4
Para alcanzar cualquier meta, individual o colectiva, lo primero que
se requiere es la más indoblegable convicción de que la meta prevista
puede ser alcanzada. Es posible que, aun cumpliendo este requisito, la
meta, sin embargo, no pueda lograrse. Pero, con toda seguridad, sin
cumplirlo jamás será lograda.
Si me creo capaz de atravesar un río, muy posiblemente pueda
atravesarlo; si no me creo capaz, muy posiblemente estoy equivocado.
En este sentido, la tarea fundamental de la educación es la de
inducir posibilidades. Todo hombre normal puede aprender cualquier cosa,
prácticamente a cualquier edad, si se le presenta en un lenguaje
adecuado.
Todo
hombre normal puede alcanzar cualquier meta que cualquier otro hombre
normal haya alcanzado.
Y
la gran mayoría de los hombres somos normales.
Nos
creemos incapaces de hacer muchas cosas. Pero no lo somos.
Ese
tipo de creencias proviene generalmente de una deformación adquirida
durante los primeros años de edad, cuando hay que iniciar al niño, con
la palabra y con el ejemplo, en la idea de que todo hombre es capaz de
desarrollar cualquier facultad, si se lo propone realmente, con el
esfuerzo y la constancia necesaria.
A
lo largo de todo el proceso educativo, hay que exigir.
Racionalmente,
pero hay que exigir.
Cuanto
más, mejor.
Para
que las gentes den de sí todo lo que puedan, hay que pedirles más de
lo que pueden.
Y
a veces aun este "más" lo alcanzan.
"Es
muy inteligente; por eso, cuando era niño, podían exigirle
tanto".
¿Y
no podría ser al revés?
"Es
muy inteligente; por eso le gustan las matemáticas".
¿Y
no podría ser al revés?
"Es
muy inteligente; por eso se puede pedir de él más que de otros".
¿Y
no podría ser al revés?
"Es
muy inteligente; por eso le enseñaron a leer y escribir desde muy pequeño".
¿Y no podría ser al revés?
"Es
muy inteligente; por eso se puede interesar al mismo tiempo por varias
cosas". ¿Y no podría ser al revés?
La
inteligencia, fundamentalmente, es resultado de la educación.
Y,
por eso, la educación del mañana será de la competencia de los padres
y maestros y también de sicólogos y neurólogos y bioquímicos y
pensadores.
Ni
la raza,
Ni
la herencia,
Ni
el sexo,
Ni
la edad,
Determinan
la capacidad intelectual de un ser humano. Dentro de ese conjunto muy
mal avenido de refranes, adagios, locuciones y frases que se van
repitiendo en diversas lenguas, generación tras generación, como si se
tratara de dogmas de fe, pocos tan carentes de toda verdad como el
siguiente "Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo hace".
Falso,
totalmente falso.
Si
esa afirmación fuera cierta toda educación sería inútil.
Ningún
niño trae del claustro materno, no digo un título universitario, ni
siquiera los conocimientos más elementales aun para poder subsistir.
La
naturaleza sola da muy poco.
Es
"Salamanca" la que completa, realiza y perfecciona.
En
el mismo orden, solamente podría encontrarse una frase más dañina que
esta ala que nos hemos referido: "Con eso se nace, eso no se
hace"
Prácticamente
se nace con nada. Prácticamente todo se hace.
En
contra de hipótesis formuladas hace años por algunos sicólogos y
genetistas, en las que se preveía un descenso sostenido del Cociente
Intelectual de la humanidad, en varios países de muy diverso grado de
desarrollo se ha podido constatar un aumento general de dicho Cociente a
lo largo de los últimos decenios.
Hoy
somos más inteligentes.
¿A
qué se debe este fenómeno?
Es
lícito pensar en una reacción positiva de adaptación y
aprovechamiento de la mente humana ante un medio ambiente en el que
creen los estímulos intelectuales. Así como, debido a los avances
científicos y a la notable mejora del tipo de alimentación y de la
higiene, la raza humana tiene hoy una talla más alta y el promedio de
vida ha crecido de una manera considerable, asimismo el proceso de
urbanización, el desarrollo de los medios de comunicación y de
transporte, el aumento de la escolaridad
le han permitido a la humanidad ejercitar, cultivar y mejorar su
inteligencia.
Por
de pronto, guardemos esta afirmación: la inteligencia puede mejorar.
Y, si puede mejorar, tenemos que hacer que mejore al máximo posible.
Si
ante mayores estímulos no dirigidos especialmente a este fin, de una
manera que podemos llamar espontánea, ya ha mejorado, ¡qué no podría
lograrse con un sistema dirigido consciente y sostenidamente con ese
propósito?
Un
hombre que, con constancia, ejercite su inteligencia como inteligencia,
con el fin deliberado y concreto de llegar a ser más inteligente, tendrá
más posibilidades de lograrlo que otro en igualdad de condiciones, que
por una u otra causa no haga lo mismo.
Cada
quien puede y debe utilizar su inteligencia, cada vez más
racionalmente, cualquiera que sea el grado en que la posea.
La
misma habilidad mental que despliegue algunos para resolver crucigramas
o lucirse en juegos de mesa, aplicada con constancia a otros usos podría
ofrecer resultados tales que esas personas serían calificadas dentro
del grupo de los poseedores de una inteligencia excepcional.
¿Y
es que acaso no la poseían aun antes?
¿Y
cómo la adquirieron?
A
través de la práctica de una actividad mental determinada.
Se
trata, por lo general, de personas comunes y corrientes, como lo
constata la experiencia, que desarrollaron su inteligencia en un campo
restringido.
Pero
la desarrollaron.
CÓMO DESARROLLAR LA INTELIGENCIA 5