El
conformismo y el énfasis
en la imagen y la apariencia
Casi
todos queremos vernos bien a los ojos de nuestros amigos, familia y
conocidos, Podemos ganar su aprobación si nos vestimos y actuamos
"correctamente" o si nos adaptamos al estilo de vida de los que nos
rodean. Sentimos vergüenza cuando sobresalimos porque nos vemos o
actuamos en formas diferentes, o cuando un amigo cercano o un miembro de
la familia se comportan de un modo que consideramos inapropiado o que va
en contra de los estándares convencionales,
La
vergüenza excesiva se desarrolla en un clima en el que la apariencia
significa todo. En este caso, la amenaza de des gracia inmediata empuja a
los individuos a conformarse (o a pretender que lo hacen) a las
expectativas públicas. Una vez vimos a una mujer, cuya hija tenía una
temperatura de 40 grados, detenerse a ponerle el mejor vestido antes de
llevarla al doctor para mantener su imagen de buena madre. Algunas
personas se horrorizan que otros vean su casa un poco menos que perfecta.
Otros sirven bebidas alcohólicas porque es lo que se espera, a pesar de
que a ellos les disguste beber.
Algunas
personas que "parecen tener todo perfecto" en realidad sufren y están
confundidas pero se niegan a que alguien pueda ver dentro de la máscara
que usan, quizá tienen miedo a sentir vergüenza si alguno descubre que
no son tan perfectas como la sociedad espera que sean. Hay otras que están
felices consigo mismas pero desearían poder esconder a algún miembro de
la familia que no cabe dentro de la imagen apropiada.
La
vergüenza en su forma negativa también se desarrolla en un mundo donde
se está perdiendo un sentido de la prevacía más apropiado. Los
noticieros regularmente pasan historias sobre personas que están
sufriendo una gran pena; los sentimientos de la persona que sufre se
exhiben para que todos los vean. Existe un claro peligro de que nuestros
actos más privados repentinamente se vean expuestos al escrutinio de
otras. Forzosamente la vergüenza acompañará a este peligro.
Muchos
de nosotros, por querer ser aceptados, nos conformamos exageradamente a
las demandas sociales. Aprendemos, a sonreír cuando se espera que lo
hagamos, que les digamos a otros que nos sentimos muy bien en vez de pedir
ayuda, actuamos cuidadosamente igual que los demás ¡y a veces hasta
empezamos a pensar como todos los demás! Nos concentramos en preservar
nuestra imagen para evitar la amenaza de una humillación. Insistimos
también en que nuestros amigos y familiares se vean y actúen igual a
todos, en vez de aceptar sus excentricidades y permitirles explorar el
mundo de las diferencias sanas cuando están creciendo. Tenemos tanto
miedo de que nos reflejen algo malo, que no podemos reconocer la libertad
que necesitan para descubrir quiénes son en realidad.
No
estamos diciendo que conformarse sea algo malo, pero aquellos que nos
esforzamos demasiado por evitar cualquier posible vergüenza causada por
alguna inconformidad, podemos llegar a perder el contacto con nosotros
mismos, Cuando usamos una máscara durante demasiado tiempo, a veces
olvidamos que podemos quitárnosla, el peligro es que olvidemos que las
personas, siendo humanas, son únicas y algunas veces 'fachosas", que
nuestras familias tienen problemas y que podemos aprender a resolverlos y
a vivir mejor confiando y compartiendo con otros. Una manera para
disminuir nuestra vergüenza consiste en compartir los problemas en un
ambiente seguro. Estar siempre preocupado por la propia imagen sólo
aumenta la vergüenza.
Prejuicio
y discriminación como generadores de vergüenza