|
CÓMO VENCER
LA TIMIDEZ
MANUAL PRÁCTICO
Basado en
las Investigaciones de Miel Girado
Volver
al Indice de este Curso
ALGUNOS
DATOS DE CONDUCTA QUE DISTINGUEN A LOS TÍMIDOS DE LOS NO TÍMIDOS
Algunos
datos de conducta que distinguen a los tímidos de los no tímidos son las
siguientes:
1)
una marcada tendencia a evitar a los demás y a rehuir los con tactos
sociales;
2)
una tendencia a evitar cualquier iniciativa en el terreno social;
3)
en las reuniones, la inclinación al silencio;
4)
la tendencia a evitar mirar a los ojos a los demás;
5)
la costumbre de hablar en voz baja o suave.
Puede
decirse que el factor común de todas estas actitudes es la inactividad o,
en el mejor de los casos, la mínima actividad: no iniciar, no hacer, no
responder... En general, no hacer nada en las situaciones sociales. Una
encuesta realizada en la Universidad
de Ohio reveló que el dieciséis por ciento de los alumnos de este
centro y el doce por ciento de las alumnas reconocen sentir más o menos
temor por el simple hecho de estar en presencia de un miembro del sexo
opuesto, y el treinta y dos por ciento de los hombres y el treinta y nueve
por ciento de las mujeres admiten sentir temor cuando hablan con alguien por
primera vez. Estas cifras llaman la atención por su importancia. Si se
cuenta usted entre esos hombres y mujeres, y si su temor es intenso, no me
sorprende que utilice usted el mecanismo psíquico más sencillo para
proteger su tranquilidad emocional: evitar totalmente las situaciones
sociales. Pero hemos visto que las consecuencias de esta forma de adaptación
pueden ser graves.
Cuando
la timidez se prolonga desde la adolescencia a la edad adulta, da lugar a lo
que se denomina soledad social, es decir, una sensación de aburrimiento, de
falta de alicientes y de exclusión, que suele ser causa da por la ausencia
de un entorno social favorable.
Debe
distinguirse la soledad social de la soledad emocional. Esta última se debe
al fracaso en el intento de mantener una relación íntima con alguien, y la
terapia a seguir se centra en la adquisición de una seguridad y
desenvoltura personal que permitan el desarrollo de nuevas relaciones íntimas
en las que la persona se muestre tal como es. Pero la curación de la
soledad social no puede hallarse aplicando los principios de la psicología
humanista ni en grupos de encuentro o de sensibilización. La soledad social
es una triste secuela de la timidez, y sólo puede ser superada mediante la
adquisición de la habilidad social necesaria para hacer amistades, mantener
relaciones superficiales, conocer a personas nuevas y sentar una base para
las relaciones informales.
El
número de contactos sociales y de amigos que tiene una persona
guarda estrecha relación con su bienestar emocional. Incluso entre los niños
de edades comprendidas entre los cuatro y los once años, los que tienen
pocos amigos, o ninguno, sufren a menudo perturbaciones emocionales. En los
adolescentes, la res puesta «Nunca» o «Alguna vez» a la pregunta: «¿Con
qué frecuencia sales con amigos?», indica un bajo nivel de adaptación
social y emocional. En los adultos, las amistades y contactos sociales son
un factor de extrema importancia como fuente de bienestar y felicidad. En
una encuesta llevada a cabo recientemente en Norteamérica, en la que se
entrevistó a unas cincuenta mil personas, los hombres y las mujeres
solteros colocaron el apartado «vida social y amigos» en primer lugar
entre otros dieciséis aspectos de la vida que ellos pensaban que contribuían
a su felicidad. El tener amigos y una vida social agradable es más
importante para los solteros que el crecimiento personal, la salud física,
una vida sexual plena o incluso una buena situación económica. Los hombres
y mujeres casados consideraron el «estar enamorado» como el factor más
importante de su felicidad, y el apartado «vida social y amigos» fue
relegado a un nivel de importancia relativamente bajo: el octavo lugar.
Pero
no nos engañemos. El estar casado no evita las sensaciones de aislamiento,
soledad social y depresión. Incluso entre las personas casadas, lo que
distingue a aquellas que se sienten socialmente aisladas de las que no lo
están es la participación en actividades sociales externas al matrimonio,
como la «participación en organizaciones voluntarias». El hecho de estar
felizmente casado y de gozar de una relación profunda y completa con una
persona no significa necesariamente estar libre del aislamiento social y de
la soledad. El participar en un grupo social aparte de la relación primaria
es lo que da lugar a sentimientos positivos acerca de la vida. El cuarenta
por ciento de las cincuenta mil personas entrevistadas admitieron que a
menudo se sentían solos. Y esta frecuente sensación de soledad no afectaba
sólo a los solteros sino que se daba en el mismo porcentaje entre los
casados.
También
en el caso de las personas retiradas o jubiladas existe esta relación entre
la ausencia de con tactos sociales, la alienación social y la soledad. El
hecho de relacionarse exclusivamente con los familiares, o con las personas
que comparten una vivienda, o con los tenderos del barrio, da lugar a
sentimientos de depresión y aislamiento, y es causa además de mala salud.
A cualquier edad, independientemente de la situación económica, marital o
sexual, la falta de actividad social va unida a la soledad y a la inadaptación.
La participación en diversas actividades sociales origina, de manera clara
y perceptible, una sensación de adaptación emocional, una buena salud y
una actitud positiva ante la vida.
De
alguna manera, parece que nos avergüenza reconocer que experimentamos una
necesidad de calor humano y de contacto social, aparte del matrimonio,
aparte de las relaciones familiares y laborales. Por alguna estúpida razón,
el proceso de hacer amigos y establecer contactos sociales no ha llegado a
ser tan aceptado como otros motivos menos importantes para formar grupos, ni
ha llegado a ser tan institucionalizado como el matrimonio y la paternidad.
Si
usted es una persona tímida, puede ocurrirle otra cosa grave: no buscar
ningún contacto personal ni social. En una encuesta realizada para
averiguar por qué algunas personas no llegan a casarse, la mayoría de
quinientas mujeres solteras mayores de treinta años declararon creer que
sus principales dificultades se debían al hecho de ser demasiado tímidas."
Tenían sensaciones de inferioridad y experimentaban temor a ser rechazadas,
y por ello tendían a ocupar sus ocios con actividades y hobbies que les
impedían conocer a un compañero. La mayoría de aquellas mujeres no salían
nunca con hombres, o casi nunca, y apenas tenían relaciones masculinas. Aun
después de haber abandonado el ámbito de la influencia paterna, muy pocas
de ellas hicieron nada para variar su situación social. Aquí es donde
tienen su mayor influencia en las decisiones vitales la falta de actividad
social y la ausencia de un es fuerzo continuado por hacer amistades. La
falta de motivación y de empeño debilita los esfuerzos de una persona y
disminuye sus capacidades naturales; aumenta el temor que pueda sentir hacia
la sociedad, favorece su pasividad y frustra sus esperanzas de integración
y éxito. ¿Está usted poco motivada a la hora de resolver sus problemas
sociales? Aunque la necesidad de con tacto social sea fuerte y dominante, si
no existe una motivación para alcanzar el éxito, las iniciativas sociales
serán débiles y las experiencias estarán amenazadas por la frustración y
la desesperanza.
DEJE
DE SER UNA CARGA PARA LOS DEMÁS
|