocurre en todo el mundo. Uno de los
valores de este tipo de vergüenza es que disminuye el interés y la
excitación, retarda el contacto entre dos personas antes de que una o la
otra se enoje, se con tente o se involucre demasiado.
La
vergüenza está relacionada con la depresión bioquímica. Esta situación
demuestra que, por lo menos en parte, la vergüenza es genética. Algunas
personas nacen con una tendencia a desarrollar demasiada vergüenza
enfermiza.
El
tipo de vergüenza que los adultos conocen empieza a desarrollarse a la
edad de dos años, cuando los niños comienzan a establecer una identidad
separada. La vergüenza excesiva retrasa o distorsiona este proceso. El niño
avergonzado no cree que tiene derecho a tener una vida separada, o llega a
la conclusión que es un ser débil e imperfecto. El fracaso para lograr
un agradable sentido de autonomía lo llena de vergüenza y dudas
excesivas. Su falta de habilidad para resolver su necesidad de atención
hace que o tema y espere el abandono, o que exija demasiada atención de
los demás para reafirmarlo en su devaluación. El origen de la vergüenza
permanece en el misterio. La genética y la biología juegan un papel
significativo en este proceso, pero o está plenamente determinado
exactamente qué tan cruciales son.
Ejercicios