MENTIRAS
Y EXPRESIONES FACIALES
Un
cazador de mentiras no debe confiar jamás en un solo indicio del engaño;
puede haber muchos.
Los indicios faciales deben ser corroborados por los que proceden de las
palabras, la voz y el resto del cuerpo. Aun dentro del rostro mismo, no
debería interpretarse ningún indicio si éste no se repite y, mejor aun,
si no es confirmado por otro indicio facial.
Antes
vimos las tres fuentes de la autodelación o vías por las cuales el
rostro traiciona los sentimientos ocultos: los músculos faciales
fidedignos, los ojos, y las alteraciones en el semblante derivadas de la
acción del SNA. La asimetría forma parte de otro grupo de tres indicios,
que no delatan lo que se está ocultando pero sí ofrecen pistas acerca de
que la expresión utilizada es falsa. De este grupo forman parte los datos
relativos al tiempo de ejecución.
El
tiempo incluye la duración total de una expresión facial, así
como lo que tarda en aparecer (tiempo de arranque) y en desaparecer
(tiempo de descarga). Los tres elementos mencionados pueden ofrecer pistas
sobre el embuste. Las expresiones de larga duración (sin duda las que se
extienden por más de diez segundos, y normalmente también si duran más
de cinco segundos) son probablemente falsas. En su mayoría, las
expresiones auténticas no duran tanto. Salvo que el individuo esté
experimentando una experiencia culminante o límite —se halle en la
cumbre del éxtasis, en el momento de furia más violenta, o en el fondo
de una depresión—, las expresiones emocionales genuinas no permanecen
en el rostro por más de unos segundos. Ni siquiera en esos casos extremos
las expresiones duran tanto; por el contrario, hay muchas expresiones que
son más breves. Largas suelen ser emblemas o expresiones fingidas.
Respecto
del tiempo de arranque y de descarga, no hay reglas segur que conduzcan a
algunas pistas sobre el embuste, salvo en lo tocante a la sorpresa. Para
que una manifestación de sorpresa sea genuina, tanto su aparición como
su duración y su desaparición tienen que ser breves (habitualmente,
menos de un segundo). Si duran mucho, la sorpresa es fingida pero no
apunta a engañar (la persona se hace la sorprendida), o bien se trata de
un emblema de sorpresa (la persona quiere comunicar que está
sorprendida), o de una sorpresa falsa (la persona trata de parecer
sorprendida aunque no lo está, para engañar).
La sorpresa es siempre una
emoción muy breve, que sólo dura hasta que el individuo se ha enterado
del hecho imprevisto. La mayoría sabe cómo fingir sorpresa pero pocos lo
hacen de forma convincente, con el rápido arranque y la rápida descarga
que tiene un sentimiento natural de sorpresa. Una crónica periodística
muestra lo útil que puede llegar a ser una auténtica expresión de
sorpresa: “Un individuo, Wayne Milton, condenado por error, a quien se
acusaba de ser el autor de un asalto a mano armada, fue liberado ayer
después de que el abogado querellante, tras advertir la reacción del
sujeto frente al veredicto de culpabilidad, recogiera nuevas pruebas de su
inocencia. El fiscal auxiliar del Estado, Tom Smith, aseguró darse cuenta
de que algún error se había producido cuando vio cómo se descomponía
el rostro de Milton en el momento en que el jurado lo condenó por el robo
de 200 dólares en la Compañía de Gas Lake Apopka, el mes pasado”.
La
tercera fuente de pistas sobre la falsedad de una expresión es su
sincronización con respecto al hilo del discurso, los cambios en la voz y
los movimientos corporales. Supongamos que alguien quiere fingir que está
furioso y grita: “¡Ya me tienes harto con esa manera de
comportarte!”. Si la expresión de ira aparece en el rostro con
posterioridad a las palabras, es más probable que sea falsa que si
aparece en el mismo momento en que se lanza la exclamación, o incluso
segundos antes. No hay tanto margen de maniobras, quizá, para situar la
expresión facial respecto de los movimientos corporales. Imaginemos que
junto con su manifestación verbal de estar harto, el mentiroso descarga
un puñetazo sobre la mesa: será más probable que la expresión sea
falsa si viene después del puñetazo. Las expresiones faciales no
sincronizadas con los movimientos corporales son con mucha probabilidad
pistas fehacientes.
Ningún
análisis de los signos faciales del engaño sería completo si no
considerara una de las expresiones faciales más frecuentes: la sonrisa.
Un rasgo que la caracteriza, frente a todas las demás expresiones
faciales, es que para mostrar contento o bienestar basta con mover un solo
músculo, mientras que todas las restantes emociones requieren la acción
concertada de tres a cinco músculos. Esa sonrisa simple de bienestar o
satisfacción es la expresión más reconocible de todas. Hemos comprobado
que es la que puede verse a mayor distancia (casi cien metros) y con menor
tiempo de exposición. Además, es difícil no devolver una sonrisa: la
gente lo hace incluso ante los rostros sonrientes de una foto. Ver una
sonrisa resulta agradable... como lo saben muy bien los expertos en
anuncios publicitarios.
La
sonrisa es quizá la más desestimada de las expresiones faciales; es
mucho más complicada de lo que supone la mayoría de la gente. Hay decenas
de sonrisas diferentes en su aspecto y en el mensaje que transmiten. La
sonrisa puede ser señal de una emoción positiva (bienestar, placer físico
o sensorial, satisfacción, diversión, por nombrar sólo unas pocas),
pero a veces las personas sonríen cuando se sienten desdichadas. No se
trata de esas sonrisas falsas usadas para convencer a otro de que uno
tiene un sentimiento positivo cuando no lo tiene, y que a menudo encubren
la expresión de una emoción negativa. Hace poco comprobamos que estas
sonrisas falsas desorientan a quienes las ven. Hicimos que unos sujetos
miraran únicamente las sonrisas que aparecían en el rostro de nuestras
estudiantes de enfermería y evaluaran si eran genuinas (o sea, si aparecían
cuando la estudiante estaba viendo una película agradable) o falsas
(aparecían cuando la estudiante ocultaba las emociones negativas que les
suscitaba nuestro film sangriento). Los resultados no fueron mejores que
respondiendo al azar. Creo que el problema no es la imposibilidad de
reconocer las sonrisas engañosas, sino un desconocimiento más general
acerca de la gran cantidad de tipos de sonrisas que hay. Las falsas no
podrán diferenciarse de las auténticas a menos que se sepa cómo se
asemeja o aparta cada una de las restantes integrantes de la familia de
las sonrisas. Existen dieciocho tipos distintos de
sonrisas, ninguna de ellas engañosa en sí misma.
El
denominador común de la mayoría de las sonrisas es el cambio que en el
semblante el músculo cigomático mayor, que une los malares con las
comisuras de los labios, cruzando cada lado del rostro. Al contraerse, el
cigomático mayor tira de la comisura hacia arriba en dirección al malar,
formando un ángulo. Si el movimiento es fuerte, también estira los
labios, alza las mejillas, forma una hondonada bajo los párpados
inferiores y produce, al costado de las comisuras de los ojos, las clásicas
arrugas conocidas como “patas de gallo”. (En algunos individuos, este
músculo empuja levemente hacia abajo también el extremo de la nariz, en
tanto que en otros les tensa un poco la piel cerca de la oreja.) La acción
conjunta de algunos otros músculos y del cigomático mayor da lugar a los
diferentes miembros de la familia de las sonrisas; y hay asimismo unas
pocas apariencias sonrientes producidas por otros músculos sin la
intervención del cigomático.
Pero
basta la acción del cigomático para generar la sonrisa evidenciada toda
vez que uno siente una emoción genuina positiva, no controlada. En esta
sonrisa auténtica no participa ningún otro mus de la parte
inferior del rostro; la única acción concomitante que puede presentarse
es la contracción de los músculos orbiculares de los párpados, que
rodean cada ojo. Estos últimos son asimismo capaces de provocar la mayoría
de las alteraciones en la parte superior del rostro a que da lugar la acción
del cigomático mayor: elevación de la mejilla, depresión de la piel
debajo del ojo, “patas de gallo”. Esta dura más y es más intensa cuando los
sentimientos positivos son más extremos.
Creo
que la sonrisa auténtica expresa todas las experiencias emocionales
positivas (goce junto a otra persona, contento o felicidad, alivio, placer
táctil, auditivo o visual, diversión, satisfacción), sólo con
diferencias en la intensidad de la mímica y en el tiempo de duración.
Con
la sonrisa amortiguada la persona muestra que tiene efectivamente
sentimientos positivos, aunque procura disimular su verdadera intensidad.
El objetivo es amortiguar (aunque no suprimir) la expresión de las
emociones positivas, y mantener la expresión dentro de ciertos límites,
y quizá la experiencia emocional misma. Tal vez se aprieten los labios,
se lleve hacia arriba el labio-inferior, se estiren y lleven hacia abajo
las comisuras; también puede suceder que cualquiera de estas tres
acciones se combinen con las propias de una sonrisa común, como se da en
ciertos casos.
La
sonrisa triste pone de manifiesto la experiencia de emociones
negativas. No está destinada a ocultar algo sino que constituye una
especie de comentario facial de que uno se siente desdichado.
Habitualmente, la sonrisa triste implica asimismo que la persona no va a
quejarse demasiado por su desdicha, al menos por el momento: hará la
mueca y la seguirá soportando. Hemos asistido a esta clase de sonrisas
presentes en el rostro de sujetos que en nuestro laboratorio, a solas,
presenciaban s escenas sangrientas de la película médica, ignorando que
la cámara los filmaba. Con frecuencia, esta sonrisa surgía en un primer
momento, cuando el sujeto se daba cuenta de lo espantosa que era la película.
También hemos visto sonrisas tristes en el rostro de pacientes
deprimidos, como un comentario sobre su infortunada situación. Las
sonrisas tristes suelen ser asimétricas y superponerse a otra expresión
emocional a todas luces negativa, no enmascarándola sino sumándose
a ella; a veces surge inmediatamente después de una expresión de este
tipo. Si la sonrisa triste es señal de un intento de controlar la
manifestación del temor, la ira o la desazón, puede parecerse mucho a la
sonrisa amortiguada. La presión de los labios, la elevación y
prominencia del labio inferior movido por el músculo cuadrado de la
barbilla, y la tirantez o caída de las comisuras pueden contribuir al
control del estallido de esos sentimientos negativos. La diferencia clave
entre esta versión de la .sonrisa triste y
la sonrisa amortiguada es que en ella no hay rastros de contracción del músculo
orbicular de los párpados. En la sonrisa amortiguada ese músculo actúa
(contrayendo la piel en torno del ojo y generando las patas de gallo)
porque se siente algún goce, en tanto que no actúa en la sonrisa triste
porque en este caso no lo hay. La sonrisa triste puede estar acompañada
de señales de las emociones negativas auténticas que se patentizan en la
frente y las cejas.
En
una fusión de emociones, como vimos, dos o más de éstas se experimentan
a la vez y son registradas en la misma expresión facial. Cualquier emoción
puede fusionarse con cualquier otra. Aquí lo que nos interesa es el
aspecto que presentan las fusiones con emociones positivas. Si un
individuo disfruta de su rabia, su sonrisa de gozosa rabia (podría llamársela
también “sonrisa cruel” o “sádica”) presentará un afinamiento
de los labios y a veces una elevación del labio superior, sumados a los
rasgos de la sonrisa auténtica.
En
la expresión de gozoso desdén, la sonrisa auténtica se fusiona con la
contracción de una o ambas comisuras de los labios. Puede sentirse una
mezcla de tristeza y temor, como seguramente la sienten los lectores de
los libros y espectadores de las películas que arrancan lágrimas o
producen terror. La gozosa tristeza se aparenta en una caída de las
comisuras compatible con la elevación general que produce la sonrisa
auténtica. En el gozoso temor, los rasgos acompañan una sonrisa autentica mezclada con un estiramiento horizontal
de los labios. Hay experiencias gozosas que son calmas y de tranquila
satisfacción, pero en otras el goce se confunde con la excitación en un
sentimiento de exaltado entusiasmo. En la gozosa excitación, amén de la
sonrisa auténtica, hay una elevación del párpado superior. El actor cómico
Harpo Marx solía mostrar en sus películas
esta sonrisa de gran regocijo, y a veces, cuando hacía una picardía, la
sonrisa de gozosa rabia. En la gozosa sorpresa se alzan las cejas, cae el
mentón, se eleva el párpado superior y aparece la sonrisa auténtica.
Hay
otros dos tipos de sonrisas que implican la fusión de la sonrisa auténtica
con una forma particular de mirar. En la sonrisa conquistadora, el
flirteador muestra una sonrisa auténtica al mirar a la persona que le
interesa y de inmediato aparta la vista de ella, pero enseguida vuelve a
echarle una mirada furtiva lo bastante prolongada como para que se note, y
desvía la vista nuevamente. Uno de los elementos que vuelven tan
extraordinario el cuadro de la Gioconda pintado por Leonardo da Vinci es
que la atrapó en medio de una de esas sonrisas conquistadoras, con el
rostro apuntando hacia adelante pero los ojos hacia un costado, mirando a
hurtadillas al objeto de su interés. En la vida real ésta es una
secuencia en que la mirada se aparta apenas un instante. En la sonrisa
de turbación se baja la vista o se aparta para no encontrarse con los
ojos del otro. A veces habrá una elevación momentánea de la
protuberancia del mentón (con un movimiento de la piel situada entre el
labio inferior y el extremo de la barbilla) en medio de una sonrisa auténtica.
En otra versión, el embarazo se muestra combinando la sonrisa amortiguada
con el movimiento de los ojos hacia abajo o hacia el costado.
Una
sonrisa poco corriente es la sonrisa de Chaplin, producida por obra
de un músculo que la mayoría de la gente no puede mover de forma
deliberada, Charlie Chaplin sí podía, ya que esta sonrisa, en la cual
los labios se elevan en un ángulo mucho más pronunciado que el de la
sonrisa auténtica, era su señal distintiva. Es una sonrisa insolente y burlona a la vez, que se sonríe del propio
sonreír.
Los
cuatro tipos siguientes de sonrisas tienen una misma apariencia pero
cumplen finalidades sociales muy distintas. En todos los casos, la sonrisa
es voluntaria. A menudo, estas sonrisas son asimétricas.
La
sonrisa mitigadora tiene como propósito limar las asperezas de un
mensaje desagradable o crítico, a menudo forzando al receptor de la crítica
a que devuelva la sonrisa a pesar de la molestia o desazón que ésta
pueda provocarle. La sonrisa mitigadora es deliberada y aparece de
forma rápida y abrupta. Las comisuras de los labios pueden contraerse y
en ocasiones el labio inferior se alza levemente durante un instante.
Suele ir acompañada de un movimiento afirmativo, que se ladea y baja de
tal modo que el que sonríe mira un poco de arriba abajo a la persona a
quien critica.
La
sonrisa de acatamiento significa el reconocimiento de que hay
que tragarse una dolorosa píldora sin protestar. Nadie podrá suponer que
es feliz el que sonríe, sino que acepta su infausto destino. Se parece a
la sonrisa mitigadora, pero sin que la cabeza adopte la postura propia de
ésta. En cambio, pueden elevarse las cejas un momento, o encogerse los
hombros, o dejarse oír un suspiro.
La
sonrisa de coordinador regula el intercambio verbal de dos o más
personas. Es una sonrisa cortés, de cooperación,
que pretende mostrar serenamente coincidencia, comprensión, el propósito
de realizar algo o el reconocimiento de que lo que ha hecho el otro es
apropiado. Es una sonrisa leve, por lo común asimétrica, en la que no
participan los músculos orbiculares de los párpados.
La
sonrisa de interlocutor es una particular sonrisa de
coordinador empleada al escuchar a otro, para hacerle saber que se ha
comprendido todo lo que ha dicho y de que no precisa repetir nada.
Equivale a decir “está bien”, o al movimiento afirmativo con la
cabeza —que suele acompañarla-—. El que habla no deducirá de ella
que su interlocutor está contento, sino sólo que lo alienta a seguir
hablando.
Cualquiera
de las cuatro sonrisas enunciadas en último término (la mitigadora, la
de acatamiento, la de coordinador y la de interlocutor) pueden ser
reemplazadas a veces por una sonrisa auténtica. Si a alguien le complace
transmitir un mensaje mitigador, o mostrar acatamiento, o coordinar, o ser
el interlocutor de otro, puede mostrar la sonrisa auténtica en vez de
alguna de las sonrisas no auténticas que he mencionado.
Ahora
consideremos la sonrisa falsa. Su finalidad es convencer al
otro de que se siente una emoción positiva, cuando no es así. Tal vez no
se sienta nada en absoluto, o tal vez se sientan emociones negativas, pero
el mentiroso quiere ocultarlas enmascaradas detrás de una sonrisa falsa.
A diferencia de la sonrisa de desdicha, que transmite el mensaje de que no
se experimenta ningún placer, la falsa trata de hacerle creer al otro de
que sienten cosas positivas. Es la única sonrisa mentirosa.
Hay
varios indicios para distinguir las sonrisas falsas de las sonrisas auténticas
que simulan ser:
Las
sonrisas falsas son más asimétricas que las auténticas,
Una
sonrisa falsa no estará acompañada nunca de la acción de los músculos
orbiculares de los párpados.
Por ende, en una sonrisa falsa leve o moderada no se alzarán las
mejillas, ni habrá hondonadas debajo de los ojos, ni patas de gallo, ni
el leve descenso de las cejas que se presentan en la sonrisa auténtica
leve a moderada. En cambio, si la sonrisa falsa es más pronunciada, la propia
acción de sonreír (o sea, la acción del músculo cigomático mayor)
alzará las mejillas, cavará la cuenca de los ojos y producirá arrugas
en las comisuras de éstos. Pero no bajará las cejas. Si alguien, mirándose
en un espejo, sonríe en forma cada vez más marcada, notará que a medida
que la sonrisa se amplía las mejillas se levantan y aparecen las patas de
gallo; pero las cejas no descenderán a menos que también actúe el músculo
palpebral. La falta de participación de las cejas es un indicio sutil
pero decisivo para diferenciar las sonrisas auténticas de las sonrisas
falsas cuando la mueca es pronunciada.
El
tiempo de desaparición de la sonrisa falsa parecerá notablemente
inapropiado,
es decir puede esfumarse demasiado abruptamente, o tal vez deforma
escalonada.
Usada
como máscara, la sonrisa falsa no abarca más que movimientos en la parte
inferior del rostro y en el párpado inferior.
Seguirán siendo visibles los movimientos de los músculos faciales
fidedignos de la frente, que señalan el temor o la angustia. Y aun en la
parte inferior de la cara, la sonrisa falsa quizá no logre disimular por
completo los signos de la emoción que pretendemos ocultar, haya una
mezcla de elementos de tal manera que se perciban huellas, como en una
fusión de emociones.
El
rostro puede mostrar muchos y muy diferentes indicios del engaño:
microexpresiones, expresiones abortadas, autodelación de los músculos
faciales fidedignos, parpadeo, dilatación de las pupilas, lagrimeo,
rubor, empalidecimiento, asimetría, errores en la secuencia temporal o la
sincronización, y sonrisas falsas. Algunos de estos indicios delatan una
información oculta; otros proporcionan pistas que indican que algo se está
ocultando, aunque no nos dicen qué; y otros marcan que una expresión es
falsa.
Estos
signos faciales del engaño, al igual que los que suministran las
palabras, la voz y el resto del cuerpo (y que hemos descrito en el capítulo
anterior), varían en cuanto a la exactitud de la información
transmitida. Algunos revelan con precisión cuál es la emoción que está
experimentando el sujeto, por más que intente ocultarla; otros sólo nos
dicen que la emoción ocultada es positiva o negativa, pero no cuál es
exactamente; hay otros, en fin, más vagos aun, ya que sólo nos dicen que
el mentiroso siente alguna emoción, sin que sepamos si es positiva o
negativa. Pero quizá con esto baste. Saber que una persona siente una
emoción, sea cual fuere, puede indicarnos que miente, si la situación es
tal que, salvo que estuviera mintiendo, esa persona no tendría por qué
sentir emoción alguna. En otras ocasiones, empero, no se traicionará la
mentira si no disponemos de información más acabada sobre la emoción
que efectivamente se está ocultando. Todo depende de cuál sea la
mentira, de la estrategia adoptada por el sospechoso, de la situación, y
de las demás explicaciones alternativas que —fuera de la mentira—
pueden justificar que una cierta emoción no se manifieste abiertamente.
EL
ERROR DE OTELO