El
acontecimiento produce imágenes
o pensamientos terroríficos
En
algunos casos la crisis se desencadena por algún acontecimiento muy traumático:
un desastre horrible que produce la muerte o gran sufrimiento físico. Una
inundación, un incendio, un tornado o el terror de una violación o un
asesinato pueden dejar a los sobrevivientes temblorosos y perseguidos por
las imágenes vividas de lo que ocurrió. A veces esas imágenes
resultan inaguantables; como si uno estuviera volviendo a vivir el
acontecimiento.
Las
imágenes y pensamientos más terribles sobre acontecimientos pasados van
despareciendo con el tiempo si usted se permite expresar los sentimientos
que las acompañan. Por consiguiente, el tratamiento directo para las
imágenes penosas es hablar de ellas con alguien que desee escuchar lo que
usted dice.
Eso
hizo evidente en la experiencia con los veteranos de Vietnam que eran víctimas
de estrés postraumático. Lo que encontraron muchos veteranos, cuando
volvieron, es que no podían olvidar la agonía que habían visto en la
guerra; los perseguían los ensueños diurnos y las pesadillas cargadas de
horribles imágenes de guerra-, a veces durante años después de ocurrido
el acontecimiento.
El
mejor tratamiento para liberar a los veteranos de sus imágenes y
pensamientos penosos ha sido ponerlos en la situación de que pudieran
contar sus recuerdos, comentarlos con otros veteranos y con consejeros que
habían tenido experiencias similares en la guerra: personas que comprendían
y no juzgaban y se limitaban a escuchar.
Ocurre
que cuando usted describe las imágenes penosas comienza a
desensibilizarse respecto de ellas. Si se relata una imagen horrible no
tiene el mismo valor chocante que tenía antes. Algunos terapeutas piden a
sus pacientes que "le cuenten la historia" de lo que ocurrió. Y una
vez que le han contado, los terapeutas insisten: "repítame la
historia". Liberarse del lazo con las imágenes y los recuerdos es una
cuestión de permitir la expresión de las imágenes y de los pensamientos
penosos.
Usted
puede lograr esto con un amigo de confianza que esté resuelto a escuchar,
o con un consejero que lo deje hablar con entera libertad. Hablar de lo
que ocurrió lo curará.
EL
ACONTECIMIENTO EXPONE DEBILIDADES O ERRORES EN MI PROGRAMA MENTAL