El
manejo de los sentimientos penosos
Si
algún aspecto de la crisis que sobresale, o si tiene una parte que queda
por más tiempo en la memoria, es que toda la experiencia es horrible.
Durante
una crisis, las emociones giran en un torbellino salvaje. Los extremos se
convierten en norma. Por cierto que lo que hace que una crisis sea
demoledora para mucha gente es que la magnitud de los sentimientos es más
grande que la que se haya experimentado en la vida. El duelo, la furia, la
angustia, la depresión, la culpa, todas estas emociones se experimentan
en megadosis que atacan y lesionan a los delicados sistemas del cuerpo.
Si
no se expresan, esas emociones poderosas se "embotellan" de alguna
manera, acto que consume enormes cantidades de energía, y por lo tanto
queda menos energía disponible para otros propósitos como trabajar,
divertirse y amar.
Mantener
embotelladas las emociones fuertes siempre resulta una aventura peligrosa.
Aumenta la presión y no hay válvula de escape. Eso daña el reservorio y
suele conducir a una explosión cuando la presión se hace demasiado
grande.
La
gente que sobrevive a una crisis, en particular la que hace mejor uso del
potencial de crecimiento, eventualmente llega a elaborar los sentimientos
poderosos como la furia, la culpa, la tristeza o el remordimiento, de
manera que éstos no subsistan y envenenen la existencia.
En
las primeras etapas de la crisis esos sentimientos intensos deben ser
identificados para permitirles luego una manera de expresión. Es casi
como dejar salir algo de vapor de la olla a presión: se alivia algo de
intensidad y puede comprenderse mejor la existencia de esas emociones y el
significado que tienen en la vida.
Los
sobrevivientes no ignoran sus sentimientos durante una crisis. En lugar de
eso, los manejan, encuentran formas de expresarlos y comprenderlos.
CÓMO
MANEJAR LOS SENTIMIENTOS PENOSOS