El
universo de egoísmo de las personas
que no tienen vergüenza
¿Quién
de nosotros, en nuestras fantasías secretas, no se ha imaginado que es la
persona más importante del mundo? ¿Quién no desearía ser adorado? En
cuanto a eso, ¿quién no querría ser considerado perfecto, como la
encarnación de la belleza, la inteligencia, la gracia y la fortaleza? ¿Por
qué tener un círculo de admiradores cuyo único trabajo fuera recordar
nos que somos una maravilla?
La
mayoría de las personas aprenden cuando niños que no pueden ser el
centro del universo. Esta lección no es necesariamente divertida. El niño
de dos años a quien se le tiene que decir una y otra vez que la fiesta de
cumpleaños es para su hermana, hará muchos berrinches antes de aceptar
su lugar como simple participante. Después de todo, los niños empiezan
vivir sin un sentido de límites. Al principio, incluso, no se dan cuenta
que sus cuerpos están separados del de su madre o cuidadores. Ya para el
segundo año de vida reconocen la existencia de los demás y también
descubren que los c tienen sus propias vidas y que algunas veces no les
pondrán atención. No importa cuánto se enojen, no importa el tiempo que
griten o lloren, finalmente descubren que hasta sus padres tienen otros
intereses. Casi todos los niños resuelven esta crisis aprendiendo que su
lugar en el mundo es importante, pero limitado. El niño de dos años
eventualmente acepta que sólo tiene una fiesta de cumpleaños al año.
Aunque
probablemente por cierto tiempo sea maravilloso ser el centro de atención,
la mayoría descubrimos que también se siente uno bien cuando nos
ocupamos de otros. Empezamos a reconocer que un mundo de atención
compartida es también un mundo de calor y confort mutuos. Cambiamos
nuestra necesidad de ser únicos en el mundo por nuestra contribución al
bienestar y belleza de la comunidad.
Algunas
personas no quieren aceptar esta idea, probable mente nunca aprendieron a
renunciar con gracia a ser el centro de atención cuando eran niños.
Cuando crecieron, posible mente sólo salieron con personas que, calladas,
las escuchaban hablar de su propia importancia. Más adelante en la vida,
sus compañeros de trabajo quizá se hayan quejado de que, sin trabajar más
que los demás, demandaban todo el crédito. El mensaje que le dan al
mundo es el siguiente: "Soy la persona más importante que jamás haya
existido. Deben darme todo su amor, tiempo y reconocimiento."
Las
personas con vergüenza insuficiente frecuentemente creen que merecen ser
tratadas de manera especial sólo por que existen. Quieren ser colocadas
en un pedestal donde puedan ser adoradas y veneradas, simplemente piensan
que son mejores que todos los demás y son egoístas hasta el punto de ser
incapaces de interesarse por los otros.
Varias
palabras poco halagadoras describen esta condición; orgullo falso,
narcisismo, presunción, altanería, arrogancia.
Todas
ellas describen a las personas que sufren de insuficiencia de vergüenza
en diferentes situaciones. Sin embargo, recuerden que casi todo el mundo,
por lo menos ocasionalmente, actúa de esta manera. La insuficiencia de
vergüenza es parte de la condición humana, no es que deba condenarse.
Los que con frecuencia caen en la falta de vergüenza pueden aprender
nuevas maneras de relacionarse con otros que enfaticen un mayor respeto e
interés por los demás.
¿Cómo
se distingue la insuficiencia de vergüenza de la arrogancia que
describimos en la sección anterior? La arrogancia, como
nosotros la consideramos, es una defensa contra la vergüenza excesiva. El
individuo arrogante puede aparentar que está centrado en sí mismo y que
carece por completo de vergüenza; sin embargo, está realmente lleno de
ella, está pro fundamente preocupado por cómo lo valoran los otros y es
exageradamente sensible a la crítica o desestimación. La persona
arrogante cubre su vergüenza bajo una capa de superioridad, bajo la cual
tiembla de miedo de ser expuesta como charlatana inservible, Fácilmente
se llenará de ira cuando los demás se acercan demasiado a esa vergüenza.
El
orgullo sin vergüenza es diferente.
Estas personas se mantienen aparte de los demás. Es más fácil para
ellos ignorar las críticas que enojarse porque no respetan a quienes no
los aprecian; de hecho, parecen ser indiferentes a todo menos al ha lago.
Ellas no esconden tras su orgullo una gran vergüenza.
Ciertas
conductas personales como las relaciones sexuales, las funciones físicas
y algún tipo de ritos espirituales pueden ser perfectamente aceptables,
pero son asuntos privados. La persona recatada no llama la atención sobre
sí misma o sus asuntos privados. Posee una dignidad interior, no necesita
hacer alardes ni requiere llamar la atención.
Las
personas que tienen poca vergüenza llaman la atención al actuar
abiertamente en áreas que normalmente requieren de la privacidad y del
pudor. ¿Quién querría oír todos los detalles acerca del
divorcio de alguien, el tipo de ropa interior que usa o una discusión en
terapia? Normalmente, la vergüenza advierte cuando se ha llegado a un
tema que avergüenza a otros, por lo que es mejor mantenerlo en privado.
Las personas con falta de vergüenza frecuentemente no escuchan estos
mensajes por lo que provocan que los que los rodean se sientan incómodos.
Incluso
hablar demasiado alto en una reunión provoca vergüenza, no importa cuál
sea el contenido de la discusión. La persona ruidosa ignora la
preferencia de los demás e invade sus límites. De hecho, mientras
que la vergüenza sana nos ayuda a mantener y proteger los límites
personales de otros, las conductas desvergonzadas los violan. La razón de
la importancia de la vergüenza "positiva", es que sin ella perdemos
el sentido de quiénes somos. Ella preserva y define nuestra identidad
haciendo que pongamos atención a nosotros mismos. Carl Schneider, en sus
sensibles escritos sobre la vergüenza, señala que "la vergüenza
revela el sí mismo al sí mismo". Por lo tanto, las personas que
carecen de vergüenza por lo general tienen poca conciencia de sí mismas
y es por eso que comúnmente son superficiales emocionalmente.
¿Por
qué los que están cerca de una persona con insuficiencia de vergüenza
se sienten tan incómodos? La razón es que la mayor parte de las
personas se relacionan con otros a través de una comprensión mutua que
no necesita expresarse, llamada discreción o tacto. Por ejemplo, no le
diríamos a alguien que tiene el pelo revuelto, que su ropa no combina o
que tiene la cara sudada; si algo se dijera sobre estos asuntos,
probablemente le correspondería decirlo con discreción a un esposo, un
buen amigo o compañero cercano. Estos temas tan delicados se ubican en el
límite de lo público y lo privado.
Algunos
asuntos más serios también caen en la línea entre lo público y lo
privado. ¿Hablaríamos del reciente diagnóstico de cáncer de otra
persona? ¿Es aconsejable o no discutir sobre la muerte del pariente de
otros? ¿Qué pasaría en el caso de estar platicando con una persona que
acaba de perder su trabajo? ¿Sería bueno o malo comentarle a la madre de
un muchacho que acaba de salir de un tratamiento por abuso de drogas que
tienes una hija con el mismo problema? Estos temas son muy delicados y
quizá sean del conocimiento público, pero la situación requiere
discreción para que la otra persona no se sienta avergonzada, embarazada
o humillada,
Cada
uno de nosotros es capaz de avergonzar a otros. Entre más intimidad
exista entre dos personas, son más vulnerables porque saben que la otra
quiere mantener su privacía. Hay que saber por el propio sentido de vergüenza
que algunas cosas debemos discutirlas en privado y con discreción.
La
insuficiencia de vergüenza limita la obtención de logros