Protegiéndose
contra acciones fatales
Quizá
usted está preguntándose:
"¿Qué
sentido tiene? ¿Por qué debería continuar?".
Tal vez ni siquiera puede concebir que las cosas mejorarán, que la vida
volverá a ser buena, que hay un futuro para usted. A veces llega a
pensar: "Todo
terminó para mí. Es mejor que renuncie".
No
es el único que piensa y siente de esa manera. En alguna oportunidad casi
todos hemos tocado fondo y hemos sentido el deseo de renunciar. La vida
parece tan negra que se nos ocurren toda clase de ideas; idea que, si nos
concentramos en ellas, se convierten en inmovilizantes. Ideas como, por
ejemplo:
"¡No
puedo continuar!"
Puede
sentirse muy pequeño e insignificante frente a la adversidad. Se
siente totalmente impotente, indefenso.
Todo lo que hace es pensar que nada vale la pena y que es inútil
continuar.
"¡No
puedo manejar esto!"
Puede
ver la situación como algo que otros pueden manejar pero no usted. Se
dice: "No soy lo bastante fuerte para encarar esto". "No tengo lo
que se necesita para seguir adelante".
"¡Nada
de lo que yo haga tendrá ninguna influencia!"
Piensa
que nada de lo que haga para ayudarse le será útil. Piensa que si prueba
una técnica nueva y anda bien por unos días, luego fallará. Y entonces
volverá a tocar fondo y nada habrá cambiado. Se siente condenado.
Uno
de los aspectos más peligrosos de una crisis es que desata ideas e
impulsos muy destructivos.
Esos
pensamientos e impulsos son muy comunes. Después de todo, cuando las
pautas normales de la vida se han lesionado gravemente, parecería que no
quedan motivos para seguir viviendo. Su razón de vivir puede haberse
basado en el estilo de vida que usted llevaba. Cuando éste
desaparecer porque ha muerto un ser querido, se ha roto una relación o ha
tenido un fracaso financiero, usted puede preguntarse si el futuro vale la
pena ser vivido.
En
otras situaciones usted puede sentirse furioso con alguien que usted cree
ha destrozado su mundo, O puede estar tan alterado y confundido que
tiene poco control sobre sus impulsos destructivos. Por desgracia esos
impulsos violentos conducen con frecuencia a una conducta destructiva. Hay
ejemplos de esto en las notas sobre crímenes y suicidios que aparecen en
los diarios. El cónyuge abandonado que mata a otro y se suicida, o el
empleado despedido que regresa al lugar de trabajo y mata al jefe que lo
despidió.
Sea
lo que fuera lo que los motiva - falta de control, la idea de que no
vale la pena el futuro - esos impulsos amenazantes y violentos deben
tomarse muy en serio. Usted se da cuenta cuando tiene esa clase de
impulsos y debe tomar precauciones para protegerse a sí mismo y a los demás
de acciones fatales; acciones que por supuesto reducen las opciones.
LA
FALTA DE ESPERANZA: CUANDO TODO PARECE PERDIDO