La
comunicación verbal y la visible -lo que un hombre dice y cómo mueve
el cuerpo- constituyen solamente dos de las formas más obvias de la
comunicación. Los seres humanos también se comunican a través del
tacto, del olfato y en algunas oportunidades a través del gusto. Estos
sentidos pueden formar una parte importante del mensaje total. A pesar
de esto, es bien poco lo que conocemos acerca de ellos.
Desgraciadamente,
los norteamericanos subestiman la importancia de la nariz como receptora
de mensajes. En realidad, somos tan reacios a olernos unos a otros que
muy bien podríamos suprimir el sentido del olfato Es innegable que
somos una sociedad super desodorizada y parece ser que cada año, los
agentes de propaganda descubren un nuevo olor del cual nos quieren
librar. Vivimos temerosos del mal aliento, del olor corporal, de los
olores en el hogar, de los olores genitales -a pesar de que es bien
sabido que cualquier animal que se respete sabe que este tipo de olor es
agradable y resulta favorable a las relaciones sexuales-. También
parece existir una definida tendencia a reemplazar los olores naturales
por otros elaborados por el hombre, es decir perfumes, lociones para
después de afeitarse y otras cosas semejantes. Debemos admitir que hay
algo de grotesco en el empeño que muestran las mujeres en librarse de
sus propios olores biológicos y desodorizar hasta el último rincón de
su cuerpo, para volver a untarse luego con un perfume elaborado con la
almizclada fragancia sexual de algún otro mamífero más sabio.
¿Por
qué los norteamericanos se preocupan tanto por los olores humanos?
Probablemente es nuestra inclinación antisensual, sospechamos de los
placeres de los sentidos porque forman parte de los placeres del sexo.
Sin embargo, de todas las experiencias que nos acometen, el ruido y el
olor son las dos más irresistibles Un individuo puede cerrar los ojos,
puede negarse a tocar o a comer pero tiene serios problemas para tratar
de evitar los ruidos producidos por terceros o para tratar de cerrar su
nariz a los olores. Margaret Mead ha sugerido que la famosa mezcla étnica
de los Estados Unidos puede ser culpable en parte de la fobia contra los
olores que tienen los norteamericanos. En este país, diferentes grupos
de personas que comen diferentes alimentos, viven de diferente manera y
hasta tienen diferente olor, habitan en inmediata proximidad y
frecuentemente sin mucha ventilación. Los olores extraños han sido
siempre más difíciles de tolerar y los norteamericanos resultan muy
sensitivos frente a ellos. En los primeros relatos de los pioneros del
Oeste, ellos, se quejaban de que no solamente se sentían cercados ante
la sola vista de vecinos que vivían en la otra colina, sino que también
el olor de la comida que éstos preparaban y que el viento arrastraba a
dos o tres millas de distancia los ofendía.
No
todas las culturas son tan "antiolor". Los árabes, según dice
Edward Hall en su libro The Hidwen Dimensión, aparentemente reconocen
que existe una relación entre la disposición personal y el olor. Los
intermediarios que conciertan un casamiento árabe normalmente toman
grandes precauciones para asegurar un buen encuentro. Frecuentemente,
piden "oler" a la presunta candidata y si "no huele
bien", la rechazan, no tanto en base a una cuestión estética,
sino porque hallan en ella un olor residual debido al enojo o el
descontento. Más aun, continúa Hall, para los árabes los buenos
olores son agradables y una forma de verse comprometido a otra persona.
Oler a un amigo no sólo es apropiado sino aconsejable, puesto que
negarle el aliento, sería actuar como si se tuviera vergüenza. Los
norteamericanos, por otra parte, acostumbrados como están a no respirar
en la cara de la gente, automáticamente transmitirán una sensación de
vergüenza a los árabes mientras tratan de parecer educados.
En
Balí, cuando los amantes se saludan, respiran profundamente en una
especie de "olfateada amistosa". Entre los componentes de la
tribu Kanum-irebe en Nueva Guinea del Sur, cuando dos buenos amigos se
separan, el que se queda, algunas veces toca al amigo que se va en la
axila, para tomar aire del olor de él y frotárselo a sí mismo.
El
sentido del olfato tiene una enorme importancia entre la mayoría de los
animales. Les indica la presencia de enemigos y los excita ante la
presencia de ejemplares del sexo opuesto. Sirve para delinear el
territorio de cada uno, les permite seguir al rebaño si se han perdido,
e identificar el estado emocional de otras criaturas. El sentido del
olfato incluso funciona eficientemente en el mar. Se dice que es lo que
guía al salmón cuando va a desovar. El hombre no tiene el sentido del
olfato tan desarrollado como otros animales; como era una criatura
acostumbrada a trepar a los árboles, aprendió a confiar en sus ojos más
que en su nariz. Hall sugiere que esta aparente deficiencia puede ser
una ventaja: Puede haber proporcionado al hombre la capacidad de
soportar aglomeraciones. Si los seres humanos tuvieran el olfato tan
sensible como las ratas, estarían permanentemente sujetos al conjunto
de variaciones emocionales de las personas que los rodean. La identidad
de cualquiera que visita una casa y las connotaciones emocionales de
todo lo que en ella ocurre, serían conocidas públicamente mientras
persistiera el olor. Podríamos oler el disgusto de las otras personas.
Los psicópatas terminarían por volvernos locos a todos, y los ansiosos
nos harían más ansiosos aun. Lo menos que podemos decir, es que la
vida sería mucho más intensa y complicada. Tendríamos menos control
consciente, puesto que los centros olfativos del cerebro son más
antiguos y más primitivos que los de la vista.
Recientemente,
algunos científicos han afirmado que los seres humanos pueden estar,
quizás sin saberlo, en la categoría descripta por el profesor Hall. El Doctor Harry Wiener, un físico que trabaja en el laboratorio Pfizer en
Nueva York, ha enunciado una teoría fascinante y ciertamente asombrosa:
los hombres perciben olores más allá de aquellos olores que tienen
conciencia de percibir; es decir, que existiría un sentido olfativo
subconsciente.
"Olores"
es quizás una palabra que se presta a falsas interpretaciones. Wiener
se refiere a ellos como "mensajeros químicos externos" (MQE),
que incluyen aminoácidos y hormonas esferoides; y no como sustancias en
las que habitual-mente detectamos un aroma, al menos en pequeñas
cantidades excretadas por el cuerpo humano. Sin embargo, ellas son
excretadas y pueden transmitirse por el aire y penetrar en el cuerpo de
otras personas a través de la nariz.
Los MQE, llamados feromonas, son muy importantes en los animales. La palabra
feromonas se comenzó a utilizar hace aproximadamente diez años para
describir los olores que emanan los insectos para atraerse sexualmente;
en nuestros días se sabe que casi todos los animales los excretan y que
afectan el comportamiento de otros miembros de la misma especie. Son
especialmente importantes en todo lo relacionado con el sexo, como lo
demostraron experimentos realizados con ratones. Si se confinan treinta
ratas, durante el ciclo estrógeno de cada una o el ciclo en que entran
en celo, se produce una situación caótica. Si se agrega solamente un
ratón macho, todos los ciclos estrógenos vuelven a la normalidad,
excepto que ahora funcionan en sincronía. Si se expone a una hembra preñada
tan solo durante un cuarto de hora diario a la compañía de un macho
que no sea el que la preñó, cesará su embarazo. La preñez también
puede ser detenida si se coloca a la hembra en una jaula vacía que ha
sido ocupada anteriormente por un macho, lo que prueba que el aroma que
éste excreta es crucial. Otra prueba adicional consiste en destruir el
lóbulo olfativo del cerebro de una hembra, lo que la inmuniza a este
tipo de bloqueo del embarazo.
Se
ha sugerido que, por lo menos entre los animales, las secreciones
externas de un individuo pueden actuar directamente sobre la química
del organismo de otro, probablemente en sus glándulas endocrinas. Esto
puede explicar que cuando los animales están apiñados se comportan de
manera extraña y terminan por morir: un bombardeo de las glándulas
endocrinas, especialmente la glándula suprarrenal, puede causar una
tensión extrema y llegar a actuar en favor de la supervivencia de la
especie como un recurso para controlar la población.
Por
supuesto, es peligroso generalizar entre hombres y animales, pero los
científicos han sido sorprendidos por un hecho bastante llamativo
descubierto por la Doctora Martha McClintock de la Universidad de
Harvard, al estudiar los ciclos menstruales de las estudiantes que residían
en el campus. Descubrió que los ciclos de las que eran muy amigas
estaban sincronizados como entre las ratas. Y, de ninguna manera se
trataba sólo de un poder de sugestión o de hábitos de vida similares,
sino que la proximidad física parecía ser la clave de ello. En otras
palabras, se producía la misma clase de transmisión química que había
sido observada entre los ratones.
Parece
suficientemente claro que el hombre emite MQE, pero generalmente se da
por sentado que solamente los perros y otros animales de olfato agudo
pueden reconocerlos. La mayoría de la gente sabe que los perros son
capaces de detectar el temor, el odio o la amistad del hombre y que
también pueden seguir el rastro de una persona si se les proporciona el
olor de ésta mediante una prenda que le pertenezca, lo que indica que
cada ser humano posee una especie de firma olfativa. (Resulta
interesante hacer notar que los perros suelen tener dificultades en
discriminar cuando se trata de dos personas gemelas). También es
evidente que el hombre excreta hormonas. Los perros de policía, a los
que se les hizo oler progesterona, fueron capaces de identificar varas
que habían estado en manos de mujeres embarazadas, o de mujeres que
estaban en la segunda parte del ciclo menstrual, ya que en ambos casos
el nivel de la progesterona asciende. Los mosquitos también reaccionan
ante los olores humanos. Se ha comprobado que se sienten más atraídos
por unas personas que por otras. Cualquier mujer será más atractiva
para el mosquito cuando está entre el treceavo y dieciochoavo día de
su ciclo menstrual, ya que su nivel de estrógeno es más elevado.
La
mayoría de los animales emiten olores que atraen sexualmente y es casi
seguro que dicho fenómeno se produce también entre los hombres. Sin
embargo, entre los animales actúan como "desencadenantes"
despertando casi automáticamente el deseo sexual, mientras que entre
los seres humanos la reacción biológica puede ser cubierta por otra
aprendida. Para algunas personas el olor del caucho es sexy, porque lo
asocian a los preservativos. Para otras, los olores biológicos
naturales del cuerpo pueden resultar intimídatenos e incluso
amenazadores.
Un
vistazo a la anatomía del hombre nos proporciona una evidencia
adicional del sistema de emisión del MQE. Como resume Wiener "el
hecho es que nuestra piel contiene una profusión de glándulas odoríferas
que rivalizan con las de otros animales. . . Cubren nuestro cuerpo de la
cabeza a los pies; su estructura es extremadamente compleja y existen
tantos tipos individuales que ha sido imposible registrar una
clasificación anatómica completa".
Es
probable que estas glándulas odoríferas hayan sobrevivido luego de
miles de años de evolución en beneficio de los perros y de los
mosquitos. A pesar de que los MQE se excretan en la orina, las
heces, la saliva, las lágrimas y el aliento, Wiener cree que el grueso
de ellos está contenido en la transpiración, ya que ésta es
notoriamente responsable de la tensión emocional y de esta manera,
proporciona un excelente sistema de señales.
Wiener
hace hincapié en la hipótesis de que los seres humanos emiten MQE;
demostrar que nosotros también los recibimos es más difícil. Se
refiere a experimentos en los cuales ciertos individuos fueron expuestos
a determinados productos químicos. A pesar de que el sujeto no percibía
el olor, la reacción galvánica de su piel (GSR) descendió en cuestión
de segundos y se notaron cambios menores en la presión sanguínea, la
respiración y el ritmo cardíaco. En nuestra cultura, las personas no
suelen hablar mucho acerca de lo que huelen, pues se considera de mal
gusto dicho tema. Por eso no se sabe en realidad cuántos son los
individuos que realmente tienen una aguda percepción olfativa entre
nosotros, ya que esta habilidad permanece oculta. Una vez mencioné a
una vieja amiga mía, que estaba realizando estudios sobre el sentido
del olfato y ella me reveló, casi en secreto, que creía poseer una
capacidad olfativa mucho más pronunciada que la mayoría de la gente.
Tenía que lavar sus sábanas con un detergente especial, porque de lo
contrario el olor la atormentaba. Era capaz de distinguir claramente
entre el olor de un hombre y el de una mujer, y durante su estada en la
universidad sentía pena por su compañera de dormitorio porque "la
pobre Betsy tenía olor a hombre". Conserva aún como un tesoro
-aunque nunca lo usa- un viejo saco tejido porque todavía mantiene
levemente el olor de su abuela, y ese olor es el olor biológico de la
anciana, y no como en las novelas románticas un aroma de lavanda o de
lila, o de algún otro perfume usado por ella. Mi amiga nunca admite lo
que ella denomina "su idiosincrasia" porque si lo hace la
gente piensa que es algo rara.
La
capacidad olfativa varía no solamente entre individuos sino también
entre sexos. Hay ciertos olores almizclados que las mujeres pueden
captar mientras que los hombres y las niñas preadolescentes no lo
hacen. La capacidad olfativa de la mujer varía durante su ciclo
menstrual y alcanza su máxima aptitud en la mitad del mismo, cuando su
nivel de estrógeno se eleva coincidiendo con el momento de la ovulación.
Más aun, algunos científicos que estudian el sentido
del olfato han sugerido que es posible emplear como
índice el ciclo olfativo de la mujer como
una sencilla medida de control de la natalidad para
determinar el momento de la ovulación.
Es
probable que los niños de nuestra cultura comiencen a vivir, teniendo
un sentido aguzado del olfato y aprendan a suprimirlo con el tiempo. He
tenido oportunidad de hallar una evidencia anecdótica. Un padre joven
se quejaba de que le resultaba imposible dar el biberón a su hijito
mientras la madre permanecía en la misma habitación, aparentemente
porque el niño olía la leche materna y la prefería. Los observadores
han notado también que en la etapa edípica, cuando padre e hijo están
en competencia, los niños demuestran un marcado interés por los olores
sexuales de los adultos y parecen rechazar el de su padre.
Hasta
ahora nos hemos referido a la capacidad olfativa dentro de límites
normales. Sin embargo, durante siglos han existido personas que tienen
una habilidad excepcional -verdaderos prodigios-, hombres y mujeres
que pueden distinguir emociones mediante el olfato, que pueden decir dónde
ha estado un amigo o con quién, por el olor que lleva en la ropa o en
la piel. Wiener sugiere que estas personas eran consideradas
extraordinarias porque eran capaces de realizar conscientemente algo que
todos hacemos en forma inconsciente.
La
teoría de los MQE podría explicar por qué en general las emociones se
contagian en las multitudes. También sugiere una explicación para el
hecho de que las mujeres parezcan tener aguzado el sentido del olfato
durante la ovulación: mediante esta agudeza extra están más aptas
para captar los mensajes químicos externos (MQE) del hombre. Wiener
cree también que los MQE pueden explicar algunos tipos de
esquizofrenia. Es muy poco lo que se sabe acerca de las causas de esta
enfermedad, pero algunos especialistas han indicado que con frecuencia
entraña irregularidades de la percepción, como ser experiencias
visuales sobrenaturales y algunas veces, un exagerado sentido del
olfato. Es bien sabido que los esquizofrénicos, a no ser que estén
completamente alejados de la realidad, tienen una forma precisa y
alarmante de percibir las emociones secretas de los que los rodean.
También se ha señalado en repetidas oportunidades que los esquizofrénicos
poseen un olor especial alrededor de ellos. Las ratas pueden diferenciar
entre el olor de un esquizofrénico y el de uno que no lo es. Un equipo
de investigación de St. Louis ha logrado aislar el ácido
transmetilhexanoico que causa este olor.
La
teoría de la esquizofrenia de Wiener es muy compleja para explicarla
aquí en detalle; pero una de sus principales sugerencias es que algunos
(no todos) de los pacientes esquizofrénicos no solamente emiten MQE anormales sino que perciben de manera consciente los MQE de otras
personas. Wiener cree que si realmente existe una comunicación química
entre los seres humanos, los esquizofrénicos son conscientes de su
efecto. Si al mismo tiempo el enfermo no logra identificar la naturaleza
de ésta, llega a la conclusión de que se trata de una fuerza externa
que actúa sobre él. Algunas veces sabe lo que la gente siente, pero no
sabe cómo llega a ese conocimiento, y frecuentemente lo negará. Según
una analogía de Wiener, es semejante al héroe de la novela de H. G.
Wells "The Country of the Blind", capaz de percibir cosas que las personas
que lo rodean no pueden ni siquiera imaginar y, en consecuencia, es
considerado loco o peligroso. Sus problemas pueden verse complicados por
el hecho de que sus propios MQE anormales son percibidos en forma
subconsciente por las personas que lo rodean, que lo encuentran
alarmante e incluso aterrador.
G.
Groddeck, uno de los primeros colaboradores de Freud, escribió una vez:
"Yo sé, a pesar de todo lo que se ha enseñado y aprendido en
contraposición a esto, que el hombre es primariamente un 'animal nasal'
y que aprende a reprimir su agudo sentido del olfato durante la infancia
porque de otra manera la vida le sería insoportable." Y, para el
esquizofrénico, por supuesto, la vida es así: La aseveración de Groddeck de que el hombre es un "animal nasal" es por supuesto
una posición extrema.
Wiener
hace notar que los MQE son simplemente un canal de comunicación y por
lo general un canal menor comparado con la vista y el oído. Su teoría,
como él mismo dice, es hasta ahora tan solo una teoría. No obstante el
"New York State Journal of Medicine" la ha tomado bastante en
serio como para publicar tres largos artículos describiéndola. Varias
revistas científicas también se han ocupado de ella, comentándola
favorablemente y en la actualidad, otros científicos comienzan a
interesarse en algunos de los fenómenos similares.
A
pesar de que la evidencia del subconsciente olfativo es hasta el
presente bastante incompleta, abre una posibilidad fascinante. No hay
duda de que la mayoría de nosotros le restamos importancia al
significado del sentido del olfato, tal vez Porque en cierto modo le
tememos. Los olores tienen una capacidad casi legendaria de despertar
recuerdos. Además, la frivolidad, el sexo y los perfumes parecen
marchar de la mano. La prueba más concluyente de esta afirmación que
podemos presentar consiste en el empeño que pone nuestra sociedad, que
de muchas maneras sigue siendo puritana, en tratar de eliminar vanamente
los olores naturales del cuerpo humano.