6.
Si le pido a una chica que salga conmigo y ella se niega, es porque yo no
valgo nada
o no valgo lo bastante para ella.
Esta
creencia irracional y negativa da lugar a muchas formas de pasividad en
las relaciones sociales. Esta irracionalidad aumenta el temor al fracaso y
perpetúa la escasa autovaloración social. Tiene su origen en la suposición
irracional de que, para ser una persona valiosa y valorada, uno debe ser
aceptado, apreciado, querido y ad mirado por todo el mundo y en todo
momento. Esta idea es la causa de muchos trastornos emocionales en las
relaciones cotidianas, pero adquiere especial trascendencia en las
relaciones entre los sexos. Este temor al rechazo impide a los tímidos
enfrentarse a la realidad e iniciar contactos sociales, y constituye el
factor principal a la hora de frenar cualquier relación social, desde el
intrascendente «Hola, ¿cómo estás?» al pedir le a una joven que salga
con uno.
El
rechazo puede tomar formas verbales y no verba les. Para algunos hombres,
la respuesta: «Muchas gracias, pero el viernes por la noche estoy
comprometida» es una muestra clara de rechazo, mientras que, pan otros,
significa sencillamente una negativa a una petición concreta formulada en
un momento concreto. O bien, en una de sus formas no verbales, el rechazo
puede expresarse a través de las «vibraciones». Un hombre puede enviar
unas ciertas vibraciones a una mujer, en el sentido de que ella le agrada
y de que le interesa volver a verla, y, si ella no devuelve este mensaje
no verbal, él puede interpretar su silencio como un rechazo y una falta
de interés. Pero quizá, simplemente, es que ella está preocupada por
otra cosa. El temor a que el interés y la simpatía no sean
correspondidos se basa en el miedo al fracaso y en la idea de no ser
atractivo o digno de aprecio. ¿Por qué esta idea es irracional?
Muchas
personas tímidas están más que dispuestas a suponer que un rechazo o
una falta de correspondencia a un interés suyo son debidos a algún
defecto de su personalidad. La falta de experiencia social, unida al temor
al fracaso, conduce invariablemente a la persona tímida a pensar lo peor
de sí misma. Esta tendencia no sólo favorece el sufrimiento y los
trastornos psíquicos sino que además refleja una percepción errónea de
los factores que conducen a este tipo de rechazos.
En
la mayoría de los casos, una persona decide aceptar o no una invitación
basándose en:
1)
la forma en que se le haya hecho la invitación, es decir, la «habilidad
social» que ha desplegado la otra persona;
2)
la historia social que los dos hayan compartido anteriormente;
3)
su disponibilidad material para el encuentro o la entrevista; y
4)
sus intereses y necesidades.
LA
HABILIDAD O DESENVOLTURA SOCIAL