Ejercicios
Ejercicio
uno
Pensamientos
que las personas avergonzadas por lo general se dicen a sí mismas. Léelos
muy despacio y haz un círculo alrededor de cada palabra que hayas usado
para avergonzarte a ti mismo.
.
Estoy lleno de defectos (dañado, incompleto, mutilado, envejecido).
.
Soy sucio (feo, mugroso, asqueroso, impuro, repulsivo).
.
Soy estúpido (tonto, torpe, loco, idiota).
.
Soy incompetente (no soy lo suficientemente bueno, soy inepto, incapaz,
no sirvo para nada).
.
No soy digno de amor (nadie me aprecia, nadie me quiere, a nadie le
importo).
.
Merezco que me abandonen (que se olviden de mí, que no me quieran, que
me dejen fuera),
.
Soy malo (atroz, terrible, maldito, despreciable, horrible).
.
Doy lástima (soy despreciable, miserable, insignificante),
.
No soy nada (estoy vacío, no valgo nada, soy invisible, paso
desapercibido, soy irrelevante).
.
Merezco las críticas (la condenación, la desaprobación, la destrucción),
.
Me siento avergonzado (abochornado, humillado, mortificado, deshonrado).
.
Soy débil (chiquito, impotente, diminuto).
.
No debería estar vivo (existir, tener un espacio).
Lista
tres o cuatro mensajes contra los que más luchas, o con los que quieres
trabajar primero. En la parte opuesta de la hoja anota la nueva
aseveración que necesitas aprender. Por ejemplo:
Aseveración
anterior
Aseveración nueva
No
merezco que me quieran
Merezco que me quieran
Soy
débil
Soy fuerte
Decídete
a darte los nuevos mensajes regularmente. Escríbelos en tu mano, Anótalos
en una hoja de papel que guardes en tu cartera. Cuélgalos del espejo
retrovisor de tu coche. Pégalos al espejo de tu baño y en el
refrigerador. Cada vez que los veas, los sientas o los recuerdes, hazte
la misma aseveración. Cuando los veas y estés solo, repítelos en voz
alta. Sé persistente y dilos tan frecuentemente como puedas, por lo
menos durante dos semanas, Después anota los resultados en una hoja
diferente.
Ejercicio
dos
La
próxima vez que sientas que tienes que alejarte avergonzado, hazlo,
pero sólo por cinco minutos. Toma el tiempo con el reloj y después de
los cinco minutos, oblígate a ponerte en contacto con los otros, ya sea
en persona o haciendo una llamada telefónica. (Si estás en alguna
situación en la que no puedas hacer ninguna de estas cosas, escribe una
carta.) Mantén este contacto por lo menos durante 10 minutos. Aunque el
contacto con los otros se te dificulte, no lo dejes. Aprende a usar esta
técnica cada vez que sientas que la vergüenza te obliga a alejarte.
Cuando encuentres a alguien con quien hacer el contacto en dichas
situaciones, no escojas al que generalmente te hace sentir avergonzado.
Continúa tratando, aunque al principio este proceso se te haga incómodo.
Ejercicio
tres
Las
personas dominadas por la vergüenza tienen mucha dificultad para
aceptarse a sí mismas. Cuando somos niños, generalmente encontramos
una muñeca, un muñeco de peluche o una mascota que nos acepta como
somos. Nos sentimos más seguros queriendo a este objeto o a este
animal, porque sabemos que no nos criticará ni estará fijándose en
nuestros defectos. Como adultos, frecuentemente dejamos atrás estas
partes aceptantes de nosotros mismos. Ve de compras esta semana y deja
que una muñeca o un muñeco de peluche "te escoja" como amigo. Llévatelo
a casa, contémplalo, abrázalo y hasta platícale. Hazlo en privado.
Permítete actuar tontamente con el animal de peluche, porque este no te
criticara. Después anota todas las formas de ser que reconoces como
tuya
Curando
las heridas de la vergüenza