ACERCA
DE LA VOZ
Entendemos
por “la voz” todo lo que incluye el habla aparte de las palabras
mismas. Los indicios vocales más comunes de un engaño son las pausas
demasiado largas o frecuentes. La vacilación al empezar a hablar, en
particular cuando se debe responder a una pregunta, puede suscitar
sospechas, así como otras pausas menores durante el discurso si son
frecuentes. Otras pistas las dan ciertos errores que no llegan a formar
palabras, como algunas interjecciones (“¡Ah!“, “¡ooooh!” “esteee”...”),
repeticiones (“Yo, yo, yo quiero decir en realidad que...”) y palabras
parciales (“En rea-realidad me gusta”).
El
signo vocal de la emoción que está más documentado es el tono de la
voz. En un 70 %, aproximadamente, de los sujetos estudiados, el tono se
eleva cuando están bajo el influjo de una perturbación emocional.
Probablemente esto sea más válido cuando dicha perturbación es un
sentimiento de ira o de temor, ya que algunos datos, aunque no
definitivos, muestran que el tono baja con la tristeza o el pesar. Y aún
no han podido averiguar los científicos si el tono de la voz cambia o no
en momentos de entusiasmo, angustia, repulsa o desdén. Otros signos de la
emoción, no tan bien demostrados pero sí prometedores, son la mayor
velocidad y volumen de la voz cuando se siente ira o temor, y la menor
velocidad y volumen cuando se siente tristeza. Es previsible que haya
avances respecto de la medicación de otras características de la voz,
como el timbre, el espectro de la energía vocal en distintas bandas de
frecuencia, y las alteraciones vinculadas al ritmo respiratorio.
Un
tono más elevado no es signo de engaño; es signo de temor o rabia, quizá
también de excitación. En nuestro experimento, un signo de esas
emociones dejaba traslucir que la estudiante no estaba, como decía, tan
contenta por las hermosas flores que veía en la película. Pero es
peligroso interpretar cualquiera de los signos vocales de emoción como
evidencia de estar ante un engaño. Una persona veraz a quien le preocupa
que no le crean lo que dice puede, por ese temor, tener el mismo tono
elevado de la voz que un mentiroso por su temor a ser atrapado. El
problema, para el cazador de mentiras, es que no sólo los mentirosos se
emocionan, también los inocentes lo hacen de vez en cuando. Al examinar cómo
puede confundirse un cazador de mentiras en su interpretación de otros
indicios potenciales del engaño, me referiré a esto como el "error de
Otelo"; explicaré en detalle este error, y las medidas que pueden tomarse
para resguardarse de él, más adelante. Por desgracia, no es sencillo
evitarlo. Las alteraciones de la voz que pueden traicionar un engaño son
asimismo vulnerables al riesgo de Brokaw (no tener en cuenta las
diferencias individuales en la conducta emocional), que hemos mencionado
con respecto a las pausas y circunloquios en el habla.
NO
HAY INDICIOS SEGUROS