Cómo
romper el mito de que uno debe vivir constantemente avergonzado
Decimos
que esta situación es un mito porque nadie tiene que vivir para siempre
en la vergüenza. En este mundo hay espacio suficiente para todos. No
existe algo como un humano subhumano. Lo maravilloso de la vergüenza,
incluso la que es excesiva, es que se puede aprender a vivir con ella y
volverse espiritualmente más rico en el proceso. Pero la persona que
está dominada por la vergüenza debe aprender cómo cuestionar sus
creencias de ser alguien intrínsecamente carente de valor. Estas
personas se acostumbran a interpretar los acontecimientos desde la
perspectiva de la desgracia, necesitan descubrir cómo ver el mundo
desde una perspectiva menos amenazadora. Deben cuestionar y desechar su
propio mito que los condena de por vida a vivir avergonzados; por
ejemplo, la mujer de la que hablamos al principio de esta sección
necesitará aceptar sus características positivas, mientras que el
hombre sin identidad propia debería armarse de valor para quitarse la máscara
y poder descubrir su verdadero ser.
Las
personas dominadas por la vergüenza, son muy críticas con ellas
mismas. Siempre encuentran algo criticable en su apariencia,
conducta o personalidad. Se fijan metas tan altas que así nunca pueden
alcanzarlas y cuando inevitablemente fallan, se dicen a sí mismas las
cosas más terribles. (Tres dieces y un ocho pueden ser buenos
para todos, pero a mí me de muestran que soy un fracaso.)
Estas
personas también están muy conscientes de sí mismas.
Son hipersensibles a la crítica, por lo que están muy atentas a la
posibilidad de humillación. Como se han esforzado tanto para
condenarse a sí mismas, esperan que los demás los juzguen. Al estar
tan concentradas en los defectos que imaginan que los demás notan en
ellas, con frecuencia le tienen terror a los acontecimientos formales
como las revisiones anuales de desempeño en el trabajo. Simplemente no
pueden acepta las alabanzas junto con las críticas como una mezcla
balanceada. Mientras que reciben las últimas como algo merecido,
piensan que los halagos de cualquier tipo son falsos o equivocados.
Frecuentemente se comparan con amigos, socios y compañeros; el problema
estriba en que por lo general se concentran en la idea de ser
inadecuadas y no en el hecho de que son tan buenas como los demás.
Las
personas que están dominadas por la vergüenza inconscientemente buscan
relaciones que la subrayan. Las
que piensan que básicamente no valen nada son presa fácil de aquellos
que obtienen su autovaloración atacando a los otros. "Sé que mi
amante es malo conmigo, pero ¿quién más me querría?" se preguntarán,
Su vergüenza excesiva las predispone a ser humilladas en sus relaciones
más importantes.
Pocas
personas sufren todo el dolor que hemos descrito aquí. La mayoría, aun
aquéllas con vergüenza excesiva, pueden tener periodos en los que
experimentan el respeto a sí mismas y la dignidad. Pocas personas están
tan profundamente afectadas por la vergüenza que en ningún momento
pueden sentirse bien con ellas mismas. Además, las que normalmente
manejan bien su vergüenza pueden pasar por periodos en los que ésta
los abruma. En esos momentos, es posible que sientan muchos de los
efectos que hemos descrito, pero eventualmente regresarán a un estado más
positivo.
Sin
embargo, existen muchas personas que responden al mundo desde una perspectiva basada en la vergüenza. Esto quiere decir
que esperan ser avergonzadas, que buscan experiencias vergonzosas que
confirmen sus expectativas además de que constantemente se avergüenzan
a sí mismas con críticas excesivas. Viven en un mundo de vergüenza.
Espirales
de vergüenza