CÓMO TRATAR CON
PERSONAS DIFÍCILES
Guía
Práctica Basada en las Investigaciones de Ursula Marka
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LA PERSONA PASIVA
En el lado completamente
opuesto nos encontramos con la persona pasiva, que tiende a sacrificar
constantemente sus necesidades por los demás. Es un buen blanco
para que la gente se aproveche de ella, incluso hasta los que no son
agresivos por naturaleza. Sencillamente, parece que el pasivo
fomente esta actitud en las personas con las que se relaciona.
En otras generaciones se
suponía que las mujeres tenían que ser sumisas; pero desde hace
relativamente poco tiempo se ha aceptado que la mujer sea asertiva y
competitiva. En este sentido, el progreso de la mujer se ha visto
entorpecido por la acción de hombres que ocupan puestos prominentes y
que, por edad o por educación, siguen aferrados a las viejas ideas
'obre el «lugar que ha de ocupar la mujer».
En tales empresas aunque la
mujer tenga talento, sea eficiente y responsable, es
extraordinariamente difícil que llegue a la cima. Sin embargo, es
posible que a medida que los miembros de esta vieja jerarquía se vayan
retirando, las mujeres tengan más oportunidades de compartir las
responsabilidades profesionales con los hombres.
La persona pasiva sufre
enormemente a causa de sus sentimientos de inseguridad e inferioridad.
Carece de autoestima y no confía en sí misma o en sus habilidades.
Cada vez que entra en contacto con el agresor se refuerzan sus
sentimientos de inferioridad. Tiende a aceptar las críticas sin
preguntarse si son justificadas o no.
Puesto que se da cuenta de
que deja que los de más se aprovechen de ella -y lo hace
habitualmente-, la persona pasiva suele experimentar bastante ira. Sin
embargo, esta ira no se dirige hacia la persona o personas que se
están aprovechando de ella, si no hacia sí misma por permitirlo. No
obstante, no suele hacer nada al respecto, cree que «no vale la pena»,
que nunca la van a tomar en serio ni podrá hacer lo que quiere.
Esto, a su vez, provoca una grave frustración: a fin de cuentas, a
nadie le gusta sentirse impotente y mucho menos si se está convencido
de que se lo «merece».
La persona pasiva
normalmente es bastante buena ocultando sus sentimientos. Va por la
vida haciendo ver que todo va bien, mientras siempre está angustia da
y teme que sólo sea una cuestión de tiempo el que alguien la ponga en
evidencia por su incompetencia. Como podrá imaginar, esto es un
regalo para el agresor, que sólo está buscando a alguien que acepte la
culpa de todo lo que va mal. ¡Qué lotería encontrarse con la
víctima propiciatoria, alguien que realmente crea que todo es culpa
suya!
Una persona pasiva también
se aparta de los de más, porque siente que no merece relacionarse con
seres superiores y que éstos tampoco querrán conocerla. No cree que
nadie quiera escucharla, porque cualquier cosa que desee expresar
sería trivial, insignificante o errónea.
Intente hacerle un cumplido
a una persona pasiva y se dará cuenta de que no puede aceptarlo.
Transforma todo elogio en una frase negativa. Por ejemplo, si usted le
dice: «Me gusta mucho lo que llevas puesto, te sienta muy bien».
En lugar de responder con un simple «gracias» es más probable que
conteste: «¿Este trapo viejo? Hace siglos que lo tengo»,
haciéndole sentir también como un idiota (es decir, negativo).
Debido al estrés y la
ansiedad constante que la en vuelve, por no mencionar el miedo a «ser
descubierta», este tipo de persona carece de energía y de entusiasmo
por la vida. No tiene tiempo para emplearlo en sí misma y se pasa la
vida intentando hacer lo que cree que gusta a los demás.
Seguramente pensará que,
excepto el agresor, todo el mundo siente solidaridad hacia el pasivo y
quiere ayudarle a que tenga una mejor opinión de sí mismo y a que
aumente su confianza. De hecho, la mayoría de las personas empiezan
de este modo, pero llega un momento en que la solidaridad se convierte
en indignación. La gente empieza a desear que imponga, que haga lo
que quiere de una vez y tome decisiones propias y, como esto no
sucede, acaban sintiéndose irritadas y perdiendo el respeto que tenían
por esa persona y la tratan de acuerdo con su conducta.
Estar siempre en contacto
con una persona pasiva puede ser exasperante. Hace falta mucha energía
para tratar a alguien que siempre es negativo de palabra y de hecho.
Es una experiencia agotadora, que te deja exhausto y te obliga a
esforzarte para mantener tu propia actitud positiva. El resultado
es que la mayo ría de las personas intentan evitar a estos sujetos, a
menos que no puedan remediarlo, lo que aumenta sus sentimientos de
aislamiento e inferioridad.
También se puede reconocer
a la persona pasiva por su lenguaje verbal y corporal típico.
Lenguaje
verbal
. ¡Oh, Dios mío...!
. Siento mucho tener que
molestarle...
. Me pregunto si usted
podría...
. Lo siento; lo siento
mucho...
. Pero... pero...
Lenguaje
corporal
. No mira nunca a los ojos.
. Mantiene los puños
cerrados o retuerce las manos.
. Se encorva.
. Se lamenta o habla muy
bajo.
. Se echa hacia atrás
cuando le hablan.
LA
PERSONA ASERTIVA
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