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Es mucho lo que actualmente se realiza en este sentido en multitud de
laboratorios del mundo y, sin duda, será asombroso lo que se logrará
por diversos caminos. No sub valorizo en nada todos esos esfuerzos.
Estoy
convencido de su extraordinaria utilidad.
Pero
en este libro me refiero sólo a otro tipo de ayuda, al menos igualmente
valiosa: la que incide sobre el proceso del pensamiento considerado en sí
mismo.
Los
dos propósitos no se estorban en lo más mínimo. Al contrario, se
implementan y aun pueden auxiliarse mutuamente.
Los
medios son distintos, pero el fin es el mismo: aumentar con urgencia la
inteligencia del hombre.
Es
considerable lo que se ha andado en este camino recientemente.
En
los últimos treinta años, sobre todo en los Estados Unidos, se han
escrito multitud de libros a través de los cuales se han presentado
diversas técnicas para estimular la inteligencia.
La
mayor parte de éstas procuran suscitar las condiciones externas que
faciliten el surgimiento y protección de nuevas ideas, a través del
trabajo en equipo y de la estimulación consciente del inconsciente.
Los
sistemas que ser han ideado para impulsarla creatividad procuran
aprovechar al máximo, y principalmente en trabajo de equipo, la
creatividad individual.
Porque
téngase en cuenta que toda creatividad tiene que ser individual.
Es
un cerebro el que produce.
Su
producción puede ser estimulada por el ambiente, del cual podrán
formar parte esencial otros cerebros produciendo también al mismo
tiempo y en el mismo lugar. Pero, aun acompañada y estimulada
externamente, la producción de ideas se realiza en la íntima y
personal soledad de cada cerebro.
Se
ha podido comprobar que los grupos de creatividad dirigidos
autoritariamente obtienen resultados más rápidos que los "democráticos",
pero a la larga éstos superan a aquéllos por notable ventaja.
Algo
parecido a lo que sucedió con las dictaduras "emergentes" y
las democracias "decadentes" en el transcurso de la Segundo
Guerra Mundial.
A
través de esos métodos se procura impulsar la creatividad individual
mediante diversos estímulos que facilitan el surgimiento de nuevas
ideas que contrastan o armonizan
con las expresadas por los demás miembros del grupo reunido con ese
fin. Se procura que surjan ideas y que esas ideas ayuden al
surgimiento de nuevas ideas. La creatividad así concebida es la situación
resultante de un proceso creativo.
Al
aprovechar la creatividad estamos aprovechando un resultado.
Ayudamos
a que ese resultado se produzca a través de diversos medios externos.
Pero debemos ir más allá y fijarnos en el proceso mental que dio lugar
a ese estado de creatividad.
¿Cuáles
son los pasos que la mente va dando para llegar a esos logros que luego
son unidos a otros logros semejantes y calificados posteriormente todos
ellos como creativos?
Todas
las ayudas externas para que la mente trabaje con mayor eficacia siempre
han de ser bienvenidas por su utilidad y conveniencia.
Pero
al mismo tiempo creo que en donde es indispensable poner toda la
insistencia, donde hay que llegar hasta el fondo, es en el estudio lo más
perfecto posible de los mecanismos de la mente como tales, que no se
conocen cabalmente todavía. Lo que principalmente se debe saber es cómo
funciona la inteligencia humana. La mayor riqueza de la tierra está
dentro de nosotros mismos.
Es
necesario que los pensadores piensen sobre el pensamiento.
Hay
que pensar sobre la manera de pensar.
Tenemos
que ahondar, con prontitud, al máximo posible, lo que conozcamos sobre
la manera, como se producen las ideas en la mente de los hombres.
En
los antiguos tratados de Retórica se afirma que la oratoria se reduce a
cinco partes: invención, disposición, elocución, memoria y
pronunciación; sobre la primera no dicen nada o casi nada.
Y,
sin duda alguna, ella es la más importante.
La
invención: he aquí la Retórica de nuestro tiempo.
Un
antiquísimo proverbio japonés dice que la "imaginación es un
secreto de la creación".
El esfuerzo
más importante del presente debe estar dirigido a descifrar ese
secreto. Hasta ahora la humanidad, con mayor o menor éxito, ha venido
resolviendo problemas, pero todavía está pendiente el más importante
de todos: cómo se resuelven los problemas.
Piénsese
en la importancia que tendría el que se encontrare definitivamente una
fórmula que, en lo fundamental, pudiera ser aplicable en el proceso de
resolución de cualquier tipo de problema.
Probablemente
esa fórmula no sería otra que la misma que, sin saber ni siquiera que
se trata de una fórmula ni en qué consiste, se ha venido utilizando a
lo largo del tiempo, tanto en los pequeños como en los grandes asuntos,
en los fáciles y en los difíciles, en los más simples y también en
los más complejos.
El despliegue
de facultades que realiza la mente humana para pensar es verdaderamente
gigantesco y el mismo para cualquier tipo de pensamiento.
Por
eso podemos afirmar que quien puede pensar una cosa puede pensar
cualquier cosa.
La
diferencia que existe entre un animal y Juan es tan grande, que la que
existe entre Juan y Einstein, comparada
con aquélla, es absolutamente insignificante.
El animal
se encuentra al nivel del mar.
Juan,
en una montaña a cinco mil metros de altura.
Einstein, en
la misma montaña, pocos metros más arriba.
La
dignidad de cualquier hombre, por el mero hecho de ser hombre, es
infinitamente más grande que cualquier otro honor que se puede recibir
en la vida.
Una
vez que se ha recibido la condición de hombre, todo ropaje externo
adicional, cualquiera que él sea, en realidad ya no tiene ningún
valor.
Algo
parecido sucede ene I campo del pensamiento: un ser que ha sido dotado
de la capacidad de pensar se encuentra en posición de una facultad tan
gigantesca que, ante ella, las características de los pensamientos
mismos constituyen un factor de importancia secundaria.
Elaborar
un pensamiento, aun el más simple de todos, representa una hazaña tan
colosal que de allí a la más compleja, difícil y elaborada de las
ideas hay una diferencia de menor cuantía.
Y
además, no abrigo dudas acerca de que quien es capaz de elaborar un
solo pensamiento es capaz de elaborar cualquier pensamiento.
Cada
vez me convenzo más de que no existe ninguna diferencia fundamental
entre el mecanismo del pensamiento creador y aquel a través del cual se
producen nuestros pensamientos normales, esos de todas las horas, con
los cuales hablamos y nos desenvolvemos en la vida ordinaria.
En
ambos se relacionan pensamientos.
En
esencia los dos procesos son exactamente iguales.
La
diferencia radica sólo en que los pensamientos que se relacionan son
distintos.
CÓMO DESARROLLAR LA INTELIGENCIA 11