En
los comienzos de la raza humana, antes de la evolución del lenguaje, el
hombre se comunicaba en la única forma en que era capaz de hacerlo: no
verbalmente. Los animales continúan comunicándose de este modo y
muchos de ellos son capaces de intercambiar información en una medida
mucho mayor de lo que se hubiera creído posible hasta hace muy poco
tiempo. En cierta forma, el comportamiento no verbal de los seres
humanos es notablemente parecido al de los animales, especialmente al de
los viejos primates. Nos comunicamos algunas cosas en la misma forma que
los animales; pero desde la aparición de la palabra no somos
conscientes de que lo hacemos.
Los
etólogos han comenzado recientemente a estudiar, a analizar y a
comparar los sistemas de comunicación de los hombres y de los animales.
Sus métodos y sus descubrimientos tienen cada vez más influencia sobre
otros científicos, dedicados al estudio de la comunicación no verbal.
Se ha sugerido inclusive, que este campo debería llamarse "etología
humana".
El
etólogo es esencialmente un biólogo que se interesa especialmente en
el comportamiento que lleva al animal a adaptarse al medio ambiente,
incluyendo el entorno social que comprende a otros miembros de las
especies. Cuando un etólogo vuelca su atención en el ser humano se
pregunta: ¿Hasta qué punto puede comprenderse el comportamiento del
hombre como un producto del proceso de la evolución?
La
mejor manera de estudiar la evolución del comportamiento del ser humano
es comparar las actividades del hombre con las de sus parientes más próximos
en la escala zoológica: los monos y los simios. Tenemos bastantes
conocimientos acerca de la organización social de los primates, su
ecología y sus formas de comunicación. Sorprendentemente poseemos una
escasa información similar sobre el hombre. Han sido estudiadas
exhaustivamente sus instituciones, su lenguaje, sus procesos mentales
superiores, pero sabemos muy poco respecto a su comportamiento: cómo
galantea a su pareja, forma una familia, educa a sus hijos y enfrenta a
sus semejantes.
Al
encarar el comportamiento humano, el etólogo procura describir las
actividades de todos los días. Le interesa particularmente encontrar cuáles
son las pautas de comportamiento universales del género humano, pues
piensa que éstas son las formas más antiguas, y los posibles orígenes
que guían las pautas del comportamiento del hombre primitivo o incluso
del homínido. Algunas expresiones faciales podrían estar
precodificadas en los genes que determinan la estructura del cerebro, y
en consecuencia determinar un eventual comportamiento. Cuando las
actitudes universales del hombre se encuentran también en los primates
inferiores, se considera que constituyen una evidencia adicional de su
naturaleza hereditaria. No obstante, otras pautas universales pueden ser
determinadas por la anatomía humana. Se ha establecido, por ejemplo,
que el signo simbólico de la comida es universalmente el gesto de
llevar la mano a la boca. Pero, como para todos los seres humanos la
mano y la boca están inevitablemente involucradas en el acto de comer,
este gesto que podría ser hereditario, es probable que sea simplemente
determinado por razones anatómicas.
Estudios
recientes acerca de la forma de saludarse nos proporcionan llamativos
ejemplos de ciertas pautas de conducta que comparten el hombre y el
simio. Según parece, los animales salvajes se saludan entre sí y los
simios lo hacen mediante gestos similares a los del hombre. Jane Goodal,
la famosa etóloga que convivió con chimpancés en la selva durante
largos períodos, narra que éstos algunas veces se abrazan y se besan,
y hasta llegan a rozarse los labios. También se hacen reverencias, se
estrechan las manos, y se los ha visto palmeándose la espalda en un típico
gesto de bienvenida.
Los
otólogos creen que entre los animales el saludo constituye una
ceremonia de apaciguamiento. Cuando dos de ellos se
aproximan siempre existe el peligro de un ataque físico; por lo tanto
uno o ambos harán un gesto de apaciguamiento para demostrar que no
existe una intención agresiva. Cualquier persona que dude
que el saludo cumple, una función similar entre el género humano, que
trate de no saludar a sus amigos y parientes durante una semana.
Constatará rápidamente que florecen los sentimientos heridos, el
resentimiento y el enojo. Cuando los seres humanos se saludan
inclinando la cabeza, posiblemente están indicando cierta sumisión,
similar a la que efectúan los chimpancés. El gesto de inclinar
la cabeza se encuentra en muy diversas culturas, tal como la presentación
de la palma de la mano.
El
etólogo austriaco Irenaus Eibl-Eibesfeldt considera que algunas facetas
de las pautas del saludo son realmente universales. En todas las
culturas que ha estudiado, comprobó que los amigos, al avistarse a la
distancia, se sonríen, luego si se sienten de buen humor hacen un rápido
movimiento de cejas -lo denomina un "flash"- e incluso
inclinan la cabeza. Filmó este tipo de comportamiento entre los papuanos que aún viven como en la edad de piedra, y cuyo primer
contacto con las patrullas gubernamentales ha sido tan reciente, que es
poco probable que hayan tenido posibilidades de haberlo adquirido.
Por
otra parte, existen amplias ilustraciones sobre los modos de saludar que
difieren totalmente entre una cultura y otra. Un antropólogo, Weston La
Barre, informa que entre los isleños de Andaman, en el golfo de
Bengala, los parientes o amigos que no se han visto en varias semanas se
sientan juntos, uno sobre las faldas de los otros, se rodean mutuamente
con los brazos y lloran durante varios minutos. Si se trata de marido y
mujer, el hombre se sienta sobre la falda de la mujer. Entre los Ainu de
Yezo, en el Japón, cuando un hombre se encuentra con su hermana, le
toma las manos brevemente, luego la toma de ambas orejas y emite el
tradicional grito Ainu. Luego se frotan el rostro y los hombros. Si esto
puede parecernos ridículo, consideremos cómo reaccionarían los Ainu
al ver a dos norteamericanos que se rozan cuidadosamente las mejillas
mientras besan el aire.
¿Cómo
puede explicarse que el saludo sea al mismo tiempo universal a toda la
humanidad, y específico de cada cultura? La respuesta surge si
consideramos al saludo no como un acto aislado, sino como una secuencia
de actos. La sonrisa y el "flash" de las cejas ocurren a
distancia, mientras que el tironeo de las orejas, el rozar de las
mejillas u otro gesto suceden cuando se está cerca. En realidad, un análisis
cinético sobre el saludo ha diferenciado cinco etapas sucesivas:
avistarse y reconocerse; un saludo a la distancia con un movimiento de
la mano o el "flash" de las cejas; el acercamiento; un saludo
más próximo, como el beso, y finalmente la separación momentánea.
Algunas
veces puede variar el orden. Se avista a una persona; se la reconoce; se
la aproxima y luego se la saluda con la mano, por ejemplo. Otras veces,
sucede que los individuos ya están próximos y se reconocen; aun en
esos casos, realizan algo como unos pasos de danza, alterando sus
posiciones y posturas durante una etapa de aproximación estacionaria.
Pero la secuencia del saludo inevitablemente termina con un movimiento
de retroceso y la forma en que éste se realiza puede ser significativa.
Ambos individuos pueden girar sus cuerpos al separarse, o pueden
permanecer enfrentados; también uno de ellos puede darse vuelta
mientras el otro permanece de frente. Estos pequeños detalles
probablemente nos den un índice de la cordialidad de la relación -el
darse vuelta obviamente indica menos cordialidad que el permanecer de
frente-. Aparentemente, por la forma de saludarse, la gente deja
traslucir el tipo de relación que ha tenido en el pasado o tal vez el
que espera tener en el futuro.
El
análisis del saludo que hemos descrito fue efectuado por el Doctor Adam Kendon, un psicólogo con inclinaciones hacia la etología del
comportamiento humano. Kendon trabaja en el Hospital Estatal de Bronx,
en Nueva York, y sus estudios sobre el saludo fueron realizados en
colaboración con el Doctor Andrew Ferber, especialista en terapia
familiar del mismo hospital.
Kendon
nos previene que este estudio no es "el verdadero evangelio del
saludo", ya que se basa en el análisis de una sola película. No
obstante la película es fascinante. Comprobé esto mientras la miraba,
y escuchaba al doctor Kendon que decía que lo que estaba sucediendo era
como observar el comportamiento de animales poco familiares.
La
película fue tomada en una fiesta infantil de un niño de cinco años,
en el jardín de su casa. Nos muestra a los padres del niño saludando a
visitantes de todas las edades, que llegaban solos o en grupos. En
total, contiene setenta saludos separados, y el día que entrevisté a
Kendon, estaba ocupado analizándolos, ubicando las cinco etapas y
buscando similitudes o diferencias entre un saludo y otro.
En
la primera secuencia que Kendon me mostró, pasada en cámara lenta, las
etapas se notaban claramente. Primero el encuentro visual. Una mujer
vestida con un solero floreado, sentada bajo un árbol, se estiró
tratando de ver quién llegaba. Luego se puso de pie sonriendo pero
mostrando solamente los dientes superiores. La sonrisa
"superior", como la denominan ahora algunos etólogos británicos,
se empieza a identificar como la típica sonrisa de bienvenida.
La
mujer avanzó al encuentro de los invitados, siguiendo la etapa de
aproximación. Visto en cámara lenta, parecía deslizarse sobre el
suelo, suavemente como un globo, con el largo cabello notándole por
detrás. Exclamó "Hola" con la cabeza hacia atrás y luego la
bajó esquivando la mirada. Generalmente, me explicó Kendon, esta breve
inclinación de la cabeza sigue a un saludo a distancia.
Al
acercarse a lo que para ella representaba el límite de su jurisdicción,
se detenía y esperaba, lo hacía siempre en ese lugar cuando recibía a
los invitados. Como propietaria del terreno, mantuvo la mirada
relativamente fija, por lo general sus invitados se le aproximaron
desviando los ojos.
Al
penetrar en el territorio de otro, me explicó Kendon, rara vez se
mira al dueño directamente a los ojos; esto se podría tomar como un
desafío.
Inmediatamente
antes de llegar hasta la dueña de casa, una invitada inclinó la cabeza
visiblemente, gesto tan común en esta etapa, que Kendon lo ha bautizado
"corte en la fase previa al saludo cercano". Luego la invitada
levantó un brazo y lo cruzó frente a sí, ladeó la cabeza y sonrió.
Un psiquiatra interpretaría el gesto de cruzar el brazo frente a sí
como un gesto de defensa y tal vez sea así. A Kendon le intriga
especialmente que Jane Goodall haya observado gestos idénticos entre
los chimpancés, particularmente en los más subordinados que se
aproximan o son aproximados por uno más dominante.
Luego
la invitada extendió su mano haciendo un gesto que dejó la palma a la
vista y que nuevamente se asemejó mucho al que realizan los chimpancés.
El chimpancé de menor jerarquía ofrece la palma lánguidamente, en lo
que parece ser un gesto de pedir limosna; mientras que el animal de
mayor status la toma firmemente como para brindar confianza.
Ambas
mujeres se dieron la mano, y finalmente retrocediendo, giraron sobre sus
talones, lo que indicaría, si Kendon y Ferber están acertados, que
aquella no era una relación muy cercana.
La
película muestra asimismo, que el comportamiento del dueño de casa
difiere del de su esposa. Mientras ella toma distancia en la frontera de
su territorio, los brazos y los hombros hacia atrás, la cabeza ladeada
y sonriente, el esposo avanza hacia los invitados con el cuello
extendido y luego levanta los brazos preparando un abrazo de bienvenida;
en forma muy especial, levanta los brazos perpendicularmente a su
cuerpo, casi como si sus muñecas estuvieran sostenidas por hilos
invisibles. Los invitados varones se acercan a él, mantienen sus torsos
erguidos, no extienden sus cuellos, y al levantar los brazos para
abrazar los mantienen derechos hacia arriba de manera que queden del
lado de adentro, y los del dueño de casa del lado de afuera.
"Hasta
ahora, éstas son solamente algunas de las observaciones que hemos
realizado", explicó Kendon, "pero nos preguntamos si la
escena del dueño de casa recibiendo a sus invitados es una postura
dominante, que sólo se ve entre los machos cuando se saludan en su
propio terreno". Cuando observaba las películas, me pareció una
conclusión muy lógica. El gesto del anfitrión era expresivo, abierto
como corresponde a una persona que se siente segura en su propio
terreno. Los gestos de los invitados eran más reservados.
Después
que el anfitrión y los invitados intercambian abrazos, retroceden y uno
o ambos miran a otro lado. Kendon denomina a esta actitud "el
corte" y considera que es una manera de preservar el equilibrio.
Cada tipo de relación excepto una muy reciente, tiene su propio nivel
de intimidad, y si un saludo sobrepasa la intimidad que corresponde, se
necesita algún corte para volver rápidamente al equilibrio normal. Tal
vez ésa sea la razón por la que los saludos muy estrechos se hayan
transformado en un ritual -darse la mano, rozarse las mejillas- que
sustituye entre los norteamericanos a un verdadero beso en la mejilla.
Lo que se transforma en ritual pierde el aura de intimidad y la
connotación sexual.
La
película sobre el saludo muestra repetidamente a la gente haciendo
gestos para corregir su aspecto personal: alisarse el cabello,
acomodarse los anteojos o la ropa. Kendon notó que esto ocurre siempre,
inmediatamente antes o después de un encuentro cara a cara, y en
general nunca mientras la gente conversa entre sí. Los otros primates
se dedican a mejorar su apariencia concienzudamente, limpiándose, tanto
entre sí como a sus semejantes. Parte de este proceso sirve para
mejorar las condiciones de la piel o del pelo, pero
"arreglarse" mutuamente puede ser una manera de hacer
sociedad, y hacerlo por sí mismo es algunas veces una "actividad
desubicada" dentro del grupo. El animal indeciso entre huir o
atacar, se sentará y se rascará furiosamente, o se tirará del pelo
con nerviosidad, mientras realiza gestos amenazadores. Los especialistas
en comunicación humana sugieren que cuando nos rascamos en público,
difícilmente sea porque nos pique y la serie de gestos que realizamos
para tratar de mejorar nuestro aspecto, realmente no persiguen ese fin.
El significado exacto de estos gestos varía según la situación. El
arreglarse, por ejemplo, puede implicar una introducción al galanteo
como ya hemos visto. Pero muy frecuentemente, parece reflejar en los
primates inferiores, alguna tensión interna que no tiene otra salida
posible en ese momento. La mayoría de los encuentros entre seres
humanos no sólo comienzan con un saludo, también terminan con una
despedida. La gente vuelve a aproximarse y realiza otro ritual de
despedida. Los etólogos sugieren que como en el caso de la bienvenida,
se trata de un gesto de apaciguamiento. Durante un encuentro, todos están
presumiblemente ocupados en lo que acontece, pero al separarse, podrán
liberarse agresiones contenidas. De cualquier manera, no hay nada más
vulnerable que un individuo en retirada. En algunas sociedades, al
alejarse de la presencia del rey, los súbditos retroceden inclinándose
e incidentalmente protegiendo sus espaldas.
Los
seres humanos pueden apaciguarse con palabras o gestos, lo que dicen los
tranquiliza mutuamente. De cualquier modo, no vivimos con la sensación
de que estamos en presencia de un peligro físico cada vez que nos
encontramos cara a cara con otra persona. Pero al escuchar a los etólogos
y al observar la película de Kendon, uno se pregunta si en algún
profundo nivel inconsciente no mantenemos la precaución física que
hemos heredado de nuestros antecesores.
Algún
día un investigador realizará un análisis de las despedidas, similar
al que se ha hecho de las bienvenidas. Esto brindaría las respuestas a
algunas intrigantes preguntas. Por ejemplo, cómo hace la esposa, en una
reunión, para avisar a su cónyuge que es prudente retirarse, si no se
lo puede decir verbalmente. He visto a algunas mujeres que lo hace echándose
hacia adelante en sus asientos, juntando sus pertenencias o reacomodando
sus ropas, es decir, representando una secuencia de partida. Un
ejecutivo -que prefiere permanecer en el anonimato- me dijo que había
encontrado un sistema infalible de terminar una reunión aburrida.
Comienza distraídamente a guardar sus papeles en el portafolio.
Inmediatamente, los otros asistentes a la reunión comienzan a mover los
papeles, aparentemente imitando su comportamiento, y el presidente de la
misma, al notar el movimiento, que demuestra urgencia general por
abandonar el local, se apresura a levantar la sesión.
En
sus estudios sobre el comportamiento en menor escala, el saludo, los etólogos
hacen una contribución distintiva para la investigación de la
comunicación no verbal. Su trabajo ha influenciado el pensamiento de
casi todos los investigadores en este campo. Muchos científicos
acostumbran comparar los descubrimientos sobre la comunicación humana
con la comunicación animal.
EL
ROSTRO HUMANO