Si
logramos desmontar las piezas de la más simple de todas las ideas
tendremos en las manos la clave de todo acto de creación.
Hay
que sistematizar el pensamiento, cualquier pensamiento: saber qué es lo
que hacemos al pensar, esquematizarlo y establecer una fórmula.
Y
después: aprenderla fórmula y practicarla.
Todo
pensamiento es una abstracción.
Aun
el pensamiento de una cosa concreta es un pensamiento abstracto.
Todo pensamiento es un acto de creación.
Y
toda palabra es un pensamiento.
Cuando
hablamos agitamos banderas que anuncian el pensamiento.
Cuando
estamos pensando estamos creando.
Pensar
es relacionar y relacionar es crear.
En
más de una ocasión lo extraordinario es justamente aquello que no
tiene nada de extraordinario, y lo más misterioso resulta ser lo que se
encuentra más a la luz. A veces el secreto de una cuestión radica en
que no existe ningún secreto.
Y
es posible que algo de esto suceda con el mecanismo de la inteligencia y
que, a la postre, nos encontremos con la escondida y visible realidad de
una misma fórmula simple, aplicable a todos los procesos del
pensamiento humano.
Con
buena parte de los descubrimientos científicos sucede lo mismo que con
las adivinanzas: después de que el enigma ha sido resuelto nos parece
tan sencillo, que no entendemos cómo
no pudo aclararse mucho antes; cómo la humanidad pudo tener
durante siglos la solución en frente de los ojos, sin que nadie
reparara en ella.
Y
mañana se dirá lo mismo de nosotros.
Muchas
veces la solución radica en la respuesta más fácil.
La
naturaleza no por ser compleja deja de ser simple.
Toda
genialidad es sencilla.
La
verdad suele encontrarse entre lo más elemental.
Y
si esto se compone de elementos contradictorios, mejor.
No
existe ninguna idea, cualquiera sea su grado de abstracción, que no
pueda ser expresada en términos comprensibles para un hombre de
inteligencia normal. Otra cosa es la de que aquellos que manejan algunas
ideas no puedan o no quieran - porque esto también ocurre muchas veces-
expresarlas en esos términos. Toda teoría puede ser explicada.
La
teoría de la relatividad, por ejemplo, es descrita por Einstein,
no
es un lenguaje matemático que sólo unos pocos podrían comprender,
sino en un lenguaje "visual" al alcance de muchos.
La
idea más complicada no consiste sino en varios pensamientos simples
tramados. Lo importante, entonces, será descubrir la manera como se
construye un pensamiento simple y el mecanismo por el cual se forma la
trama, que aparece ante nuestra vista como difícil y compleja.
He
aquí una formula, en la cual quizá se concreten todas las demás:
primero, convertir lo complejo en simple y después, darle a lo simple
carácter general. Todo asunto complicado puede convertirse en uno o
muchos asuntos sencillos. Se sistematiza lo complejo simplificándolo.
Y
todo nuevo dato que llega a nuestro cerebro es posible someterlo a un
proceso de generalización.
Constantemente
estamos generalizando lo particular.
Por
eso, y solo por eso, son útiles los conocimientos que adquirimos a través
de la experiencia.
Si
es verdad, puede generalizarse.
Por
eso, sabio que no generaliza, no es sabio.
Generalizares
inventare inventares relacionar.
Todo
conocimiento que llega a nuestra mente es relacionado en seguida con un
conocimiento anterior que se le parece.
Todo
conocimiento nuevo en alguna manera ya no es conocido.
Ninguno
es totalmente nuevo.
Si
lo fuera, simplemente no podríamos conocerlo.
En
este sentido podemos afirmar que no conocemos las cosas, sino que de lo
que se trata es de reconocerlas.
Cada
pensamiento que surge en la mente, antes de convertirse realmente en
pensamiento, es relacionado con otro u otros previamente adquiridos; y
es entonces cuando se convierte en verdadero pensamiento y pasa a formar
parte del conjunto de pensamientos de que se dispone para ser
relacionados una y otra vez, indefinidamente.
Un
problema se resuelve mediante la aplicación de un esquema utilizando
con anterioridad en otro problema.
Ahora
bien, si ningún problema puede ser resuelto sin que se haya encontrado
previamente la solución de otro problema anterior; si no podemos
entender sin apelar a o que ya hemos entendido; si, en fin, pensar es
recordar, ¿cómo pudimos resolver el primer problema; cómo entendimos
por primera vez; cómo surgió en nosotros el primer pensamiento?
En
una primera instancia tendríamos que remontarnos hasta el periodo de la
gestación, para ver si es posible encontrar allí la primera impresión
que, recordada después, haya servido de base para todo el proceso
anterior.
Pero
esa larga incursión de nada nos valdría si no pudiéramos encontrar
una respuesta satisfactoria para esta pregunta: y esa impresión, si
realmente fue la primera, ¿cómo pudo fijarse si no había ninguna otra
con la cual pudiera ser relacionada?
Es
posible que pasen muchos años antes de que este asunto quede
definitivamente aclarado, pero, mientras tanto, pareciera necesario
admitir o que en alguna ocasión surgen dos pensamientos simultáneos
que se relacionan recíprocamente o que ese primer factor existe en
nosotros desde el mismo instante de la concepción, por el mismo hecho
de ser hombres, por causas de orden genético, sin que esto afectara en
lo más mínimo la afirmación de la inteligencia de una persona no está
determinada por la herencia.
CÓMO DESARROLLAR LA INTELIGENCIA 12