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Al final, el trabajo de creación siempre será un trabajo en
soledad.
Y
todo innovador tiene que resignarse a la idea de caminar buena parte de
su jornada con la sola compañía de sus propios pensamientos.
El
innovador
en cualquier campo tiene que saber que con frecuencia será objeto de la
incomprensión y de la burla; que el ascenso cuesta mucho, puesto que si
no costara no sería ascenso, sobre todo cuando lo que se lleva en el
saco son nuevos pensamientos.
Pero
no creo que tengan que ser las cenizas del innovador abono
imprescindible del éxito de sus ideas.
Quien
tiene sobre su mesa una verdad, bien sea artística o científica, puede
estar seguro de que él mismo, si se lo propone de veras, logrará que
esa verdad llegue a triunfar.
Debe
combatir mucho para imponer sus ideas, pero, en la mayor parte de los
casos, es él mismo quien las impone con su propio esfuerzo.
Y
quien se siente poseedor de una idea que valga la pena, tiene que estar
dispuesto no sólo a expresarla, sino a luchar decididamente para que
triunfe.
Y,
si no fuera así, ojalá que no la guarde, sino que la deje en el
camino.
Por
allí pasará algún otro que podrá vivir por ella.
Y
para ella.
Se
atribuye, en general, a los críticos- en cualquiera de las artes- la
falta de no haber podido detectar a tiempo la mayor parte de las obras
que hoy se consideran como las más grandes de la Historia.
Sin
duda, muchas veces ha sido así, pero no siempre.
Tengamos
en cuenta, además, que hay obras trascendentes que, en sus inicios, no
son comprendidas por nadie, ni siquiera por su propio autor.
Y
que, en más de una ocasión, los mayores escollos se encuentran en
aquellos: -mediocres, talentosos y también geniales- que, por ser del
mismo oficio, transitan por la misma vereda.
...
la personalidad musical de Brahms me es antipática. No puedo
soportarlo. Cualquier cosa que haga me deja insensible y frío".
"Yo
no puedo calificar de música - se trata de la música de Wagner-
algo
que se compone de frases caleidoscópicas que se continúan
interrumpidamente y que jamás llegan a término; que no dan al oído la
más mínima ocasión de reconocer una forma musical... Yo nunca me he
aburrido tanto como en Tristán e Isolda".
La
última época de Beethoven,
especialmente
los últimos cuartetos, en general no me agrada; existe allí un
reflejo, pero nada más. El
resto
es un caos... rodeado por nieblas impenetrables..."
"Puedo
decir que me agrada Bach,
porque
es entretenido tocar una buena fuga, pero no veo en él como lo piensan
otros, a un gran genio".
"A
Handel
lo
considero absolutamente de cuarta categoría, porque ni siquiera es
entretenido".
Todo
esto lo escribió, de su puño y letra, Piotr IIich Tchaikovski, quien
sobre sí mismo dijo lo siguiente: "¡Cuánto tiempo he necesitado
para convencerme de que pertenezco a esa categoría de hombres a quienes
no les falta inteligencia, pero no a la de aquellos cuyo intelecto es
capaz de desarrollar cualidades extraordinarias! ¡Cuantos años
debieron pasar para que yo reconociese que, también como compositor,
soy sencillamente un hombre talentoso, pero no un ser fuera de lo común!".
Y
en esto el autor de la Sinfonía Patética y del Concierto para violín
en Do Mayor también se equivocó. Y como un ejemplo en el campo de la
literatura, he aquí este juicio sobre Baudelaire y Verlaine,
nada
menos este juicio sobre Baudelaire y Verlaine,
nada
menos que de León Tolstoi: "Cómo los franceses pudieron atribuir
tanta importancia a estos versificadores, que estaban lejos de ser
expertos en cuestiones de forma y eran lo más despreciables en cuanto
ala materia que trataban, es para mí incomprensible".
Sería
interesante leer una historia de los fracasos y los éxitos en el arte.
Es
posible que nos encontráramos con hechos sorprendentes que nos harían
muchos prejuicios adquiridos.
Entre
ellos el muy generalizado de que todo artista, por adelantarse a su época,
es un ser incomprendido por sus contemporáneos y sólo la posteridad lo
convierte en célebre; en muchos casos eso es lo que ha ocurrido, pero
no en todos, ni muchísimo menos.
En
la más famosa de las artes plásticas, por ejemplo, por cada pintor
famoso hoy fracasado en vida, encontramos por lo menos a uno que conoció
en persona los frutos del éxito.
Frans
Hals
termina su vida en un asilo de ancianos, pero Hans Holbein puede pintar
los retratos de las mujeres de Enrique VIII.
Rembrandt
muere en ruina y soledad, pero Botticelli, Rafael y Miguel Ángel
reciben los favores de la ciudad de Florencia y del Palacio Vaticano;
Leonardo también los de Francisco I de Francia; y Velázquez, los de la
corte de España.
Los
pocos cuadros de Vermeer
de
Delf, quien muere hace trescientos años, empiezan a conocerse ya
mediado del siglo pasado, pero Rubens puede pintar cerca de tres mil,
porque tiene la posibilidad de que numerosos alumnos y ayudantes los
terminen por él.
Las
obras de Fragonard se valorizan años después de su muerte, pero las de
Reynolds le dan el prestigio necesario para fundar la Academia Real de
Inglaterra. Cézanne puede vender sus cuadros sólo después de los
cincuenta y cinco años, pero Goya
puede
ridiculizar a la familia de Carlos IV por haber sido nombrado su pintor
oficial.
Gauguin
muere
en una choza en Tahití pero Corot
Monet y
Rousseau
logran
que los verdaderos de cuadros se disputen sus obras.
Van
Gogh
no
logra a su muerte Braque
es
honrado con exequias oficiales y Picasso vive y muere ene un clima de
apoteósico universal.
Es
posible, por otra parte, que más de una vez el fracaso no se deba a la
personalidad propiamente artística del creador, sino a otras facetas de
su manera de ser, en diferentes campos de la vida ordinaria.
Cézanne,
por ejemplo, vive aislado, ¿por razón de su pintura o porque, aun para
sus amigos, era muy difícil de tratar?
¿Por
qué Rembrandt muere en la miseria? ¿No fue por administrar mal una
fortuna que la pintura había ayudado a reunir?
Se
podrá argumentar que el destino de Rembrandt era el de pintar y no el
de ser un buen administrador, pero seguirá siendo cierto que la causa
de su miseria no fue la pintura.
Gauguin
tenía
que cambiar sus cuadros por comida para poder subsistir, mas podríamos
preguntarnos si en el Tahití de aquella época cualquier europeo normal
no hubiera tenido que soportar privaciones más o menos semejantes.
Sé
muy bien que la lista de ejemplos puede hacerse interminable en uno y
otro sentido: éste es un tema de nunca acabar.
Y
nada de esto significa que desconozca que el pasado adquiere con el
transcurso del tiempo un valor que no tuvo, con razones o sin ellas,
cuando fue presente. Hay motivaciones sicológicas para ello.
CÓMO DESARROLLAR LA INTELIGENCIA 22