Los
sentimientos enterrados
Una
consecuencia muy dañina de los sentimientos no expresados es que, a
menudo, en lugar de desaparecer, crecen y creen hasta que, como en un
envase de aerosol, pueden estallar.
Más
aun, necesitaba una manera de hacer que esos sentimientos trabajaran en su
provecho; verlos como eran: signos que señalaban el camino en el
laberinto.
Si
bien casi todos nosotros somos expertos en el manejo e los sentimientos
agradables - alegría, felicidad, cariño, gratitud- , sabemos muy poco
de los desagradables. Los sentimientos negativos nos asistan y ponen
incómodas a las personas que nos rodean, así que tratamos de evitarlos
lo más posible.
En
realidad la sociedad no alienta a que evitemos encarar los sentimientos
penosos, nos dice: "Tómalo con calmo, contrólate, sé fuerte". Esta
actitud es reforzada una y otra vez de muchas maneras. Por ejemplo en un
funeral, a menudo se escuchan comentarios respecto de los miembros de la
familia afectada: "¿No es cierto que ella lo está soportando
bien?"; "El se controla muy bien".
Es
decir que las personas que "se aguantan" y "se controlan" son
aquellas que no expresan sus sentimientos. Es así como se enseña a
mantener las emociones penosas encerradas en nosotros, a evitarlas o a
enterrarlas o a no dejarlas salir. Es mejor mantenerlas adentro,
controlarlas; si no, se nos irán de las manos.
Detrás
de todo esto está la idea de que las emociones son irracionales y
no deben expresarse abiertamente porque eso nos impediría encarar
racionalmente nuestros problemas. Por desgracia para una persona en
crisis, el mero hecho de negar, enterrar o ignorar los sentimientos
penosos puede tener consecuencias dañinas y muy duraderas.
Desde
luego que estos sentimientos penosos intensos no siempre afloran en forma
dramática.
Pueden
permanecer hirviendo en lo profundo de nuestro ser, consumiendo más y más
energía vital, quitándonos la fuerza; pueden, como el cáncer, carcomer
las fibras del bienestar emocional, alterar el equilibrio normal de la
salud física. Nuestros cuerpos y nuestras emociones son sistemas en
conexión absoluta. Cuando algo ocurre en un sistema, afecta al otro
también. Un golpe emocional puede crear malestar físico.
Los
sentimientos penosos no desaparecen; de alguna forma van a manifestarse.
Pueden aparecer como insomnio, dolor de espaldas, una úlcera, un dolor
miserioso o náuseas. A algunas personas les duele la cabeza; otras tienen
picazones o pierden peso. A menudo este efecto de los sentimientos
negativos agrava una vieja herida o lesión o enmascara algún otro
malestar físico inexplicable, golpeando donde el organismo es
naturalmente más débil; para alguno será una sinusitis, para otro, una
articulación artrítica. La lista es interminable.
LAS
OPORTUNIDADES ESCONDIDAS