"Ser
o no ser".
Convirtamos
la duda de Hamlet en un absurdo y llegaremos al arte.
Para
ello no es necesario cambiar sino una sola palabra: la conjunción.
"Ser
y no ser".
Ser
y no ser al mismo tiempo: eso es el arte.
Una
catedral gótica es una catedral y no es una catedral.
Un
poema son palabras que tienen un significado y, a la vez, es otra cosa
lo que significan.
La
música de Brahms es música y al mismo tiempo es también otra cosa que
no es música.
El color
de un cuadro es color y no es color.
Mona
Lisa sonríe y no sonríe.
Es
más: es mujer y no es mujer.
Toda
obra de arte es una gran metáfora.
Una
gran Metáfora que se entiende y no se entiende.
En
toda obra de arte hay arte y otra cosa que no es arte.
Es
una forma sensible y ala vez no es una forma sensible.
Es
una idea y no es una idea.
Es
y no es ambas cosas al mismo tiempo.
Ser
o no ser en arte, ésta es la cuestión.
El arte
llega a su máxima expresión allí donde, antes de concebirse la obra,
es indeterminado el número de posibilidades que existen para su
realización, pero, una vez terminada, pareciera que aquello que se
presenta ante nuestros sentidos, para poder ser, no podía ser de otra
manera, tenía que ser así, sin ninguna alternativa.
Antes
de ser libre era libre; después de ser es necesario.
La
libertad radical forma parte constitutiva de una obra de arte.
Sólo
un ser libre puede realizarla.
Se
le atribuye a Giacometti la siguiente frase: "Si en un incendio
tuviera que escoger entre salvara un gato o a un Rembrandt, salvaría al
gato".
Es
enorme la importancia de la frase.
Sus
consecuencias son ilimitadas.
Pero
a mí me cuesta creer que uno de los más grandes escultores de este
siglo haya pensado verdaderamente eso.
Y
estoy seguro de que si en realidad se encontrara en las circunstancias
supuestas, haría lo mismo que yo:
Salvaría
al Rembrandt.
En
el caso contrario, éste se perdería sin posibilidad alguna de
sustitución. El gato
podría ser sustituido por millones de gatos.
Un
gato siempre será un gato.
Un
Rembrandt siempre será ese Rembrandt.
Años
después, ¿qué significación tendría haber salvado el gato, perdido
el Rembrandt para siempre?
Pensaría
otra cosa si fuera Noé a quien se le hubiera planteado una disyuntiva
semejante.
En
este caso no se trataría de la salvación de un animal en concreto sino
de la de toda una especie, cuya
utilidad en la economía de la creación nadie podría determinar en todos sus alcances.
Y,
sin duda alguna, si yo tuviera que escoger entre un Y Rembrandt y un niño,
salvaría al niño.
Porque
creo en la existencia de un alma libre e inmortal en el ser humano. Y nunca me sería dado saber si ese niño podría ser Rembrandt.
Son
muchos los que creen que quieren ser creadores y que alegan no poder
realizar la obra para la cual están llamados- ¿llamados por quién?,
¿por qué alguien tiene que llamar?- Por la falta de comprensión que
encuentran a su alrededor. Si realmente se comprenden a sí mismos, ¿por
qué necesitan la comprensión de nadie?, ¿o lo que quieren no es
comprensión, sino mucho más: seguridad en su propio destino, porque no
saben que sólo ellos mismos pueden dársela? Con la ayuda de los demás,
mejor.
Pero
ninguna ayuda también, si ella no puede lograrse.
Uno
busca muchas veces las razones de su propio fracaso en el medio
ambiente, al que considera hostil, cuando donde hay que buscarlas e
dentro de uno mismo. El que
tiene una obra por realizar la realiza por encima de todo.
Lo
mismo sucede en el plano de lo colectivo: los pueblos también tienen la
tendencia a justificar sus fallas, atribuyéndole a otros lo que muchas
veces constituye una responsabilidad indelegable.
Es
muy fácil culpara los demás.
Pero
no es verdad.
Cada
quien puede hacerse su propio destino.
Por
lo general, cuanto más fiel es uno a sí mismo, más dispuesto se
siente para comprender las fallas de los demás.
Es
algo como si la propia fidelidad bastara para realizarse y no se
necesitara de otra identidad sino de la propia.
Cada
quien es un ser único en el mundo.
Desde
el principio del tiempo hasta su fin, nunca podrá existir ninguno otro
igual. En sí, cada quien es un original que no tiene copia.
Hemos
escuchado muchas veces esta frase: "Cuando te hicieron se rompió
el molde", pero no nos damos cuenta cabal de todo lo que ella significa.
Al
producir una obra de creación, todos podemos ser originales, digamos lo
que digamos en ella, y necesariamente lo seremos si, a los conocimientos
adquiridos, le añadimos simplemente nuestro propio ser original.
Lo
que se necesita es el coraje de ser uno mismo.
Genios
potenciales los hay en todas partes.
Es
más: en cada persona que vemos caminando por la calle hay un genio en
potencia.
Pero
genios en acto y actuantes desconocidos por el mundo, ésos creo que serán
pocos, sobre todo hoy en día, con los medios de cultura y comunicación
a nuestro alcance.
Podemos
tener la seguridad de que aquel que tenga en las manos la Novena Sinfonía de Beethoven no
pasará por la vida como un genio inédito.
Y
quien la haya producido, no le importe que no le hagan caso, pues algún
día le escucharán hasta las piedras.
Y
no creo que una idea nueva encuentre 1° un camino fácil para llegara
su destino. Muy al contrario, tengo conciencia de que ese camino está
lleno de toda clase de obstáculos.
El primero
de ellos se encuentra dentro de la misma mente de su creador. Allí es donde tiene que librar su primera batalla.
¿Qué
de extraño tiene, entonces, el que después tenga que superar muchas
otras? Quien tiene una idea no puede aspirar a encontrarse muy acompañado
desde le comienzo.
Y
cuanto más trascendente sean muchos los que la comprendan.
CÓMO DESARROLLAR LA INTELIGENCIA 21