3.
Fijar metas positivas basadas en la humanidad, la humildad, la autonomía
Y la competencia
Hemos
señalado con anterioridad que las ocasiones en la que sentimos vergüenza
moderada nos ayudan a descubrir o redescubrir verdades importantes sobre
la vida. Hay cuatro principios que son especialmente significativos en
este pro ceso: humanidad, humildad, autonomía y competencia. Quizá
tengamos dañada una o más de estas áreas o tal vez hayamos sufrido
antiguas heridas en las cuatro,
El
principio de humanidad
Este
principio es muy sencillo y claro: todos pertenecemos a la raza humana.
Sin excepción. No hay que pasar ningún examen, no hay ninguna tarea
que realizar, no existe manera de ser descalificado. Todas las personas
son humanas y ninguna cantidad de vergüenza puede evitarlo.
Nuestro
objetivo es encontrar el camino de regreso a la comunidad humana.
Necesitamos convertir el deseo de ser aceptados y amados, en conductas
positivas. Tenemos que tomar la responsabilidad de acercarnos a los demás
en lugar de alejarnos.
Debemos
recordar muchas veces que tenemos el derecho inherente de ser humanos.
El
sentido de pertenencia de una persona aumentará cuan do pueda dirigirse
a otros que valoren y aprecien su humanidad. Este proceso de
reconciliación debe hacerse poco a poco. Es mejor empezar a acercarse a
personas o grupos relativamente seguros (como los grupos de autoayuda
del tipo de Alcohólicos Anónimos).
De
la misma manera gradual y paciente debemos acercarnos a nosotros mismos.
Necesitamos dejar de condenarnos para descubrir que merecemos ser
amados. Podemos convertirnos en nuestro mejor amigo una vez que nos
aceptemos íntegramente como seres humanos. Además, sería aconsejable
desarrollar o renovar una relación con un poder Superior espiritual,
para reafirmar el significado de nuestras vidas en todos los niveles.
Llegaremos
a entender que Vivimos bajo el principio de humanidad, cuando podamos
decir a otros seres cercanos a nosotros: "En estos momentos estoy
teniendo sentimientos desagradables. ¿Podríamos platicar de ellos?"
El
principio de humildad
Este
principio sostiene que todos los seres humanos son iguales; ninguna
persona es mejor o peor que otra. Si tenemos dificultades en esta área,
por lo general nos sentimos ya sea inferiores o superiores a otros. Esto
quiere decir que vemos la vida en una escala vertical donde
constantemente competimos para ser mejores que los demás, al mismo
tiempo que tenemos un gran miedo a fracasar. En estos momentos nos
sentimos despreciables porque estamos avergonzados e intentaremos
combatir esos sentimientos despreciando a otros. De este modo, la vida
es una competencia de vergüenza de la que todos salen dañados.
No
estamos diciendo que todas las personas son iguales o que todas las
conductas tienen valores idénticos. Ciertamente, algunas personas han
sido bendecidas con talentos físicos, inteligencia o belleza mayores
que otras. No obstante, estas diferencias no significan que
efectivamente sean mejores. Podemos actuar bajo este principio
declinando invitaciones para sentirnos inferiores o superiores a otros,
y aceptando las oportunidades que incrementen la igualdad de espíritu
en nuestras relaciones.
La
modestia forma parte de la humildad. La persona modesta ha resuelto el
deseo y el miedo básico infantil de ser el centro de atención. Todos
merecemos ser "las estrellas" alguna vez, pero no todo el tiempo.
La
humildad no es lo mismo que la humillación. Ésta ocurre cuando alguien
es disminuido o atacado por otro; incluye empujar a otro u un estado
subhumano. Por el contrario, la humildad es una decisión que tomamos
para aceptar nuestro lugar en el mundo como iguales a los demás, ni
peores ni mejores. Podremos ganar en humildad cuando nos "bajamos"
al nivel de otros. Por ejemplo, si nos sentimos superiores tendremos que
dejar de lado esa idea para reunirnos con el resto del mundo. También
podemos ganar en humildad elevándonos al nivel de los otros y aceptando
atención positiva. El camino en cualquier dirección nos conduce a la
humanidad plena si nos olvidamos de ser superiores o subhumanos.
El
principio de autonomía
Otra
señal de los problemas de vergüenza es sentirse débil y dependiente.
Si nos sentimos así, necesitamos fijarnos metas que reflejen el
principio de autonomía: cada uno tiene el derecho y la responsabilidad
de decidir cómo quiere vivir su vida. Funcionar en forma independiente,
significa que tenemos una identidad propia, lo que quiere decir que no
tenemos que vivir dándole gusto a los demás por miedo a que nos
rechacen o nos abandonen, Tendremos la suficiente confianza en nosotros
mismos para ser independientes si esto fuera necesario.
Sin
embargo, no queremos sacralizar la independencia. Vivimos en un mundo de
cooperación en el que todos pueden aporta importantes, de modo que
lucharemos para alcanzar la interdependencia con otros, entablando
relaciones mutuamente respetuosas.
La
autonomía es particularmente difícil de alcanzar para los que nos
sentimos "víctimas" en un mundo cruel. Cuando seamos verdaderamente
autónomos, nuestra vergüenza será moderada y normal.
El
principio de competencia
Este
principio nos dice que todas las personas son lo suficientemente buenas
para contribuir de manera valiosa y decisiva en el mundo.
Cuando
creamos en nuestra competencia, entenderemos el trabajo que debemos
llevar a cabo para desarrollar nuestros talentos y capacidades. Entonces
quizá nos avergoncemos por haberlos tomado tan a la ligera.
No
tenemos que ser perfectos en todo lo que hagamos. El fracaso ocasional
es una parte inevitable del ser humano. A veces podemos aprender de los
fracasos y continuar hacia adelante para ser más competentes. En otras
ocasiones, solamente nos quedará aceptar las desilusiones, pero aun así
podremos aprender de ellas.
Los
sentimientos vergonzosos pueden ayudarnos a comprometernos a desarrollar
en forma competente cualquier tipo de trabajo. Si nuestra meta es la
competencia, necesitaremos cambiar algo más que nuestra actitud.
Tendremos que examinar nuestra conducta para ver cómo y cuándo
actuamos en formas derrotistas. El mensaje que cultivaremos es algo así:
Me
reto a desarrollar el hábito de la competencia. Puedo remplazar mi vergüenza
con orgullo realista cuando trabaje a lo máximo de mi capacidad. Pero
también sé cuando detenerme. Mi objetivo consiste en aceptar ser lo
suficientemente bueno en vez de querer ser perfecto.
4.
Prepárate física y mentalmente para lograr esas metas