La
fase de acción
para la resolución de la vergüenza
1.
Busca ayuda, no tienes que hacerlo solo
El
aislamiento es una reacción común a los sentimientos de vergüenza.
Entre más profundamente esté afectada una persona por ella, más tratará
de esconder sus pensamientos, sentimientos y conductas. Las personas
avergonzadas mantienen en secreto grandes áreas de su vida porque creen
que los otros se burlarían de ellas si supieran quiénes son realmente.
Desafortunadamente, la vergüenza prospera con el secreto. Escondiendo su
identidad, la persona profundamente avergonzada sólo se convence a sí
misma de que tiene muchos defectos.
Algunas
partes del programa de curación deben hacerse a solas. Como parte del
proceso necesitamos aprender a respetarnos. También necesitaremos
tomarnos algún tiempo para construir o restaurar nuestra relación con un
Poder Superior espiritual que nos ayude a aumentar el significado de la
vida. Tal vez estas metas no sean necesarias para todos, aunque se ha
demostrado que son muy útiles.
Gran
parte de la vergüenza se desarrolla y crece en nuestras relaciones con
otros. Cuando salimos de nuestro aislamiento y nos comunicamos con
terceros facilitamos su manejo. Por lo general, el daño causado por la
vergüenza empieza a sanar cuando se expone ante otros en un lugar seguro.
Es necesario que tengamos valor de dejar que otras personas vean las
partes que nosotros mismos condenamos. Cuando hagamos esto y cuando las
personas que vean nuestra vergüenza nos acepten en vez de condenarnos,
poco a poco iremos ganando confianza en nuestra integridad como seres
humanos.
No
debemos confiar en cualquier persona para tratar nuestra vergüenza. Sobre
todo, la persona digna de confianza es aquella que no nos avergonzará más
o nos humillará cuando le demos esta información.
Un
buen oyente nunca avergüenza a una persona avergonzada. También puede
compartir nuestro dolor y vulnerabilidad, sin tratar de convencemos de que
prescindamos de la vergüenza. Además esta persona podrá estar
tranquilamente con nuestra vergüenza, sin miedo o disgusto.
Como
por lo general todos tenemos dificultades para hablar de nosotros mismos,
necesitamos comprometernos a acercar nos a los demás en los precisos
momentos en que nos sentimos menos aceptados. Es necesario hacerlo aunque
estemos aterrorizados por el rechazo. Al mismo tiempo, debemos protegernos
buscando personas para compartir nuestra vergüenza que no nos avergüencen,
de modo que nuestra valentía no se verá amenazada por ataques. Por lo
general, se empieza tomando "pequeños riesgos", exponiendo al
principio sólo una parte de nuestra vergüenza.
Un
último consejo: nadie puede respondernos todo el tiempo con cariño y
compasión. Debemos recordar esto y no esperar la perfección. Tampoco
debemos rechazar por completo a alguien que una o dos veces no ha podido
responder a nuestra vergüenza.
2.
Desafía la vergüenza