1.
Empieza por darte cuenta de cómo avergüenzas a las personas con las
que mantienes una relación importante
Francamente
es mucho más fácil para la mayor parte de las personas poner atención
a cómo los otros las avergüenzan, que sus propias conductas
generadoras de vergüenza. Les sugerimos que es mucho más productivo
empezar por ver la tendencia que tenemos a avergonzar a las personas
importantes de nuestra vida. Esto es particularmente cierto en las
relaciones mutuamente avergonzantes en las que ambas partes usan la vergüenza
como arma de poder y control.
Exponemos
un ejemplo típico: Una pareja se queja de que todo lo que hacen es
discutir y pelear. Después cada uno se pasa horas señalando
exactamente lo que el otro hace para molestarlo. Ninguno de los dos
tiene mucho interés en escuchar al otro; están demasiado ocupados atacándose
mutua mente. Ambos se dan plena cuenta de cómo son agredidos, pero
ninguno quiere cambiar su propia conducta agresora.
Nadie
cede el poder fácilmente. Este principio general conduce a otro más
específico: nadie suelta con facilidad el poder de avergonzar a otros.
Así que antes de pedirle a alguien que deje de avergonzarte, es vital
que con toda honestidad evalúes tus propias palabras, pensamientos y
conductas.
Empieza
por reconocer las agresiones más directas y más fuertes. Son los
insultos deliberados que le arrojas a tu pareja (o a otras personas
importantes en tu vida). A veces los insultos se hacen en público; esto
se llama humillar. Otros serán más privados, pero son tal vez
igualmente dañinos. En una relación de mucho tiempo estos insultos,
por lo general, son predecibles. Son señales claras de desprecio hacia
la otra persona, y cuando funcionan, disminuyen y debilitan a tu pareja.
Después
piensa en las formas más sutiles en que degradas a Otros. ¿Giras los
ojos con disgusto cuando tus hijos quieren hablar contigo? ¿Interrumpes
con frecuencia a tu pareja porque crees que sabes mucho más que ella?
¿Con demasiada frecuencia respondes con risitas cuando te hace algún
comentario serio? ¿Te aburren tanto los comentarios de alguien a tal
grado que ni siquiera escuchas cuando habla esa persona?
¿De
qué otras formas avergüenzas sutilmente a las personas que te rodean?
¿Qué
sucede en el caso de que no encuentres ninguna evidencia de avergonzar a
otro? Primero vuelve a buscar, re cuerda que es muy difícil enfrentar
esta parte de nosotros y por eso es muy fácil negar las conductas que
provocan vergüenza. Después, pregunta directamente a otros si se
sienten avergonzados por ti y en qué ocasiones lo haces, además de
fijarte en sus reacciones a tu conducta. Observa cuando los que hablan
contigo se ven turbados o parecen achicarse. También debes recordar que
una de las defensas contra la vergüenza es la ira. Si alguien
repentinamente se enoja mucho contigo, puede que esté respondiendo con
vergüenza a algo que dijiste.
Es
posible que no avergüences a la persona que te avergüenza. En ese
caso, eres el receptor de la vergüenza en una relación unilateral. Aún
así, debes leer los siguientes pasos de las indicaciones para eliminar
la posibilidad de que estés avergonzando a otros más de lo que crees.
Después concentra tu energía en las últimas sugerencias que se
enfocan en confrontar la vergüenza recibida de otros.
2.
Piensa en lo que obtienes avergonzando
a otros