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CURSO
PRÁCTICO
ON LINE

DE
INTELIGENCIA
EMOCIONAL:

3 Tests Personalizados, 
102 Técnicas, 
9 Exposiciones en Power Points, 
24 Trabajos Prácticos, 
112 Lecturas Guiadas, 
121 Lecturas de Profundización, 
1 Curso posterior gratuito de Aplicación Laboral a elección.

PARA 
AUMENTAR EL 
COCIENTE EMOCIONAL

en todas las 
áreas de la vida:

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Relaciones

1era.
DIPLOMATURA
LATINOAMERICANA
OTORGADA POR
ORGANIZATION
DEVELOPMENT
INTERNATIONAL
 

Rarezas de la Historia Argentina
 
Los hechos más insólitos
de un país "condenado al éxito"


 


INTELIGENCIA EMOCIONAL

EN LA SALUD

Seminarios destinado a los médicos
y a los profesionales de la salud en
  general

Una propuesta de aprendizaje y entrenamiento
Beneficiosa a nivel personal, profesional y comercial

Este entrenamiento es un beneficioso servicio que se brinda por primera vez en Latinoamérica, otorgando una capacitación cuya utilidad abarca desde un aporte a la competencia profesional de cada participante (médicos, psicólogos, enfermeros, profesionales de la salud en general) y al sentido humano de tan importante labor, hasta herramientas prácticas para el desarrollo económico, social y financiero del médico y las instituciones donde trabaja.
El entrenamiento, en términos ideales, se realiza con grupos de hasta 30 profesionales, y cada taller tiene una duración de 8 horas.

OBJETIVOS:

Aprender el nuevo paradigma de la Inteligencia Emocional y su aplicación a la Salud (Pública y Privada)

Aplicar la Inteligencia Emocional a los cuidados médicos

Descubrir las 5 Habilidades Prácticas de la Inteligencia Emocional

Promover cambios emocionales y conductuales para mejorar la praxis médica

Promover cambios emocionales y conductuales para mejorar el servicio de la atención médica

Aprender a aplicar instrumentos de diagnóstico y de intervención comportamental para situaciones de urgencia o enfermedades graves

Aprender a identificar las alteraciones emocionales que las situaciones de urgencia-enfermedades graves provoca en los profesionales.

Aprender a utilizar, y a facilitar a los pacientes, técnicas (preventivas y paliativas) para el manejo de las alteraciones emocionales vinculadas a la pérdida de la salud física.

Aprender a identificar las alteraciones emocionales que las situaciones de urgencia-enfermedades provoca  en pacientes y allegados.

Ayudar a los pacientes a que desarrollen su Inteligencia Emocional.
 

ALGUNAS DE LAS CUESTIONES A EXPLORAR:

·        La necesidad de un nuevo modelo médico.

·        El cuidado de la salud en su doble faz: médica y comercial .

·        Factores cruciales del servicio médico.

·        La recuperación de la medicina holística.

·        La diferencia entre curación (de la enfermedad) y cuidado (del paciente).

·        Las ventajas comerciales de una medicina holística.

·        Salud mental y salud física: la psico-neuro-

         inmunoendocrinología

·        Factores emocionales que pueden desencadenar enfermedades

·        El manejo del stress en los profesionales de la salud.

·        Los déficits afectivos y su relación con la salud mental y física.

·        La relación con la muerte: el trabajo de la tanatóloga Elizabeth Kübler-Ross

·        La enfermedad y el tratamiento médico bajo el aspecto de una carga emocional .

·        Evidencias proporcionadas por la

         Psico-neuro-inmunoendocrinología

·        La Inteligencia Emocional como posibilidad de educar para la salud .

·        El doble rol de la IE en la salud: con el paciente y el cliente.

·        Las crisis personales y su relación con la salud física.

·        La distinción médica crucial entre STRESS y STRESS EMOCIONAL

·        El papel de la actividad física en el ánimo y la evolución de las enfermedades

·        Las hormonas y los neurotransmisores.

·        Carácter y Temperamento

·        Las emociones como sistema de señales.

·        Múltiples funciones de las emociones .

·        Múltiples implicancias de las emociones .

·        Estados anímicos 'negativos' y estados anímicos 'positivos'

·        Sentimiento y manifestación 

·        Sentimientos difíciles de identificar

 

METODOLOGÍA:
Técnicas de Reestructuración Cognitiva
Técnicas de Control Psico-Físico
La Respuesta de Relajación
La Respiración Completa 
Visualización
 
Proyección de fragmentos de la película: 'The Doctor (The Taste of My Own Medicine)', y de un documental del Dr. Henri Laborit.

CARPETA Y CD CON MANUAL DE TRABAJO

CONOCIMIENTOS BÁSICOS:

1) Las emociones

2) El cerebro emocional

3) El proceso emocional

4) Factores que forman las emociones

5) Las emociones y la salud

6) La Inteligencia Emocional  


ENTRENAMIENTO PERSONAL:

1) Test de Inteligencia Emocional

2) Trabajos de Observación

3) Trabajos de Reflexión

4) Técnica de Relajación Autógena

5) Respiración Completa
 

FUNDAMENTOS:

'LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA SALUD'


INTRODUCCIÓN
Es innegable, tanto desde la antigua intuición de los fundadores de la medicina, como desde las innumerables estadísticas de los últimos años, la influencia que tienen las emociones en la salud humana.

Las emociones positivas previenen enfermedades, o una vez que éstas se han manifestado, contribuyen a su curación, y las emociones negativas ayudan a contraer enfermedades.

Los datos clínicos a nivel mundial confirman los beneficios médicos de los sentimientos positivos y el poder curativo del apoyo emocional proporcionado por las personas que rodean a un paciente, desde los familiares más íntimos hasta los profesionales que trabajan en el área de la salud y tienen contacto con él.

El descuido por la realidad emocional de la enfermedad deja de lado un conjunto creciente de pruebas que demuestran que los estados emocionales de las personas pueden jugar a veces un papel significativo en su vulnerabilidad ante la enfermedad y en el curso de su recuperación, pero los cuidados médicos modernos a menudo carecen de inteligencia emocional.

Para el paciente, cualquier encuentro con una enfermera o un médico puede ser la oportunidad para obtener información, consuelo y tranquilidad; y, si no se maneja adecuadamente, una invitación a la desesperación. Pero con demasiada frecuencia, quienes se ocupan de los cuidados médicos actúan con precipitación o son indiferentes a la aflicción del paciente.

Por supuesto, existen enfermeras y médicos compasivos que se ocupan de tranquilizar e informar, además de administrar medicamentos. Pero también existe una tendencia a un universo profesional en el que los imperativos institucionales pueden hacer que el personal médico pase por alto la vulnerabilidad del paciente, o se sienta demasiado presionado para hacer algo por él. Una intervención emocional debería ser una parte corriente de la atención médica de todas las enfermedades graves.

Si los descubrimientos sobre emociones y salud significan algo, es que el cuidado médico que pasa por alto lo que la gente siente mientras lucha con una enfermedad grave o crónica ya no es adecuado. Ha llegado el momento de que la medicina saque un provecho más metódico de la relación que existe entre emoción y salud.

Lo que ahora es la excepción podría -y debería- formar parte de la corriente principal, de modo tal que todos tuviéramos acceso a una medicina más cuidadosa. Al menos eso convertiría a la medicina en algo más humano. Y para algunos podría acelerar el ritmo de la recuperación. 'La compasión', como le dijo un paciente a su cirujano en una carta abierta, 'no sólo consiste en tomar a alguien de la mano. También es una buena medicina'. (Carta abierta a un cirujano: A. Stanley Kramer, 'A Prescription for Healing', NEWSWEEK, junio de 1993).

Tal vez el testimonio más revelador de la capacidad curativa de los vínculos emocionales  es  un  estudio  sueco publicado en 1993.  Todos los hombres que vivían en la ciudad sueca de Göteborg y que habían nacido en 1933 fueron sometidos a un examen médico gratuito; siete años más tarde, los 752 hombres que se habían presentado al examen fueron convocados nuevamente. De éstos, 41 habían muerto en los años transcurridos.

Los hombres que originalmente habían informado que se encontraban sometidos a una intensa tensión emocional tenían un índice de mortalidad tres veces mayor que aquellos que decían que su vida era serena y plácida. La aflicción emocional se debía a acontecimientos tales como un grave problema financiero, sentirse inseguro en el trabajo o quedar despedido del empleo, ser objeto de una acción legal o divorciarse. Haber tenido tres o más de estos problemas en el curso del año anterior al examen fue un pronosticador más claro de muerte dentro de los siete años siguientes de lo que fueron indicadores médicos tales como la elevada presión sanguínea, las altas concentraciones de triglicéridos en la sangre, o los niveles elevados de serum colesterol.

Sin embargo, entre los hombres que dijeron que tenían una red confiable de intimidad -una esposa, amigos íntimos, etc.- no existía ningún tipo de relación entre los niveles elevados de estrés y el índice de mortalidad. Tener a quién recurrir y con quién hablar, alguien que podía ofrecer consuelo, ayuda y sugerencias, los protegía del mortal impacto de los rigores y los traumas de la vida.

En ese sentido, y refiriéndose a los mecanismos de respuesta conductuales, los Dres. Bonet y Luchina, señalan: 'Pensamos que la respuesta de un individuo no se da en el vacío. Está organizada en función de la situación dada, del contexto social, cultural, psicológico y biológico del individuo. En la respuesta están involucradas las características del estímulo, la codificación simbólica y cognitiva que determina las emociones del individuo, sus posibilidades fácticas y sociales (soportes, etc.) y el estado de funcionamiento de sus órganos y sistemas'.
(Dres. José Bonet y Carlos Luchina, EL ESTRÉS, EL 'SÍNDROME X' Y LA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR, en PSICONEUROINMUNOENDOCRINOLOGÍA, Edit. Biblos, 1998)


EVIDENCIAS CIENTÍFICAS

DE LA RELACIÓN

EMOCIONES-SALUD

          CASOS DE APLICACIÓN DE INTELIGENCIA
          EMOCIONAL
EN LA SALUD

1. Algunos hospitales han desarrollado un instructivo programa prequirúrgico para pacientes que los ayuda a aliviar los miedos y a abordar las molestias; por ejemplo, enseñándoles técnicas de relajación, respondiendo a sus preguntas antes de una operación y diciéndoles varios días antes de la operación exactamente qué les ocurrirá durante la recuperación. El resultado es que los pacientes se recuperan de la cirugía un promedio de dos o tres días más pronto. ('Preparación emocional para la cirugía', D. Goleman, THE NEW YORK TIMES, dic. de 1987).

 

 

2. E. Evans, en 1926, señalaba la relación entre la pérdida de una relación emocional estrecha y la presencia de cáncer. Se observó que la incidencia de cáncer es particularmente elevada en personas que han sufrido una pérdida de una relación emotiva importante (viudos, divorciados o separados). ('A psychological study of cancer', Dodd-Mead, Nueva York).

Se pensaba que la susceptibilidad asociada con la incapacidad para asumir la separación y/o la sensación de pérdida y desamparo aumentaba las chances de contraer la enfermedad. Otros autores plantearon la incapacidad de expresar emociones genuinas como perfil de personalidad asociado a la mayor incidencia de cáncer.

LeShan (1966), utilizando tests proyectivos y otros datos, consideró que las variables psicológicas asociadas a la presencia de un tumor maligno fueron la pérdida de la razón de existencia (desesperanza, desamparo) incapacidad para expresar ira o resentimiento y la pérdida de una relación emocional importante. (L. LeShan, 'An emotional life-history pattern associated with neoplastic disease', ANNALS OF THE NEW YORK ACADEMIC OF SCIENCES, 125 : 780-793, 1966).

Thomas (1976) estudiando prospectivamente a estudiantes de medicina, encontró datos que sugieren que el cáncer tiende a presentarse en individuos apocados, no agresivos e incapaces de expresar adecuadamente sus emociones. (C. Thomas, 'Precursors of premature disease and death : The predictive potential of habits and family attitudes', ANNALS OF INTERNAL MEDICINA, 85 :653-658).

Otros estudios se interesaron por el papel del estrés psicológico en la progresión de enfermedad, observando que los perfiles de personalidad asociados a mayor expresión y control emocional tienen menor progresión de enfermedad. Se estudió la supervivencia del paciente, asociando su disminución a la presencia de sensaciones importantes de desesperanza-desamparo.

Rogantine, en 1977, encontró en pacientes operados de melanoma que aquéllos que presentaban represión de la expresión de las emociones se podían relacionar con un peor pronóstico. (G. Rogantine, J. Dockerty, D. van Kammen, B. Fox y W. Bunney (1977), 'Psychosocial and biological factors in the prognosis of clinical stogell melanoma', ANNUAL MEETING, ATLANTAS AMERICAN PSYCHOSOMATIC SOCIETY).

Derogaitis (1980) encontró que las pacientes con cáncer de mama que presentaron índices de sobrevida más prolongados fueron aquéllas que presentaron actitudes más combativas, con 'espíritu de lucha', más que confiadas y complacientes con la enfermedad. (L. Derogaitis, 'Breast and gynecologic cancers : Their unique impact on bogy image and sexual identity in women', en J. Vaeth, R. Blomber y L. Adler, FRONTIERS OF RADIATION THERAPY AND ONCOLOGY, vol. 14, BODY IMAGE SELF-ESTEEM AND SEXUALITY IN CANCER PATIENTS, Basel Switzerland, Karger, pp. 1-11).

 

 

3. El entrenamiento en la relajación puede ayudar a los pacientes a enfrentar parte de la aflicción que provocan sus síntomas, además de las emociones que pueden originar o exacerbar los síntomas. Un modelo ejemplar es la Clínica de Reducción del Estrés, de Jon Kabat-Zinn, en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts, que ofrece a los pacientes un curso de diez semanas de atención y yoga; el acento está puesto en tener conciencia de los episodios emocionales mientras ocurren, y en cultivar una práctica diaria que ofrece una relajación profunda. Los hospitales han preparado grabaciones con instrucciones sobre el curso, que pueden verse en los aparatos de televisión de los pacientes... para los que están postrados en una cama es una dieta emocional mucho mejor que las habituales comedias y series. (Jon Kabat-Zinn, FULL CATASTROPHE LIVING, N. York, Delacorte, 1991).

 

4. Se ha encontrado que las personas con baja estima tienen una probabilidad superior al promedio de contraer enfermedades cardíacas y pulmonares. También es más probable que se vean afectadas por enfermedades autoinmunes y sufran el avance vertiginoso de los tumores malignos. Esta mayor predisposición a la enfermedad probablemente sea causada por el estrés, puesto que la persona que se siente incompetente también se siente incapaz de resolver los problemas que confronta. Esto se ve confirmado por los análisis de sangre que revelan que las personas con mecanismos de defensa psicológicos bajos presentan niveles superiores de circulación de las hormonas del estrés que quienes tienen una mayor confianza en sí mismos.

Las pruebas muestran que estos individuos con excesiva confianza en sí mismos tienen una alta tolerancia al dolor y al impacto quirúrgico, presentan un riesgo menor al promedio de sufrir de artritis y alergias y poseen una alta resistencia a la mayoría de las infecciones. ('Psychosomatic Medicine, Behavioral Medicine, Just Plain Medicine', PSYCHOSOMATIC MEDICINE, XVIIIL: 7, 1986).

 

 

5. En 'LAS LOCAS AVENTURAS DE ROBIN HOOD', Robin le aconseja a un joven seguidor: 'Cuéntanos tus problemas y habla con libertad. Un torrente de palabras siempre alivia las penas del corazón; es como abrir las compuertas cuando el molino está rebosante'. Esta muestra de sabiduría popular posee un gran mérito; aliviar un corazón atribulado parece ser un buen remedio. La confirmación científica del consejo de Robin Hood surge de James Pennebaker, psicólogo de la Southern Methodist University, que ha demostrado en una serie de experimentos que hacer que la gente hable de los pensamientos que más la afligen tiene un beneficioso efecto médico. Su método es notablemente sencillo: le pide a la gente que escriba entre quince y veinte minutos al día, durante al menos cinco días, por ejemplo sobre 'la experiencia más traumática de toda su vida', o sobre alguna preocupación dominante en ese momento. Cada uno puede conservar en secreto lo que escribe, si así lo prefiere. (James Pennebaker, 'Putting Stress Into Words: Health, Linguistic and Therapeutic Implications', trabajo presentado en el encuentro de la AMERICAN PSYCHOLOGICAL ASSOCIATION, Washington, 1992).

 

6. Al igual que con la depresión, existen costos médicos del pesimismo...y los correspondientes beneficios del optimismo. Por ejemplo, 122 hombres que tuvieron su primer ataque cardíaco fueron evaluados para determinar su grado de optimismo o pesimismo. Ocho años más tarde, de los 25 hombres más pesimistas, 21 habían muerto; de los 25 más optimistas, sólo 6 habían muerto. Su visión mental demostró ser un mejor pronosticador de la supervivencia que cualquier otro factor de riesgo, incluido el grado de daño sufrido por el corazón en el primer ataque, bloqueo de arterias, nivel de colesterol o presión sanguínea. Y en otra investigación, los pacientes que se sometían a un bypass arterial y que eran más optimistas tuvieron una recuperación mucho más rápida y menos complicaciones durante y después de la operación que los pacientes más pesimistas. (Chris Peterson et al., LEARNED HELPLESSNESS: A THEORY FOR THE AGE OF PERSONAL CONTROL, Oxford University Press, 1993).

 

7. Cuando una enfermedad como el cáncer terminal se ha vuelto tan virulenta es improbable que una emoción tenga un efecto apreciable en su avance. Mientras la depresión disminuye la calidad de los últimos meses de vida de muchos pacientes, aún no hay pruebas concluyentes de que la melancolía pueda afectar el curso del cáncer. Pero si dejamos de lado el cáncer, un rápido vistazo a los estudios permite inferir el papel que juega la depresión en muchas otras circunstancias médicas, sobre todo en el empeoramiento de una enfermedad una vez que ha comenzado.

Una complicación al tratar la depresión de los pacientes es que los síntomas de aquella, incluida la falta de apetito y el letargo, son fácilmente confundidos con los de otras enfermedades, sobre todo por médicos que tienen poco entrenamiento en el diagnóstico psiquiátrico. El fracaso en diagnosticaR la depresión, y tratarla, puede sumarse al riesgo de muerte en la enfermedad grave.

Por ejemplo, de 100 pacientes que recibieron transplantes de médula, 12 de los 13 que se habían sentido deprimidos murieron durante el primer año del transplante, mientras 34 de los restantes 87 seguían vivos dos años más tarde. (Transplante de médula: citado en James Strain, 'Cost Offset fron a Psychiatric Consultation-Liaison Intervention With Elderly Hip Fracture Patinets, AMERICAN JOURNAL OF PSYCHIATRY, 148, 1991).

Y en pacientes con fallo renal crónico que estaban recibiendo diálisis, aquéllos a los que se le diagnosticó depresión grave tenían más posibilidades de morir dentro de los dos años posteriores; la otra depresión fue un pronosticador más decisivo de muerte que ninguna otra señal médica. (Howard Burton et al., 'The Relationship of Depression to Survival in Chronic Renal Failure', PSYCHOSOMATIC MEDICINE, marzo de 1986).

Aquí, la ruta que conecta la emoción con el nivel médico no era biológica sino referida a la actitud: los pacientes deprimidos eran mucho más incumplidores de su régimen médico, por ejemplo, no respetaban las dietas, lo cual los colocaba en un mayor riesgo.

La enfermedad cardíaca también parece exacerbarse por la depresión. En un estudio de 2.832 hombres y mujeres de edad mediana a los que se controló durante doce años, los que tenían una sensación de quejosa desesperación e impotencia presentaban un índice elevado de muerte por enfermedad cardíaca. (Robert Anda et al., 'Depressed Affect, Hopelessness, and the Risk of Ischemic Heart Disease ina Cohort of  U.S. Adults', EPIDEMIOLOGY, julio de 1993).

Y para el tres por ciento, aproximadamente, que estaba muy deprimido, el índice de muerte por enfermedad cardíaca -comparado con el índice de aquellos que no tenían sentimientos de depresión- era cuatro veces mayor.

La depresión parece plantear un riesgo médico especialmente grave para los sobrevivientes del ataque cardíaco. (Nancy Frasure-Smith et al., 'Depression Following Myocardial Infarction', JOURNAL OF THE AMERICAN MEDICAL ASSOCIATION, 20 de octubre de 1993).

También se ha descubierto que la depresión complica la recuperación de una fractura de cadera. En un estudio en el que participaron ancianas aquejadas de fractura de cadera, varios miles fueron evaluadas psiquiátricamente al ingresar en el hospital. Las que estaban deprimidas tenían una lesión comparable pero no estaban deprimidas, y tenían sólo un tercio de probabilidades de volver a caminar. Pero las mujeres deprimidas que recibieron ayuda psiquiátrica para su depresión, junto con otros cuidados médicos necesitaron menos terapia física para volver a caminar y fueron rehospitalizadas en menos ocasiones en los tres meses posteriores a su regreso a casa.

Aunque la depresión puede no hacer a la gente más vulnerable a la enfermedad, sí parece impedir la recuperación médica y elevar el riesgo de muerte, sobre todo en pacientes más frágiles que padecen enfermedades más graves.

 

8. Más allá de las anécdotas médicas, las pruebas de la importancia clínica de las emociones han ido aumentando incesantemente. Tal vez los datos más evidentes de la importancia médica de la emoción surgen de un análisis que combina resultados de 101 estudios en uno solo más amplio, de varios miles de hombres y mujeres. El estudio confirma que las emociones perturbadoras son malas para la salud, hasta cierto punto. Este amplio análisis de estudios utilizó 'meta-análisis', en los que los resultados de muchos estudios más reducidos pueden combinarse estadísticamente en uno a gran escala. Esto permite que los efectos que quizá no aparezcan en un estudio determinado se detecten más fácilmente debido al mayor número total de personas sometidas a estudio). Se descubrió que las personas que experimentaban ansiedad crónica, prolongados períodos de tristeza y pesimismo, tensión continua u hostilidad incesante, cinismo o suspicacia implacables, tenían el doble de riesgo de contraer una enfermedad, incluidas asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras pépticas y problemas cardíacos (cada una de ellas representativa de categorías amplias de enfermedad). Esta magnitud hace que las emociones perturbadoras sean un factor de riesgo tan dañino como lo son, por ejemplo, el hábito de fumar o el colesterol elevado para los problemas cardíacos: en otras palabras, una importante amenaza a la salud. (Emociones tóxicas: Howard Friedman y S. Boothby-Kewley, 'The Disease-Prone Personality: A Meta-Analytic View', AMERICAN PSYCHOLOGIST, 1987).

Por supuesto, este es un vínculo estadístico de carácter general y en modo alguno indica que todos aquellos que tengan estos sentimientos crónicos serán presas más fáciles de la enfermedad. Pero hay muchas más pruebas del papel importante de la emoción en la enfermedad que las que brinda este estudio de estudios. Si hacemos un análisis más detallado de los datos acerca de emociones específicas, sobre todo las tres más importantes -la ira, la ansiedad y la depresión-, quedan más claras algunas formas específicas en que los sentimientos tienen importancia médica, aunque los mecanismos biológicos mediante los que estas emociones ejercen su efecto aún deben ser comprendidos.

(Los escépticos afirman que la imagen emocional ligada a índices más elevados de enfermedad es el perfil del neurótico por antonomasia -una ruina emocional, ansiosa, deprimida y furiosa- y que los niveles más elevados de enfermedad de los que informan se deben no tanto a un hecho médico como a la tendencia a gemir y quejarse de los problemas de salud, exagerando su gravedad. Pero Friedman y oros afirman que el peso de la evidencia con respecto al vínculo emoción-enfermedad es el que soporta la investigación en la que son las evaluaciones que el médico hace de los signos visibles de enfermedad y las pruebas médicas -no las quejas de los pacientes- lo que determina el nivel de malestar... una base más objetiva. Por supuesto, existe la posibilidad de que la aflicción aumentada sea el resultado de un estado de salud, así como que aquella la provoque ; por esa razón, los datos más convincentes surgen de estudios probables en los que los estados emocionales son evaluados antes del inicio de la enfermedad).

 

9. La ansiedad -la perturbación provocada por las presiones de la vida- es tal vez la emoción con mayor peso como prueba científica al relacionarla con el inicio de la enfermedad y el curso de la recuperación. Cuando la ansiedad nos ayuda a prepararnos para enfrentarnos a algún peligro (una supuesta utilidad en evolución), nos ha prestado un buen servicio. Pero en la vida moderna, es más frecuente que la ansiedad sea desproporcionada y esté fuera de lugar; la perturbación se produce ante situaciones con las que debemos vivir o que son evocadas por la mente, no por peligros reales que debemos enfrentar. Los ataques de ansiedad repetidos señalan niveles de estrés elevados. La mujer cuya preocupación constante le provoca un problema gastrointestinal es un ejemplo típico de cómo la ansiedad y el estrés agudizan los problemas médicos.

En un estudio aparecido en 1993 en ARCHIVES OF INTERNAL MEDICINE donde hace un profundo análisis del vínculo estrés-enfermedad, Bruce McEwen -psicólogo de Yale- señaló una amplia gana de efectos : la alteración de la función inmunológica hasta el punto de que puede acelerar la metástasis de cáncer ; el aumento de la vulnerabilidad a las infecciones virales; el exarcebar la formación de placa que conduce a la aterioesclerosis y la coagulación sanguínea que provoca el infarto de miocardio ; la aceleración del inicio de la diabetes de Tipo I y el curso de la diabetes de Tipo II, y el empeoramiento y desencadenamiento de los ataques de asma. (Estrés y metástasis: Bruce McEwen y Eliot Stellar, 'Stress and the Individual : Mechanisms Leading To disease', ARCHIVES OF INTERNAL MEDICINE, 153, sept. De 1993. El estudio descripto es de M. Robertson y J. Ritz, 'Biology and Clinical Relevance of Human Natural Killer Cells', BLOOD, 76, 1990).

El estrés también puede provocar la ulceración del aparato gastrointestinal, ocasionando síntomas de la colitis ulcerosa y de la inflamación intestinal. El cerebro mismo es susceptible a los efectos a largo plazo del estrés prolongado, incluido el daño al hipocampo y por lo tanto a la memoria. En general, dice McEwen, 'cada vez existen más pruebas de que el sistema nervioso está sujeto a un 'desgarramiento' como resultado de las experiencias que provocan estrés.

Pruebas especialmente claras del impacto médico de la aflicción han surgido de estudios sobre enfermedades infecciosas tales como resfríos, gripes y herpes. Estamos constantemente expuestos a estos virus, pero normalmente nuestro sistema inmunológico los combate, sin embargo, con el estrés emocional esas defensas fallan a menudo. En experimentos en los que la resistencia del sistema inmunológico ha sido evaluada directamente, se ha descubierto que el estrés y la ansiedad se debilitan, pero en la mayoría de esos resultados no está claro si el alcance del debilitamiento inmunológico tiene importancia clínica, es decir, si es suficiente para abrir el camino a la enfermedad. El estrés debilita el sistema inmunológico: por ejemplo, en el estudio de los estudiantes de medicina que se enfrentaban al estrés de los exámenes, no sólo mostraban una disminución del control inmunológico del virus del herpes, sino también una reducción de la capacidad de sus glóbulos blancos para matar células infectadas, además de un aumento en los niveles de una sustancia química asociada con la supresión de la capacidad inmunológica de los linfocitos, los glóbulos blancos esenciales para las respuestas inmunológicas. (Ronald Glaser y Janice Kicolt-Glaser, 'Stress-Associated Depression in Cellular Immunity', BRAIN, BEHAVIOR AND IMMUNITY, 1, 1987).

En la mayoría de estos estudios que muestran un debilitamiento de las defensas inmunológicas con el estrés, no ha quedado claro que esos niveles fueran lo suficientemente bajos para provocar riesgo médico. Por ese motivo, las relaciones científicas del estrés y la ansiedad con la vulnerabilidad médica surgen de estudios a futuro: aquellos que empiezan con personas sanas y primero controlan un aumento de la aflicción seguida por un debilitamiento del sistema inmunológico y el inicio de la enfermedad.

En uno de los estudios más decisivos desde el punto de vista científico, Sheldon Cohen, psicólogo de la Carnegie-Mellon University, que trabajó con científicos en una unidad especializada de investigación sobre el resfrío, en Sheffield, Inglaterra, evaluó cuidadosamente la cantidad de estrés que esas personas sentían en su vida, y luego los expuso sistemáticamente a un virus del resfrío. No todas las personas expuestas de esa forma contraen el resfrío ; un sistema inmunológico robusto puede -y lo logran constantemente- resistir al virus del resfrío. Cohen descubrió que cuanto más estrés había en sus vidas, más probabilidades tenían de contraer un resfrío. Entre aquellos que tenían poco estrés, el 27% contrajo el resfrío después de quedar expuesto al virus; entre aquellos que más estrés padecían, contrajo el resfrío un 47%, prueba evidente de que el estrés en sí mismo debilita el sistema inmunológico. Aunque puede ser uno de esos resultados científicos que confirman lo que todo el mundo ha observado o supuesto todo el tiempo, está considerado como uno de los resultados decisivos debido a su rigor científico. (Sheldon Cohen et al., 'Psychological Stress and Susceptibility to the Common Cold', NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE, 325, 1991).

Del mismo modo, las parejas casadas que durante tres meses llevaron listas diarias de peleas y episodios perturbadores como peleas matrimoniales mostraron una pauta marcada: tres o cuatro días después de una serie especialmente intensa de preocupaciones, cayeron enfermos de un resfrío o una infección del aparato respiratorio superior. Ese período es precisamente el tiempo de incubación de muchos virus comunes del resfrío, lo que sugiere que estar expuestos mientras tenían las mayores preocupaciones y trastornos los hizo especialmente vulnerables. (Preocupaciones diarias e infección : Arthur Stone et al., 'Secretory IgA as a Measure of Immunocompetence', JOURNAL OF HUMAN STRESS, 13, 1987).

En otro estudio, 246 esposos, esposas e hijos llevaban diarios de la vida familiar durante la época de los resfríos. Aquellos que sufrían las mayores crisis familiares también tenían el más elevado índice de resfríos, tanto cuando se medía por los días de fiebre como por los niveles de anticuerpos del resfrío. (R. D. Clover et al., 'Family Functioning and Stress as Predictors of Influenza B Infection', JOURNAL OF FAMILY PRACTICE, mayo de 1989).

 

10. La misma pauta estrés-infección sirve para el virus del herpes: tanto el tipo que provoca llagas en el labio como el tipo que origina lesiones genitales. Cuando la gente ha quedado expuesta al virus del herpes, este permanece latente en el organismo y se manifiesta de vez en cuando. La actividad del virus del herpes puede ser rastreada por los niveles de anticuerpos del mismo que hay en la sangre. Utilizando esta medición, la reactivación del virus del herpes se ha encontrado en estudiantes de medicina que se encuentran rindiendo exámenes de fin de año, en mujeres recién separadas, y entre personas que se encuentran sometidas a una presión constante debido al cuidado de un miembro de la familia que padece el mal de Alzheimer. (Aparición del virus del herpes y estrés : una serie de estudios llevados a cabo por Ronald Glaser y Janice Kiecolt-Glaser, 'Psychological Influences on Immunity', AMERICAN PSYCHOLOGIST, 43, 1988).

La relación entre el estrés y la actividad del herpes es tan fuerte que ha quedado demostrada en un estudio de sólo diez pacientes, utilizando como medida la aparición real de las llagas del herpes; cuanto más elevados eran los niveles de ansiedad, discusiones y estrés registrados por los pacientes, más probabilidades tenían de sufrir herpes en las semanas siguientes; los períodos de placidez en su vida llevaban al herpes a un estado de latencia. (H. E. Schmidt et al., 'Stress as a Precipitating Factor in Subjects With Recurrent Herpes Labialis', JOURNAL OF FAMILY PRACTICE, 20, 1985).

El precio de la ansiedad no sólo es que disminuye la respuesta inmunológica; otra investigación ha mostrado efectos adversos en el sistema cardiovascular. Mientras la hostilidad crónica y los episodios repetidos de ira parecen poner a los hombres en un gran riesgo de enfermedad cardíaca, las emociones más mortales en las mujeres pueden ser la ansiedad y el temor. En una investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford con más de mil hombres y mujeres que habían sufrido un primer ataque cardíaco, las mujeres que sufrieron un segundo ataque presentaban elevados niveles de temor y ansiedad. En muchos casos, el temor adoptó la forma de fobias paralizantes : después de su primer ataque cardíaco, los pacientes dejaron de manejar vehículos, abandonaron el trabajo y evitaron las salidas. (Carl Thoreson, presentado en el Congress of Behavioral Medicine, celebrado en Uppsala, Suecia, julio de 1990).

La ansiedad también puede jugar un papel importante en volver a algunos hombres más vulnerables a la enfermedad cardíaca. En un estudio llevado a cabo en la facultad de medicina de la Universidad de Alabama se estudió el perfil emocional de 1.123 hombres y mujeres entre los cuarenta y cinco y los setenta y siete años. Los hombres más proclives a la ansiedad y a la preocupación durante la edad mediana, cuando se los estudió veinte años más tarde tenían muchas más probabilidades que los demás de sufrir hipertensión. (Abraham Markowitz et al., JOURNAL OF THE AMERICAN MEDICAL ASSOCIATION, nov. de 1993).

Los insidiosos efectos físicos del estrés mental y la ansiedad -del tipo de los producidos por los trabajos que suponen una presión elevada, o por una vida sometida a presiones elevadas como la de una madre soltera que hace malabarismos con los cuidados del hijo y el trabajo -son localizados en un nivel anatómicamente sutil. Por ejemplo, Stephen Manuck, psicólogo de la Universidad de Pittsburgh, estudió a treinta voluntarios durante una rigurosa prueba en la que sometió a un alto nivel de ansiedad mientras controlaba la sangre de los hombres probando una sustancia segregada por las plaquetas sanguíneas, llamada trifosfato adenosina (TFA) que puede provocar cambios en los vasos sanguíneos que conducir a ataques cardíacos y de apoplejía. Mientras los voluntarios se encontraban bajo ese intenso estrés, su nivel de TFA se elevó bruscamente, lo mismo que su ritmo cardíaco y su presión sanguínea.

Como es comprensible, los riesgos de salud parecen mayores para aquellos cuyos trabajos suponen una 'tensión' elevada: tener exigencias de una gran presión en el desempeño mientras se tiene poco o ningún control acerca de cómo hacer el trabajo (una situación que, por ejemplo, provoca un alto índice de hipertensión en los conductores del transporte colectivo de pasajeros). Por ejemplo, en un estudio de 569 pacientes de cáncer de colon y recto y un grupo de control, aquellos que decían que en los diez años anteriores habían experimentado serias exasperaciones en el trabajo tenían cinco veces y media más probabilidades de haber desarrollado el cáncer comparados con aquellos que no sufrían ese tipo de tensión. (Joseph C. Courtney et al., 'Stressful Life Event and the Risk of Colorectal Cancer', EPIDEMIOLOGY, sept. de 1993).

 

11.  Muchas investigaciones médicas muestran que nuestras predisposiciones emocionales afectan nuestra esperanza de vida, nuestra inmunidad al cáncer, nuestra respuesta a la cirugía y también nuestra resistencia al estrés. Tomemos como situación básica el modo en que consideramos nuestra salud. Algunas personas son mártires de la enfermedad y consideran que tienen un nivel de salud inferior al promedio. Otros creen que sus problemas de salud son leves y consideran que tienen buena salud. Esta diferencia de perspectiva por sí misma es suficiente para influir sobre nuestra futura esperanza de vida. Esto se demostró cuando más de 3500 ancianos de Manitoba, Canadá, participaron en un estudio que se prolongó a lo largo de siete años. Al comienzo del proyecto, a los participantes se les pidió que evaluaran su propio estado de salud. 'Para su edad', se les preguntó, '¿usted diría, en general, que su salud es excelente, buena, regular, deficiente o mala ?' Al mismo tiempo se realizó una evaluación objetiva de su salud sobre la base de historias clínicas hospitalarias e informes realizados por su médico de cabecera. Al finalizar el estudio después de siete años, se encontró que las autoevaluaciones iniciales eran una señal más precisa de quién viviría y quién habría muerto que los pronósticos 'científicos' de los médicos. Quienes consideraban que su salud era mala mostraron una tasa de mortalidad tres veces superior a la de quienes opinaban que salud era excelente. Aun en los casos en que los médicos encontraron que los 'optimistas con respecto a su salud' estaban en condiciones deficientes, tuvieron un índice de supervivencia superior al promedio.

Obviamente, lo que tenía importancia primordial no era lo que los médicos pensaban sobre su salud, sino lo que ellos pensaban sobre su estado de salud en ese momento y sus expectativas futuras. En cuanto a la longevidad, el experimento de Manitoba reveló que es mejor ser un enfermo optimista que un pesimista sano. La actitud positiva con respecto a la salud, mostró esta investigación, es el determinante único más importante de la esperanza de vida -a excepción de la edad. (Dr. Donald Norfolk, 'Mens Sana', Mc Graw-Hill, 1991).

 

12. Los dermatólogos han observado que las enfermedades de piel prevalecen en los pacientes que alientan resentimiento, autocompasión, frustración, ansiedad, culpa y disgusto consigo mismos. Durante años podemos suprimir nuestras emociones negativas, pero finalmente brotan como burbujas supurantes y encuentran alivio en síntomas físicos. De acuerdo con nuestras debilidades y predisposiciones naturales, esta conversión de energía nerviosa puede dar origen a enfermedades de piel psicosomáticas, dolores de cabeza, alteraciones intestinales, reumatismo, ataques cardíacos o cáncer. Las personas que habitualmente se irritan por problemas emocionales y permiten que 'queden bajo su piel', pueden resultar con problemas que en algún momento brotan como lesiones irritantes en la superficie de su cuerpo.

Los cardiólogos han demostrado que los ataques cardíacos son particularmente comunes en individuos agresivos, competitivos y obsesionados por el tiempo.

Los gastroenterólogos han observado una relación similar entre las actitudes emocionales y las enfermedades intestinales y estomacales. Con frecuencia se encuentra que las úlceras pépticas están asociadas a la ansiedad o a la hostilidad reprimida. Los estados de ansiedad prolongados son, obviamente, dañinos para el estómago, así como para otros órganos.

Los especialistas en cáncer han aportado más contribuciones para esbozar la actitud mental ideal. El Dr. Lawrence LeShan, un  psicoterapeuta clínico, analizó las historias de vida de más de 500 pacientes de cáncer. Su investigación, descripta en YOU CAN FIGHT FOR YOUR LIFE, reveló un estrecho vínculo entre la depresión y la angustia y la aparición del cáncer. Muchos pacientes se sentían vencidos por la ruptura de relaciones muy estrechas, contrariedades emocionales que habían intentado ocultar por todos los medios. Como resultado llevaban una vida caracterizada por sentimientos encubiertos de angustia reprimida, un estado de ánimo que alteró su equilibrio neurohormonal y probablemente tuvo un efecto adverso sobre su respuesta inmunológica.

 

13. Kiecolt-Glaser y Glaser (1991) desarrollaron un estudio de interacción matrimonial: partiendo de la base de que una relación matrimonial que tiene roces, insatisfacción, malestar, puede provocar alteraciones fisiológicas persistentes. Partieron de una investigación donde encontraron que la insatisfacción matrimonial se correlacionó con peor función inmune, depresión y soledad. Pero podría suceder que la población más depresiva viera a su matrimonio como más disfuncional y su depresión podría empeorar las alteraciones inmunológicas.

Tomaron parejas recientemente casadas, sin hijos; descartaron problemas de salud que pudieran afectar la respuesta endócrina o inmune. También descartaron abusos de sustancias, alcohol, cafeína, tabaco y exceso de peso. Excluyeron a los que presentaban antecedentes psiquiátricos de tipo psicótico, depresivo o de ansiedad. Con lo cual la muestra estaba controlada para actividad física, dieta, ingesta de café y también tomaron a las mujeres en la fase folicular del ciclo menstrual. Se evaluaron las respuestas psicológicas a un estresor del tipo de una entrevista de treinta minutos de duración para discutir problemas de matrimonio y se las correlacionó con los niveles de activación autonómica (adrenalina y noradrenalina) y endócrina ACHT y PRL (prolactina) e inmune. Se encontró que las conductas más hostiles y negativas correlacionaban con niveles bajos de actividad NK, de respuesta disminuida a la proliferación con mitógenos y con disminución de la respuesta a un anticuerpo monoclonal al receptor  T-3. Tenían niveles más altos de títulos de anticuerpos al virus de Epstein-Barr. Estos individuos mostraban más alteraciones en la presión arterial en sus cifras y en su duración, mayores niveles de NorA y de cortisol. Se vio una afectación mayor en las mujeres y en las conductas más hostiles y negativas se asociaron con mayores alteraciones fisiológicas.

Kiecolt-Glaser et al. (1994) también han desarrollado una numerosa serie de estudios en estudiantes de medicina, evaluando la función inmune y el estrés del examen. Encontraron una reducción de la actividad de las células NK en el momento del examen, reducción de los porcentajes de células T helper, disminución de la proliferación linfocitaria y los títulos de anticuerpos al virus de Epstein Barr se hallaron incrementados. Esto último se interpreta como una inhibición de los mecanismos inmunes que normalmente suprimen el virus, al estar el individuo expuesto al virus aumenta el título de anticuerpos. También se encontraron con importantes evidencias de efectos inmunológicos del distrés psicológico a escala molecular. Evaluaron los procesos de reparación del DNA en los linfocitos expuestos a rayos X (in vitro) en pacientes psicóticos con mayores y menores niveles de distrés. Encontraron significativas diferencias en la reparación de DNA con menores niveles de reparación en los individuos con niveles más altos de distrés. La autora sugiere que esta pobre reparación del DNA puede contribuir a la patogénesis ya que puede ser relacionada con una mayor incidencia de cáncer. Más aún si a esto se asocia una disminución de la actividad NK. (J. Kiecolt-Glaser, R. Glase, W . Malarkey y J. Cacioppo, 'Stressful Personal Relationships : Immune and Endocrine Function', en J. Kiecolt-Glaser y R : Glaser (eds.), HANDBOOK OF HUMAN STRESS AND IMMUNITY, Nueva York, Academic Press).

Kiecolt-Glaser et. al, utilizaron técnicas de relajación y de hipnosis para reducir el distrés asociado con los exámenes y demostraron que aquéllos que usaban las técnicas de relajación tenían una afectación menor de la respuesta inmune. Estos estudios se repitieron en población de tercera edad, internada en geriátricos ; se reportaron mejores índices de respuesta inmune y menores niveles de distrés, utilizando técnicas de reducción del mismo. (J. Kiecolt Glaser y R. Glaser, 'Stress and Immune Function in Humans', en Ader, Cohen y Felten, PSYCHONEUROIMMUNOLOGY, Nueva York, Academic Press, 1991).

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