Cuándo
enviamos un mensaje equivocado
Los
hombres muestran de muchas maneras su incapacidad de comunicarse; una de
las más claras es que con frecuencia sus acciones -verbales o no- envían
mensajes que contradicen sus verdaderos sentimientos. A continuación daré
un ejemplo de esta situación.
Ted
es un hombre de 33 años, extraordinariamente atractivo e interesante. Es
abogado, y odia ir a fiestas o actividades sociales. Aunque parece
"tenerlo todo" -una casa bonita, un automóvil agradable y seguridad
económica- "no es afortunado con las mujeres", según sus propias
palabras.
A
causa de la insistencia de Michael, un colega que trabaja en su empresa,
Ted accedió a ir a una fiesta. Michael le había asegurado que habría
gran cantidad de mujeres guapas y solteras. Ted se sentía muy incómodo,
pero se alegró de haber ido cuando vio a una atractiva mujer en el otro
extremo del salón.
Advirtió
que la joven era muy alegre, y conversaba con todos los que la rodeaban.
Su sonrisa era amplia y radiante, y parecía ser muy franca y cálida. Ted
se le acercó de inmediato: "Hola -le dijo-. Te vi apenas llegué;
tienes una sonrisa muy alegre". Ella le dio las gracias y pareció
resplandecer. Ted se dio cuenta entonces de que la joven seguía sonriéndole
y mirándole, y esto le hizo sentirse incómodo e inhibido. Aunque se sentía
muy torpe, hizo un esfuerzo por estrecharle la mano y presentarse: "Soy
Ted Templer", le dijo, y bajó la vista. Siguió mirando hacia abajo
mientras la mujer se presentó como Jeanne Dalton. Los ojos de Ted
oscilaron de un lado a otro: como estaban junto a un sofá, le dijo a
Jeanne: "Siéntate, vamos a conversar". Ella obedeció, mientras
continuaba sonriéndole.
Cuando
se sentaron, Ted daba la impresión de querer ocupar todo el sofá: puso
los brazos sobre el respaldo y extendió las piernas, recostándose en el
asiento. Mientras hablaba sobre sí mismo, y contaba a qué se dedicaba,
se movía nerviosamente, lo que daba la impresión de que se sentía incómodo.
Sus gestos, amplios y bruscos, lo hacían parecer grosero. Por añadidura,
no dirigía la vista a su interlocutora sino que miraba a un lado, y parecía
estar más interesado en otras personas que en ella.
Cuando
por fin pudo mirar a Jeanne bajó la vista, con lo que pareció mirarle
los senos. Cuando ella le hizo una pregunta, él la ignoré y siguió
hablando de sí mismo y de otros temas de su propio interés.
Jeanne
empezó a sentir que Ted estaba teniendo una conversación unilateral:
estaba hablando consigo mismo. Por fin, decidió que ya era suficiente.
Esbozó
una sonrisa forzada, se puso de pie y dijo que en seguida regresaba. Fue
hasta donde estaba su amiga Cathy, con quien había llegado a la reunión,
y mantuvo con ella la siguiente conversación:
Cathy:
¡Guau, parece que estás de suerte! ¿Quién era ese tipo tan divertido
con el que conversabas?
Jeanne:
¿Tipo divertido? ¡Ese idiota, querrás decir!
Cathy:
¿Hablas en serio? ¿Qué ha hecho?
Jeanne:
Primero el imbécil me ordenó que me sentara, como a un perro. Todo. el
tiempo les hablaba a mis pechos, sin ni siquiera mirarme a la cara. Cuando
por fin pudo apartar la vista de ellos se dedicó a examinar a todas las
demás personas de la reunión. Tenía un aire de lo más arrogante, y
actuaba como si fuera grandioso: parecía juzgarme y mirarme desde arriba.
¡Qué tipo! Y sólo hablaba de sí mismo: de sus estúpidos casos, de su
estúpido automóvil. Bah, olvídalo.
Cathy:
¡Oh, no, qué desastre! ¡Y pensar que me había parecido interesante!
Por
su parte, cuando se dio cuenta de que Jeanne ya no volvería, Ted buscó a
Michael; cuando lo encontró mantuvieron la siguiente conversación:
Michael:
(todo sonrisas, palmeándole la espalda) Te había asegurado que aquí
encontrarías algunas chicas guapísimas. ¿Estás contento de haber
venido?
Ted:
No, la verdad es que no... Esa tonta con la que estaba hablando...
Michael:
¡Vamos, chico, si estaban la mar de bien!
Ted:
Sí, pero qué mujerzuela. Figúrate que estaba dándole una buena imagen,
contándole todo lo que hago, y se esfuma. Seguramente pensó que no soy
bueno para ella, o que no soy millonario. Sí, seguramente no tengo
suficiente dinero para ella.
Michael:
No te aflijas, es mejor que te hayas dado cuenta ahora. ¿Para qué la
necesitas?
Ni
Ted ni Jeanne se dieron cuenta de lo que en realidad estaba sucediendo:
cada uno mal interpretó las señales del otro, porque no entendían las
Diferencias Genéricas de Comunicación entre hombres y mujeres. Si las
hubieran tenido en cuenta, probablemente habrían disfrutado juntos la
velada, e incluso podrían haber empezado a salir. Al fin de cuentas, hubo
atracción a primera vista. -
Por
ejemplo, es importante que, al escuchar, los hombres no den señales de
impaciencia, ni den golpecitos con el pie, ni manipulen objetos, porque
esto resulta muy modesto para una mujer. Los hombres deben proporcionar
retroalimentación, y mostrar signos visuales --por ejemplo, asentir con
la cabeza-. Si emplean mayor cantidad de signos no verbales positivos,
darán la impresión de estar más interesados en la conversación.
Es
fundamental que escuchen la idea completa y que controlen su tendencia a
sacar conclusiones apresuradas o a terminar la frase que está diciendo su
interlocutora. Por desgracia, esto último sucede con mucha frecuencia,
especialmente en parejas que llevan mucho tiempo juntas. Los hombres deben
tratar de inclinarse hacia adelante mientras dialogan, y prestar más
atención a la conversación; concentrarse en lo que la mujer dice y
observar su modo de comunicarse -es decir, atender no sólo a lo que
dice sino a su modo de expresarlo-. También deben prestar atención a
la entonación y las emociones, porque de este modo adquirirán más
información sobre su interlocutora y, en resumen, la conocerán más.
Los
hombres deben ser más descriptivos, y usar más intensificadores como
"muy", "de verdad" o "tan"; asimismo, tienen que emplear más
adjetivos, y decir frases como "Estás maravillosa" o "Querida,
realmente me encanta el modo como te has arreglado esta noche. Estás tan
sexy con ese alegre vestido azul, que hace resaltar el color de tus ojos.
¡Se te ve tan sexy, y ese vestido destaca tu cuerpo tan sensual!".
Tienen
que superar sus sentimientos de incomodidad, y darse cuenta de que a las
mujeres les encanta recibir elogios.
Por
otra parte, es aconsejable que miren más directamente, y presten atención
al color, el estilo y la textura de la vestimenta de una mujer, escuchen
los distintos tonos de su voz y sientan el contacto de su cabello y de su
piel. También deben oler su perfume, y expresar todo lo que sus sentidos
están experimentando, y de este modo lograrán una comunicación plena.
Le
expliqué esto a uno de mis clientes, y de inmediato comenzó a ponerlo en
práctica con su esposa. En seguida advirtió un enorme cambio: ella se
volvió mucho más afectuosa cuando su marido se expresaba del modo como
yo le había enseñado.
Tanto
hombres como mujeres deL decir cumplidos con frecuencia, y agradecer el
logro más pequeño y la más leve mejora con un espaldarazo verbal. De
este modo, su pareja percibirá que usted es atento, y se sentirá más
valorada.
Si
usted usa más términos cariñosos con las mujeres, y frases emocionales
como "Me encanta el modo...", "Tengo ganas de...", "Me molesta
cuando...", "Estoy muy entusiasmado con...", "Me siento triste
cuando..." o "Me hace tan feliz que...", obtendrá una respuesta cálida
y atenta de la mujer que lo acompaña. De este modo, ambos tendrán un
lenguaje en común, lo que ayudará a superar la brecha de comunicación
entre hombres y mujeres.
Abrirse,
enfrentarse y autoliberarse
Además
de la represión de las emociones, otra diferencia de comunicación entre
hombres y mujeres se refiere a la manera como pueden abrirse y expresar
cosas sobre sí mismos. Sheri Hite, en su libro Women and Love, A
Cultural Revolution in Progress (Knopf, 1987), descubrió que en casi
el 71 % de los matrimonios que llevan muchos años casados, las mujeres
han renunciado a comunicarse con sus esposos y no intentan conversar con
ellos. Su descubrimiento es, sin duda, sumamente preocupante.
Lo
que deben hacer los hombres para tener mejores relaciones personales y
sociales con las mujeres