|
CÓMO MEJORAR
LA AUTOESTIMA
MANUAL PRÁCTICO
Basado en las
Investigaciones de Nathaniel
Branden

La
técnica de completar oraciones
Una poderosa herramienta para cultivar el autoconocimiento, la autoaceptación
y el desarrollo personal es la técnica de completar oraciones, sobre la que
he hablado en dos libros anteriores. If You Could Hear What I Cannot Say
(Si pudieras oír lo que no puedo decir) y To See What I
See and Know What I know (Ver lo que veo y saber lo que sé).
Aquí puede servirnos una versión de esa técnica. Solo se necesitan un
cuaderno y un bolígrafo.
Al comienzo
de una hoja en blanco escriba una de las oraciones incompletas, o principios
de oraciones, que proporciono más adelante. Escríbalas por su orden. Después
de haber reproducido una de ellas al comienzo de la página, escriba de seis
a diez finales lo más rápido que pueda. No se preocupe porque las
terminaciones sean literalmente ciertas, o si una se opone a otra. Ninguna
de ellas quedará escrita en piedra; son sólo un ejercicio, un experimento.
Quizás
pretenda autoconvencerse de que no puede hacerlo. Yo le aseguro que sí
puede. He enseñado esta técnica a miles de personas y algunas siempre
empiezan diciendo: "No puedo".y luego se ponen a hacerlo.
Al comienzo
de la primera pagina, escriba:
A veces, al pensar en mi vida, apenas puedo creer
que en una época yo... Ahora escriba de seis a diez
finales para esta oración. ¡Adelante!
Luego, en la
pagina siguiente, escriba: Para
mi no es fácil admitir que..., y agregue sus finales.
Después, en
la otra página, escriba: No me resulta fácil
aceptarme cuando yo..., complételo.
A continuación:
Una
de mis emociones que me cuesta aceptar es...
Una
de mis acciones que me cuesta aceptar es...
Uno
de los pensamientos que tiendo a alejar de mi mente es..
Una
de las cosas de mi cuerpo que me cuesta aceptar es..
Si
yo aceptara más mi cuerpo...
Si
aceptara más las cosas que he hecho...
Si
aceptara más mis sentimientos...
Si
fuera más honesto acerca de mis deseos y necesidades...
Lo
que me asusta de aceptarme a mí mismo es...
Si
otras personas vieran que me acepto más...
Lo
bueno de no aceptarme podría ser...
Comienzo
a darme cuenta de que...
Comienzo
a sentir...
A
medida que aprendo a dejar de negar lo que experimento...
A
medida que respiro profundamente y me permite experimentar la
autoaceptación...
Advertencia: si
usted se limita a leer estas palabras y no realiza efectivamente el
ejercicio tal y como se lo he descrito, se perderá ciertos descubrimientos
que yo no podré proporcionarle.
Confío en que
a estas alturas ya está claro por qué la autoaceptación es esencial para
lograr cambios positivos. Si me niego a aceptar el hecho de que a menudo
vivo inconscientemente, ¿cómo aprenderé a vivir más responsablemente? Si
me niego a aceptar el hecho de que a menudo vivo pasivamente, ¿cómo
aprenderé a vivir más activamente?
No puedo
superar un miedo cuya realidad niego. No puedo corregir un problema
sexual cuya existencia no admito. No puedo cambiar rasgos de mi carácter
que insisto en que no poseo. No puedo perdonarme por una acción que no
reconozco haber realizado.
Aceptarnos a
nosotros mismos es aceptar el hecho de que lo que pensamos, sentimos y
hacemos son expresiones del si-mismo en el momento en que ocurren.
Pero esto no significa que esas expresiones sean las definitivas sobre
quienes somos, a menos que las cubramos con cemento por medio de nuestras
negaciones y desestimaciones.
Permítanme
compartir otro ejemplo personal para iluminar un poco más este tema.
Hace algunos años,
mi esposa Patricia, a quien yo amaba mucho, murió. Durante largo
tiempo mi mente revisó sin cesar los diferentes aspectos de nuestra relación.
Recordaba incidentes en los que yo había sido desconsiderado o grosero, y a
veces rehuía esos recuerdos porque eran insoportablemente dolorosos. No los
negaba de una manera directa, pero tampoco los aceptaba plenamente ni permitía
que ellos y sus implicaciones fueran asimilados e integrados. Una parte de mí
mismo quedó fragmentada, alienada del resto.
Más tarde volví
a casarme, y aunque soy feliz y estoy profundamente enamorado de mi actual
esposa, Devers, vi que ciertos modelos de negligencia y falta de consideración
se repetían. Comencé a pensar en algo que yo les enseñaba a otros: que si
una persona no acepta plenamente una parte de su conducta pasada, es casi
inevitable que la repita de una forma u otra. De modo que empecé a dedicar
más tiempo a la tarea de convertir en reales para mí mismo ciertas
acciones que había realizado en mi matrimonio anterior, como por ejemplo,
no responder en alguna ocasión en que Patricia necesitaba mi comprensión o
mi ayuda, o ser sumamente impaciente, o dejarme absorber en exceso por mi
trabajo -es decir, el tipo de desconsideraciones más comunes que el amor
no nos impide automáticamente cometer-.
Revivir esos
ejemplos específicos, revisándolos detalle por detalle, fue doloroso.
Obligarme a mirar detenidamente mis acciones me resultaba a veces más
perturbador que lo que pueda expresarse en palabras, pues Patricia ya no
estaba y no había manera de hacerme perdonar esas actitudes. Pero yo sabia
que si insistía -y por supuesto, si alcanzaba la misma claridad sobre mi
conducta en mi matrimonio con Denvers- sucederían dos cosas: me sentiría más
integrado, y seria menos probable que repitiera las acciones que entonces
lamentaba.
Le invito a
considerar alguna acción suya que lamente. Trate de dejar de lado la culpa,
pero conservando la experiencia de usted mismos como autor de la acción.
Descubra cómo es aceptar que en algún momento de su vida decidió ejecutar
esa acción. ¿Cómo se siente esta forma de honestidad? ¿Qué enseña
sobre la autoestima?
Después de
aceptar el hecho de que nuestras acciones son nuestras acciones, aun queda
el tema de la evaluación; en la próxima sección hablaremos con más
profundidad sobre el proceso de evaluar esa conducta de la que nos
arrepentimos (pensando en ella e interpretando su significado) de manera que
nutra y no mine la autoestima. Pero por ahora diré esto: los errores con
los que estamos dispuestos a enfrentarnos se convierten en los peldaños de
una escalera que conduce a una autoestima más elevada.
Cualquier cosa
que podamos experimentar, podremos también desestimarla, ya sea
inmediatamente o después, en la memoria. Cualquier cosa que no se adapte al
concepto oficial que tenemos de nosotros mismos, o a nuestro sistema oficial
de creencias, o que nos despierte angustia por cualquier razón, podemos
rechazarla.
Puedo
negarme a aceptar mi sensualidad; puedo negarme a aceptar mi espiritualidad.
Puedo rechazar mi pena; puedo rechazar mi alegría. Puedo reprimir el
recuerdo de acciones de las que me avergüenzo; puedo reprimir el recuerdo
de acciones de las que me enorgullezco. Puedo negar mi ignorancia; puedo
negar mi inteligencia. Puedo negarme a aceptar mis limitaciones; puedo
rehusarme a aceptar mis potencialidades. Puedo ocultar mi flaqueza; puedo
negar mis sentimientos de odio hacia mi mismo; puedo negar mis sentimientos
de amor por mi mismo. Puedo fingir que soy más de lo que soy; puedo fingir
que soy menos de lo que soy. Puedo menospreciar mi cuerpo; puedo
menospreciar mi mente.
El problema de
la falta de autoaceptación no está de ningún modo limitado a las
"negaciones". Pueden asustarnos tanto nuestro genio, pujanza, emoción
o belleza como nuestra vacuidad, pasividad, depresión o falta de atractivo.
Nuestras desventajas plantan el problema de la ineptitud; nuestras ventajas,
el desafió de la responsabilidad.
Nuestros
puntos fuertes o virtudes pueden hacernos sentir solos, alienados,
marginados del grupo, blanco de la envidia o la hostilidad, y nuestro deseo
de pertenencia puedo superar cualquier deseo de realizar nuestro potencial más
elevado. Es bien conocido, por ejemplo, el caso de muchas mujeres que
asocian un alto nivel de inteligencia o de realización con la pérdida de
la feminidad. Puede ser necesario un gran coraje para estar dispuesto a
admitir, aun en la intimidad de nuestra mente: "Yo puedo hacer cosas que
otros no parecen capaces de hacer". O: "Soy más inteligente que el
resto de mi familia". O: "Soy sumamente atractiva". O: "Exijo de la
vida más que los que me rodean". O: "Yo veo mas profundamente y con más
claridad".
La
liberación de la culpa
|