OTRAS
FORMAS DE MENTIRA
Además
del ocultamiento y el falseamiento, existen muchas otras maneras de
mentir. Ya sugerí una al referirme a lo que podría hacer Ruth, el
personaje de Updike, para mantener engañado a su marido a pesar del pánico.
En vez de ocultar este último, cosa difícil, podría reconocerlo pero
mentir en lo tocante al motivo que lo había provocado.
Otra
técnica parecida consiste en decir la verdad de una manera retorcida, de
tal modo que la víctima no la crea. O sea, decir la verdad... falsamente.
O también recurriendo, a propósito, a la exageración.
Un
ardid semejante al de decir falsamente una verdad es ocultarla a medias.
Se dice la verdad, pero sólo de manera parcial. Una exposición
insuficiente, o una que deja fuera el elemento decisivo, permite
al mentiroso preservar el engaño sin decir de hecho nada que falte a la
verdad.
Otra
técnica que permite al mentiroso evitar decir algo que falte a la verdad
es la evasiva por inferencia incorrecta. El columnista de un periódico
describió humorísticamente cómo es posible apelar a ella para resolver
el conocido intríngulis de tener que emitir una opinión ante la obra de
un amigo cuando esa obra a uno no le gusta. Supongamos que es el día de
la inauguración de su exposición de cuadros. Uno piensa que los cuadros
de su amigo son un espanto, pero hete aquí que antes de poder deslizarse
hacia la puerta de salida nuestro amigo viene a estrecharnos la mano y sin
demora nos pregunta qué opinamos:
“‘Oh,
Jerry’ —le contestaremos (suponiendo que nuestro artista se llame
Jerry), y mirándolo fijo a los ojos como si estuviéramos embargados por
la emoción, añadiremos: —‘¡Jerry, Jerry, Jerry!’.
No hay que
soltarle la mano en todo este tiempo ni dejar de mirarlo fijo. Hay un 99
por ciento de probabilidades de que Jerry finalmente se libere de nuestro
apretón de mano, farfulle una frase modesta y siga adelante... Claro que
hay variantes. Por ejemplo, adoptar el tono altanero de un crítico de
arte y la tercera persona gramatical invisible, y dividiendo en dos etapas
la declaración, decir: ‘Jerry. Jerry. ¿Qué podría uno decir’?’ O
bajando el tono de voz, más equívocamente: ‘Jerry... No encuentro
palabras’. O con un poquito más de ironía: ‘Jerry: todo el mundo, todo
el mundo, habla de ti’ “.
La
virtud de esta estratagema, como la de la verdad a medias o la de decir la
verdad falsamente, consiste en que el mentiroso no se ve forzado a faltar
en modo alguno a la verdad. Sin embargo, considero que éstas son mentiras
de todas maneras, porque hay un propósito deliberado de despistar al
destinatario sin darle ninguna notificación previa.
Algún
aspecto del comportamiento del mentiroso puede traicionar estas mentiras.
Existen dos clases de indicios del engaño: un error puede revelar la
verdad, o bien puede sugerir que lo dicho o lo hecho no es cierto sin por
ello revelar qué es lo cierto. Cuando por error un mentiroso revela la
verdad, yo lo llamo autodelación; y llamo pista sobre el embuste a las
características de su conducta que nos sugieren que está mintiendo pero
no nos dicen cuál es la verdad. Si el médico de una paciente que miente nota que ella se
retuerce las manos al mismo tiempo que le dice que se siente muy bien,
tendrá una pista sobre su embuste, una razón para sospechar que ella le
miente; pero no sabrá cómo se siente realmente —podría estar rabiosa
por la mala atención que se le brinda en el hospital, o disgustada
consigo misma, o temerosa por su futuro—, salvo que ella cometa una
autodelación. Una expresión de su rostro, su tono de voz, un desliz
verbal o ciertos ademanes podrían traslucir sus auténticos sentimientos.
Una
pista sobre el embuste responde al interrogante de si el sujeto está o no
mintiendo, pero no revela lo que él oculta: sólo una autodelación puede
hacerlo. Con frecuencia, eso no importa. La pista sobre el embuste es
suficiente cuando la cuestión es saber si la persona miente, más que
saber qué es lo que oculta. En tal caso no se precisa ninguna autodelación.
La información sustraída puede imaginarse, o no viene al caso. Si un
gerente percibe, gracias a una pista de este tipo, que el candidato que se
presentó para el cargo le está mintiendo, con eso le basta, y no
necesita ninguna autodelación del candidato para tomar la decisión de no
emplear en su empresa a un mentiroso.
Hay
ocasiones en que la autodelación sólo proporciona una parte de la
información que la víctima necesita conocer: transmite más que la pista
sobre el embuste, pero no todo lo que se ha ocultado. Recordemos el
episodio ya mencionado de Marry Me, de Updike. Ruth se vio presa
del pánico porque no sabía cuánto había escuchado su esposo de la
conversación telefónica que ella había mantenido con su amante. Cuando
Jerry se dirigió a ella, tal vez Ruth hiciera algo que dejase traslucir
su pánico (un temblor en los labios, un fugaz enarcamiento de las cejas).
En ese contexto, un indicio tal sería suficiente para saber que estaba
mintiendo, pues... ¿por qué otro motivo podría preocuparle que su
esposo le hiciera esa pregunta? Ahora bien, dicha pista nada le diría a
Jerry en cuanto a la mentira en sí, ni con quién estaba hablando ella.
Jerry obtuvo parte de esa información porque la voz de Ruth la autodelató.
Al explicarle por qué motivo no creía en lo que ella le había dicho
sobre su interlocutor telefónico, Jerry le dice:
“—Fue
por tu tono de voz.
“—¿En
serio? ¿Y cómo era?— ella quiso lanzar una risita nerviosa.
“El
miró al aire, como si se tratase de un problema estético. Se veía
cansado y con el cabello cortado al ras parecía más joven y más
delgado.
“—-Era
un tono distinto al de costumbre —dijo—» Era la voz de una mujer»
“—Eso
es lo que soy: una mujer.
“—Pero
conmigo usas una voz de chiquilla —continuó él”.
La
voz que había usado Ruth no era la que usaría con una empleada de la
escuela dominical, sino más bien con un amante. Ella trasunta que el engaño
de Ruth probablemente esté referido a un asunto amoroso, aunque todavía
no le dice a su marido cómo es toda la historia. Jerry no sabe aún si el
idilio acaba de comenzar o está avanzado; tampoco sabe quién es el
amante de su mujer. No obstante, sabe más de lo que habría podido
averiguar con una pista sobre su embuste, que a lo sumo le habría
informado que ella mentía.
INDICIOS
DEL ENGAÑO