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CÓMO VENCER LA TIMIDEZ
MANUAL PRÁCTICO
Basado en las
Investigaciones de Miel Girado

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CÓMO
HABLAR DE MÍ MISMO
Imagínese
que se le formulan cada una de las siguientes preguntas. Encuentre una
respuesta para cada una y grábela en el magnetófono para escucharla después.
Sus respuestas deben durar tanto como se indica en los paréntesis. Procure
ser sincero, directo y amable.
1.
«¿Dónde vives?» (de
diez a quince segundos).
2.
«¿A qué escuela has ido? ¿Trabajabas en
alguna parte?» (de diez a quince segundos).
3.
«¿De dónde eres?» (de
cinco a diez segundos).
4.
«¿Dónde trabajas? ¿Hace tiempo que trabajas
allí?» (de cinco a diez segundos).
5.
«¿A qué clases vas? ¿En qué te especializarás?»
(de quince a veinte segundos).
6.
«¿Tienes cambio?» (cinco
segundos).
7.
«¿Tienes hora exacta?» (cinco
segundos).
8.
¿Cómo« te ha ido en ese tiempo? ¿Qué me cuentas de nuevo?» (de
cinco a diez segundos).
9.
«¿Qué vas a hacer este fin de semana?» (de
diez a quince segundos).
10.
«¿Qué planes tienes para el verano?» (de
quince a veinte segundos).
11.
«¿Vas a esquiar? ¿Juegas al tenis o vas de
excursión?» (de quince a veinte segundos).
12.
«Hacía tiempo que no nos veíamos... ¿Qué ha sido de ti?» (de
diez a quince segundos).
13.
«Parece que la fiesta del sábado será muy divertida. ¿Piensas ir?» (diez
segundos).
14.
«¿Dónde sueles almorzar?» (cinco
segundos).
15.
«¿Por qué no vienes a tomar café con
nosotros?» (cinco segundos).
16.
«Te veo muy callado. ¿Estás preocupado por algo?'> (de
cinco a diez segundos).
17,
«Llevas un conjunto muy bonito. ¿Dónde lo has comprado?» (cinco
segundos)
Es
importante recordar que pocas personas están completamente relajadas y cómodas
cuando mantienen una conversación larga con alguien a quien acaban de
conocer. El hecho de hablar con alguien por primera vez supone un
considerable esfuerzo mental para la mayoría de las personas, incluyendo a
aquellas que no son tímidas. Incluso en una relación con un poco de
historia suele haber pocas cosas que sirvan adecuadamente como temas de
conversación. No es de extrañar, por tanto, que en los primeros encuentros
las conversaciones se caractericen por preguntas del siguiente tipo: «¿De
dónde eres?», «¿Cuánto tiempo hace que vives aquí?», «¿Cuándo has
llegado?», «¿En qué trabajas?»
Las
respuestas a todas estas preguntas proporcionan una imagen global de una
persona. Algunas personas tímidas no saben siquiera qué preguntas hacer
para obtener los elementos básicos que componen esta imagen inicial.
Recuerde usted las cinco preguntas: quién, qué, dónde, cuándo y por qué.
El
hecho de tener muy a mano una serie de preguntas que formular es una manera
fácil de mantener animada una conversación en los encuentros iniciales.
Pero, ¿cómo afrontar un encuentro con una persona con la que ya se ha
hablado algunas veces? ¿Qué ocurre si uno se queda de pronto sin nada que
decir ni que preguntar? ¿Debería ser esto motivo de preocupación? En
primer lugar, debe usted saber que tanto las personas tímidas como las no tímidas
se encuentran con molestas pausas en el curso de los primeros encuentros.
Pero las personas no tímidas suelen prepararse para estas posibles pausas
mediante el uso de una estrategia mental muy sencilla. Tienen siempre a mano
dos o más preguntas de reserva, preguntas de tipo muy general que podrían
ser formuladas a casi todo el mundo en casi cualquier circunstancia social.
Las
cosas suelen ocurrir de la manera siguiente: después de saludar a una
persona conocida e intercambiar los comentarios rituales, la persona que
habla más de lo convencionalmente prescrito para los encuentros breves,
suele sugerir que la conversación se prolongue. Tan pronto como es
percibida esta señal, toda la atención se centra en lo que dice esa
persona. Al escuchar atentamente lo que se dice, surgen una variedad de
asociaciones, líneas de pensamiento y otras ideas conexas. Aparecen con
facilidad y fluyen por la mente una serie de imágenes, reacciones y fantasías.
Son estas imágenes y asociaciones lo que la persona puede utilizar como so
porte básico para seguir estimulando la conversación. Estas imágenes y
asociaciones sirven de estímulo para preguntas, observaciones, comentarios,
etc. En caso de que las asociaciones no fuesen utilizables, o hubiesen
agotado todas sus posibilidades como temas de conversación, y se prevea un
momento de silencio, la persona rellena el hueco con mensajes no verbales
(mueve una silla, cambia la posición del cuerpo, cambia el tono de la voz)
y formula después la pregunta estándar que siempre tiene preparada.
Entre
las personas no tímidas, las pausas y silencios son resueltos mediante
comunicaciones no verbales y mediante preguntas sobre temas que se mantenían
en reserva. Cuando la persona tiene la seguridad de que no se quedará sin
nada que decir, se siente más cómoda y relajada; al reducirse su inquietud
y su preocupación, está más libre para dejar vagar su mente, hacer
asociaciones, considerar la posibilidad de expresar en voz alta tal o cual
pensamiento, decidir si hacer esto será correcto y agradable, guardar un
pensamiento en su memoria para recordarlo enseguida cuando sea necesario, y
volver a escuchar atentamente al que habla, dejando la puerta abierta a una
nueva serie de asociaciones.
Las
asociaciones, juicios, ideas fantásticas, y las de cisiones de olvidar o
recordar algo son procesos cognoscitivos que se producen automáticamente en
pocos segundos. Dado que se puede realizar toda una operación mental de
este tipo en el tiempo que emplea la otra persona para pronunciar cuatro o
cinco palabras, puede usted estar seguro de que no se perderá nada de lo
que dice. Piense en todas las asociaciones, imágenes y pensamientos que
pueden formarse libremente si usted no está preocupado con pensamientos
negativos sobre si está siendo valorado adecuadamente o si está
produciendo en los demás una buena impresión. Recuerde que la excesiva
preocupación por la propia conducta da lugar a la ansiedad. Y cuando usted
empieza a sentirse incómodo, cuando empieza a notar los latidos de su corazón
y a removerse en el asiento, su atención se dirige a estos hechos internos,
y esto aumenta su preocupación. En estas circunstancias, no es de
extrañar que no pueda usted mantener animada una conversación y que le
cueste recordar lo que estaba a punto de preguntar.
El
hecho de tener bien ensayadas una serie de preguntas de reserva, de tipo
general, le ahorraría la preocupación de qué hacer cuando se produzca un
silencio. Centre su atención en el significado de lo que se está diciendo.
Deje que se formen en su pensamiento las asociaciones, y aparecerá espontáneamente
la base de un intercambio de ideas fluido y natural. Para evitar la impresión
de que está usted soñando despierto, o de que no está escuchando lo que
se dice, debe emitir señales no verbales. Un ocasional «mmm», modulado
por cambios de tono adecuados a sus reacciones ante lo que oye, los
movimientos de la cabeza, y unas sencillas expresiones faciales, le mantendrán
presente a los ojos de los demás. Debe llegar a hacer habituales estas señales
vocales y no verbales, y lograr emitirlas casi in conscientemente. Los hábitos
no se adquieren nunca con sólo una o dos repeticiones. No espere sentirse
totalmente cómodo mientras ejercite estas técnicas las primeras veces.
Pero la práctica, en forma de repetición mental y de ejercicios en la
realidad, no tardará en convenir estas técnicas en hábitos.
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