En
un invento, la mitad la pone el científico; la otra mitad, las
coincidencias.
Pero la mayor parte de éstas también de las debe el científico a sí
mismo.
En
muy contadas ocasiones se puede identificar en toda su extensión el
camino que conduce al hallazgo.
¡Cuántas
veces se llega ala verdad por error!
El
sabio,
a través de sus propias equivocaciones, va venciendo cada día su
propia ignorancia.
Casi
nunca se logra la verdad en el primer intento.
La
batalla por lograr un nuevo pensamiento se gana pasando por encima de
los cadáveres de multitud de pensamientos equivocados.
Colón
se equivocó: lo que él buscaba era llegar a la India, y. Si no hubiera
sido por ese desacierto, no habría regresado a Europa con la tierra de
un Nuevo Mundo en las manos.
¡Cuántas
veces hay que gastar toneladas de esfuerzo para obtener un gramo de
energía!
Hay
momentos en que es necesario olvidar todo lo que se sabe y todo lo que
se ha hecho y volver a empezar.
Hay
que estar muy confundido para poder llegar a ver con claridad alguna
vez.
Y
si no se ha pasado por esa etapa es porque todavía no se ha comenzado
de verdad.
El
sabio
supone que el norte se encuentra en una determinada dirección y
comienza decididamente a andar hacia allá; no por tropezar pierde su
rumbo y, cuando se convence de que está equivocado, empieza de nuevo en
otro sentido; y así una y otra vez, hasta que encuentre el rumbo
certero.
Aquel
que pretenda iluminar algún camino, aun cuando la duda y el
desconcierto se apoderen de él, tiene que seguir hacia el lugar donde
en algún momento creyó verla luz, en tal forma que si los demás
pudieran contemplarlo dijeran:
"Anda
en la oscuridad, pero anda"
Y
llegará al final, si puede ser un centímetro más allá o más acá
que los demás. Un centímetro: ésa es la diferencia.
Y
muchas veces ésta se encuentra en lo que es evidente.
Porque
quien no sabe ver lo que es obvio, no sabe ver.
El
investigador
sigue las señales de la naturaleza.
Pero
algunos, sorprendidos por no encontrarlas en el lugar donde creían que
debían estar situadas, han tratado tozudamente de forzar a la
naturaleza a colocarlas allí, para poder seguir adelante por el camino
que habían previsto.
No
es de extrañar que algunos científicos, siguiendo el no de de sus
ideas, hayan sostenido, para mantener sus argumentos aun en contra de
los hechos, la más anticientífica de las pretensiones que pueda ser
concebida: "los hechos están equivocados", como afirmó Einstein
en
frase textual, porque, aunque parezca imposible, más de una vez han
tenido razón.
Casi
nunca se llega a conclusiones racionales sin una buena carga de
irracionalidad, ni en la vida, ni en el arte, ni en ninguna de las
ciencias.
Mucho
es lo que ellas han avanzado por caminos no científicos.
La
historia de la ciencia y del arte jalonada por la lógica, la
racionalidad y el orden pero también por incomprensibles paradojas,
equivocaciones repetidas, intuiciones absurdas.
Y
el que haya sido así es lo que la hace más grande.
En
la vida ordinaria no realizamos lo absurdo hasta que nos convencemos de
que no es absurdo.
En
el campo de la creación debe ser al contrario: aquí nada es absurdo
hasta que no se demuestra cabalmente que en realidad lo es.
Par
un espíritu creador nada en principio es absurdo.
Así
como "el corazón tiene razones que la razón no entiende", a
todo contrasentido puede encontrársele un nuevo sentido lógico.
Hay
que soñar.
Soñar
realidades, aunque no sean realizables.
Y
después, realizar lo soñado.
CÓMO DESARROLLAR LA INTELIGENCIA 16