Vivir
conscientemente
Hay
dos palabras que describen inmejorablemente lo que podemos hacer para
aumentar nuestra autoestima, es decir, para generar más confianza en
nosotros mismos y respetarnos más. Estas son: vivir conscientemente.
El problema es que esta frase quizá resulte demasiado abstracta para
algunas personas; no se traduce de manera auto evidente en una acción
mental y/o física. Y si deseamos crecer, necesitamos saber qué hacer.
Necesitamos aprender nuevas conductas. De modo que debemos
preguntar: si tratáramos de vivir más conscientemente ¿cómo y en que
aspectos actuaríamos de manera diferente?
La
mente es nuestro medio de supervivencia fundamental. Todos nuestros
logros específicamente humanos son el reflejo de nuestra capacidad de
pensar. Una vida llena de éxitos depende del uso adecuado de la
inteligencia, es decir, adecuada a las tareas y objetivos que nos
proponemos y a los desafíos con que nos enfrentamos. Este es el hecho
biológico central de nuestra existencia.
Pero
el uso adecuado de nuestra conciencia no es automático; más bien, es
una elección. Tenemos libertad de obrar en pro de la ampliación o la
limitación de la conciencia. Podemos aspirar a ver más o a ver menos.
Podemos desear saber o no saber. Podemos luchar para obtener claridad o
confusión. Podemos vivir conscientemente, o semiconscientemente, o (para
casi todos los fines prácticos) inconscientemente. Éste es, en
definitiva, el significado del libre albedrío.
Si nuestra vida y nuestro bienestar dependen del uso adecuado de la
conciencia, la importancia que le otorguemos a la visión, prefiriéndola
a la ceguera, es el componente más importante de nuestra auto confianza y
nuestro autor respeto. Será difícil que podamos sentirnos competentes en
la vida si vagamos (en el trabajo, en el matrimonio o en la relación con
los hijos) en medio de una niebla mental autoprovocada. Si traicionamos
nuestro medio fundamental de supervivencia tratando de existir de forma
irreflexiva, la impresión que nos formamos de nuestros propios méritos
queda perjudicada en la misma medida, con independencia de la aprobación
o desaprobación de los demás. Nosotros conocemos nuestros defectos, los
conozcan o no los otros. La autoestima es la reputación que adquirimos
con respecto a nosotros mismos.
Mil veces por día debemos
elegir el nivel de conciencia en el cual funcionaremos. Mil veces por día
debemos elegir entre pensar y no pensar. Gradualmente, con el tiempo,
adquirimos una noción de la clase de persona que somos, según cuales
sean las elecciones que hagamos, la racionalidad y la integridad que
mostremos. Esa es la reputación a la que me refiero.
Cuanto
más inteligentes somos, mayor es nuestra capacidad de conocimiento, pero
el principio de vivir conscientemente sigue siendo el mismo, sea cual
fuere el nivel de inteligencia. Vivir conscientemente significa conocer
todo lo que afecta a nuestras acciones, objetivos, valores y metas, y
comportarnos de acuerdo con aquello que vemos y sabemos.
En
cualquier situación, vivir conscientemente significa generar un estado
mental adecuado a la tarea que se realiza. Conducir un coche, hacer el
amor, escribir la lista de la compra, estudiar un balance, meditar, todo
ello requiere estados mentales diferentes, distintos tipos de procesos psíquicos.
En lo referente a cuestiones de funcionamiento mental, el contexto
determina qué es lo adecuado. Vivir conscientemente significa hacerse
responsable del conocimiento adecuado a la acción que estamos efectuando.
Esto, sobre todo, es el fundamente de la autoconfianza y el autorrepesto.
La
autoestima, pues, depende, no de las características con las que nacemos,
sino del modo en que usemos nuestra conciencia, de las elecciones
que hagamos con respecto al conocimiento, la honestidad de nuestra relación
con la realidad y el nivel de nuestra integridad. Una persona de gran
inteligencia y gran autoestima no se sentirá más adecuada a la
vida o más merecedora de felicidad que otra persona con gran
autoestima y una inteligencia modesta.
Vivir
conscientemente implica respeto por los hechos de la realidad -los
hechos de nuestro mundo interior así como los del mundo exterior-, en
contraste con una actitud equivalente a decir: "Si yo no quiero verlo o
considerarlo, esto no existe". Vivir conscientemente es vivir responsablemente
para con la realidad. Lo cual no significa que tenga que gustarnos lo
que vemos, sino que debemos reconocer lo que es y lo que no es, y que los
deseos o los miedos o los rechazos no alteran los hechos.
Al
considerar los ejemplos precedentes, analice los resultados que implica el
hecho de vivir conscientemente, en contraposición a los que produce el
vivir inconscientemente:
Pensar,
aunque resulte difícil, contra no pensar.
El
conocimiento, aun cuando sea un desafío, contra el desconocimiento.
La
claridad, se obtenga o no con facilidad, contra la oscuridad o la
vaguedad.
El
respeto por la realidad, ya sea agradable o dolorosa, contra la huida de
la realidad.
El
respeto por la verdad contra el rechazo de la verdad.
La
independencia contra la dependencia.
La
actitud contra la actitud pasiva.
La
voluntad de correr riesgos adecuados, aunque despierten miedo, contra la
falta de voluntad.
La
honestidad con uno mismo contra la deshonestidad.
Vivir
en el presente y de acuerdo con él, contra replegarse en la fantasía.
Enfrentarse
a uno mismo contra evitarse a uno mismo.
La
voluntad de ver y corregir los errores, contra la perseverancia en el
error.
La
razón contra el irracionalismo.
Uno de
los puntos más importantes del vivir conscientemente es la independencia
intelectual. Una persona no puede pensar a través de la mente de otra.
Podemos aprender de los demás, pero el verdadero conocimiento implica
comprensión, y no se trata de la mera repetición o imitación. Tenemos
dos alternativas: ejercitar nuestra propia mente, o delegar en otros la
responsabilidad del conocimiento y la evaluación y aceptar sus veredictos
de manera más o menos incondicional.
Por
supuesto, a veces los demás influyen en nosotros de modos que no
reconocemos; pero esto no altera el hecho de que existe una distinción
entre los que tratan de comprender las cosas por si mismos, y los que no
lo hacen. Lo decisivo a este respecto es nuestra intención, nuestra meta.
Como política general, ¿intenta usted pensar por sí mismo? ¿Es
esa su orientación básica?
Hablar
de "pensar de forma independiente" es útil porque la redundancia
tiene valor en términos de énfasis. A menudo la gente llama "pensar"
al mero reciclaje de las opiniones ajenas, no al verdadero pensamiento.
Pensar con independencia -sobre nuestro trabajo, nuestras relaciones,
los valores que guiaran nuestra vida- es parte de lo que se quiere
decir con "vivir conscientemente".
La
independencia es una virtud de la autoestima.
Al
repasar los casos citados, tal vez usted desee preguntar: ¿acaso la gente
que vive conscientemente no tiene, ya, una buena autoestima, y la que vive
conscientemente carece de ella? ¿cómo puede, entonces, el vivir
conscientemente ser la base de la autoestima?
Nos
encontramos aquí con lo que llamo el principio de la causalidad
reciproca. Con ella quiero decir que las conductas que generan una
buena autoestima son también expresiones de una buena autoestima, y las
conductas que son expresiones de una buena autoestima son también
generadoras de una buena autoestima. Vivir conscientemente es a la vez
causa y efecto de la autoconfianza y el autorrespeto.
Cuanto
más conscientemente vivo, más fe tengo en mi mente y más respeto mi
valor. Cuanto más fe tengo en mi mente y más respeto a mi valor, más
natural me resulta vivir conscientemente. Esta misma relación existe
entre todas las conductas que sirven de apoyo a la autoestima.
¿Puede usted aislar las áreas de su vida en la
que obra con mayor conciencia? Empleando como guía el material de esta
sección, escriba dos listas. Es un excelente modo de profundizar su
comprensión de que significa para usted vivir conscientemente.
Ahora
supongamos que usted identifica tres áreas en las cuales reconoce que su
nivel medio de conciencia es mucho menor que lo que debería ser. Trate de
ver por qué le resulta difícil lograr en estas áreas un alto nivel de conciencia. Luego, para cada una de esas áreas, escriba: "La
dificultad de permanecer plenamente consciente en esto reside en...", y
luego, lo más rápido posible, sin censurarse o "pensar", complete la
oración empleando de seis a diez terminaciones diferentes. Luego haga lo
mismo con: "Lo bueno de ser plenamente consciente en esto es...";
luego siga con: "Si yo permaneciera plenamente consciente en esto...".
Es probable que haga algunos descubrimientos esclarecedores. Ya con el
solo hecho de efectuar este ejercicio, vivirá usted más conscientemente.
Por
ultimo, reflexione un poco sobre el día de mañana, y sobre los próximos
siete días de su vida. Considere cómo puede aplicar estas ideas a sus
intereses diarios. Si, por ejemplo, decide ser más consciente en su
trabajo, ¿qué es lo que podría hacer e manera diferente? Si elige ser más
consciente en una o más de sus relaciones afectivas, ¿qué
cambiaria en su conducta? Si desea desarrollar su confianza y respeto por
sí mismo, comience ahora. Identifique tres nuevas conductas dentro del ámbito
de su trabajo y de sus relaciones, respectivamente, en las que pueda
practicar esta semana... y comprométase a experimentarlas.
Y
siga trabajando durante los próximos siete días, y las siguientes, para
ampliar más su conciencia, paso a paso. En lo que concierne a elevar la
autoestima, no evolucionamos a pasos de gigantes, sino comprometiéndonos
en la acción a avanzar poco a poco, paso tras paso, inflexiblemente,
hacia un horizonte en constante expansión.
No
es que no puedan ocurrir adelantos y transformaciones extraordinarios Esto
puede suceder, pero no a aquellos que esperan con una actitud de vacía
pasividad. Debemos actuar, y debemos comenzar a partir del punto en que
nos hallamos. Un pequeño movimiento en dirección a una conciencia más
elevada abre la puerta a otro, y a otro. No importa en qué punto
empecemos; sólo importa que asumamos la responsabilidad de empezar.
Aprender a aceptarse