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CÓMO
SUPERAR LA VERGÜENZA
Manual Práctico
Basado
en las Investigaciones de Ronald y Patricia Potter-Efron

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Volver al Indice de este Curso Crecer con vergüenza: la vergüenza y la familia
La mamá está en una de sus rabietas. Está enojada con todos pero, como de costumbre, con el que más furiosa está es con su hijo de seis años.
¡Ojalá nunca hubieras nacido! dice.
Siempre te estás metiendo en problemas. Nunca llegarás a ser nadie. Algo malo pasa contigo,
simplemente.
Un niño de trece años lleva a casa sus calificaciones de primero de secundaria. Estas son excelentes cuatro notas de diez y una de ocho. Su padre las revisa y brevemente lo felicita por su buen trabajo. Después empieza el sermón.
¡Cuando yo estaba en el colegio, nunca me conformaba con menos de diez!, le dice a su hijo. Treinta minutos más tarde, termina el sermón con estas palabras:
Si quieres que me sienta orgulloso de ti, hijo, tendrás que mejorar tus
calificaciones.
Algo le pasa al papá. Ya lleva varios días recostado en el sofá llorando a ratos, está demasiado triste para ir a trabajar. Esto ya ha sucedido anteriormente, pero los niños no recuerdan que haya estado tan mal como ahora. Finalmente, la niña mayor, Susana de dieciséis años, le dice a su madre que por favor llame al doctor. Pero ella se niega:
Sabes que vivimos en un pueblo chico. Si llamo al doctor, pronto se enterará todo el pueblo. ¿Qué van a pensar de
nosotros?
Es una mocosa muy fea. Creo que no nací para ser madre. Cada vez que llora, me estremezco. No soporto darle de comer y me dan ganas de vomitar cuando tengo que cambiarla. Sé que debo estar con ella pero después de unos minutos empieza a darme coraje. He perdido el control un par de veces y le he dado un manazo, y ella ni siquiera estaba haciendo nada
malo.
Algunas familias se especializan en avergonzar. Docenas y hasta cientos de veces diariamente, los miembros de estas familias dicen y hacen cosas que crean y perpetúan la vergüenza. Decimos que estas familias son familias dominadas por la vergüenza.
En algunas familias, uno o dos de los miembros cargan con toda la vergüenza.
Ellos son los chivos expiatorios, a los que todos culpan de todo. Los chivos expiatorios reciben toda la vergüenza de la familia. Mientras tanto, otros miembros de la familia pueden hacer lo que quieran y nunca se meten en problemas. Los chivos expiatorios frecuentemente creen que siempre serán calificados como malos, tontos o carentes de
valor. Cargan con la vergüenza hasta la madurez, siempre esperando ser juzgados.
Otras familias están tan empapadas de vergüenza que todos los miembros están afectados. Los padres piensan que son un fracaso, que no han podido ganar suficiente dinero o provee el amor suficiente. Los niños aprenden que no hay nada en estas familias de lo que puedan estar orgullosos, y poco a poco pierden la fuerza para transitar por la vida. Aquí, todos critican a todos. La rutina está llena de insultos y ataques a la personalidad de los demás. Las familias generan vergüenza por el modo con el que los miembros actúan entre ellos. Los niños que crecen en este ambiente a menudo emergen como adultos dominados por vergüenza y sentimientos de baja autoestima y devaluación.
Discutiremos aquí cómo se desarrolla la vergüenza hasta hacerse exagerada en las familias dominadas por ella. Como los padres están a cargo de estas familias, enfatizaremos las conductas de los padres que causan la vergüenza. Aunque, antes de empezar, queremos hacer una advertencia. Primero, recuerden que por lo general ningún padre o madre deliberadamente se propone arruinar la vida de sus hijos. Los padres con vergüenza frecuentemente provienen de familias con vergüenza.
Simplemente, no conocen un mejor modo de ser padres, o quizá no se dan cuenta del daño que hacen con sus humillantes ataques. Segundo, ninguna familia es inmune contra episodios ocasionales de vergüenza, una cierta vergüenza es inevitable y quizá necesaria para el desarrollo normal de la familia. Sin embargo, las familias dominadas por la vergüenza no pueden controlar su conducta. Los miembros de estas familias, con frecuencia parecen atacarse unos a otros.
Una última advertencia para los lectores que provienen de familias dominadas por la vergüenza: sería fácil dejarse llevar por el resentimiento mientras leen este material. También podría ser tentador culpar a los padres por todos los problemas de vergüenza, aunque no hayan vivido con ellos en años.
Algunos ejercicios al final de esta sección podrán ayudarles a manejar sus sentimientos. Recuerden que como adultos deben asumir la responsabilidad por su propia vergüenza. Es importante que aprendan cómo sus padres contribuyeron a su vergüenza para que puedan empezar a aliviarla.
La vergüenza generada en la familia es muy dolorosa y dañina, pero no condena a nadie a vivir una vida miserable.
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