Una
perspectiva de poder
Según
los críticos de la sociobiología, las diferencias entre hombres y
mujeres no son producto de un proceso evolutivo, sino que su causa
primordial son los procesos sociales y las condiciones existentes en la
sociedad, que afectan a todas las parejas y a todos los individuos. Una de
esas condiciones sociales que tiene particular importancia para la cuestión
de los celos es la diferencia de poder entre los hombres y las mujeres. A
los fines de este análisis, definimos el poder como la diferencia entre
la dependencia en que usted está respecto de su compañero y la
dependencia en que su compañero está respecto de usted. La dependencia
puede ser afectiva, financiera o de algún otro tipo.
Las
mujeres tienden a responder a los celos en la forma típicamente
“femenina” no porque son mujeres sino por que tienen menos poder en la
mayoría de las relaciones. Los críticos de la sociobiología sostienen
que la respuesta de una persona a los celos tiene más que ver con el
poder que tiene en el seno de la relación que con el género al que
pertenece.
Cuanto
más poder tiene la persona en el seno de la relación —sea hombre o
mujer— más propenso es a responder a la situación desencadenante de
los celos en la forma “masculina”: con ataques de furia o abandonando
la relación. La persona más débil se comporta en la forma típicamente
“femenina”: llorando, tratando de volverse más atractiva o tratando
de despertar los celos en su compañero. Lamentablemente, es la persona a
la que menos le interesa la relación, y tiene más alternativas fuera de
ella, la que tiene más poder.
Lo
que nos retrotrae a la diferencia entre los niveles de compromiso de
hombres y mujeres con respecto a la relación. Las mujeres son
socializadas para prestarle más atención a las relaciones y para desear
el compromiso más que los hombres. El resultado es su pérdida de poder
en relación con los hombres. Estas diferencias de poder no son innatas,
sino fundamentalmente producto de diferencias de poder en la sociedad, que
se reflejan en diferencias de poder en el seno de la pareja.
A
los cincuenta años, una mujer que ha pasado la mayor parte de su vida
adulta educando a sus hijos y apoyando la carrera de su marido tiene
muchas menos alter nativas fuera del matrimonio que su exitoso marido.
Cuando descubre que su marido está teniendo un amorío con su joven
secretaria, sus celos no son solamente una respuesta a lo que percibe como
una amenaza que se cierne sobre una relación amorosa valorada por ella:
también son una respuesta a una amenaza a un matrimonio que define su
vida entera.
Una
esposa que crea alternativas para sí misma fuera del matrimonio y es
menos dependiente de su marido afectiva, social y financieramente tiene
menos probabilidades de quedar atrapada en el papel del compañero celo
so. Una pareja cuyos miembros acaban de entrar en la cincuentena nos
aporta un ejemplo de este tipo de inversión de papeles.
La
esposa, Laura, ha sido ama de casa desde la época en que nació su hijo
mayor y hasta que el menor terminó la escuela secundaria. En ese momento
sintió que podía darse el lujo de hacer algo por sí misma, de modo que
volvió a estudiar y obtuvo una licenciatura en administración.
Con
la ayuda de sus altas calificaciones y excelentes recomendaciones de sus
profesores consiguió un buen trabajo en una importante compañía farmacéutica.
Allí, su entusiasmo y su contracción al trabajo le granjearon una
promoción tras otra. Pronto estaba administrando la filial estatal de la
compañía, lo que implicaba que viajaba a menudo, que conocería gente
interesante y volvería a su casa tarde.
Su
esposo, Adam, era gerente técnico de una pequeña compañía industrial,
y no había avanzado mucho en su carrera durante esos años.
Aproximadamente para la época en que Laura comenzó a ascender
aceleradamente, él comenzó a sentirse aburrido de su trabajo, frustrado
y enfadado. En el preciso momento en que a ella le resultaba de enorme
importancia todo lo que estaba haciendo, él comenzó a preguntarse: “¿Qué
sentido tiene todo esto?”. Si bien ninguno de los dos reconocía el
cambio, ahora Adam necesitaba a Laura más que lo que ella lo necesitaba a
él, y se sentía muy amenazado por las personas con las que ella se
vinculaba en su trabajo. Cada vez que Laura llegaba tarde a la casa, lo
que ocurría con frecuencia, Adam quería saber dónde había estado, con
quién, qué habían hecho y de qué habían hablado.
Al
principio, Laura trató de ser paciente y comprensiva. Siempre que podía,
llamaba a Adam para avisarle que iba a llegar tarde y le explicaba en
detalle lo que iba a hacer durante su ausencia. También se esforzaba por
ignorar el tono hostil de Adam cuando la interrogaba. Pero después de un
tiempo comenzó a perder la paciencia y a sentirse molesta por los celos
de su marido. Lo estaba pasando de maravilla en su trabajo y no hacía
nada que justificara sus celos y su grosería.
Cuanto
más satisfecha se mostraba Laura con su mundo externo al matrimonio, y más
insatisfecho se sentía Adam con su propio mundo, más celoso se volvía.
No se fiaba de las explicaciones de Laura, y seguía sintiéndose herido y
excluido aun cuando sabía que ella había pasado una velada con sus
amigas. Lo cierto es que él estaba excluido de su mundo precisamente
cuando más la necesitaba.
Según
la sociobiología no había absolutamente ninguna razón para que Adam
estuviera celoso. Primero, Laura se encontraba con sus amigas, de modo que
no había ninguna posibilidad de que le pusiera los cuernos. Segundo,
Laura ya había pasado la menopausia, de modo que no había ninguna
posibilidad de que pudiera quedar embarazada con los genes de algún otro
hombre. Por añadidura, habían terminado de educar a sus hijos, y él tenía
la misma certeza que cualquiera a propósito de su supervivencia genética.
Desde
el punto de vista del poder, sin embargo, había una buena razón para que
Adam estuviera celoso. A lo largo de la vida que habían compartido él
había sido siempre “el hombre” de la familia, y como tal, había
tenido más poder que Laura. Ahora, repentinamente, sus papeles se habían
in vertido y él era el que tenía menos poder en la relación.
Adam,
que es un hombre apuesto, masculino, exitoso, respondió a la amenaza que
percibía a la calidad de su relación con Laura en una forma
tradicionalmente “femenina”. Se deprimió, se enfurruñó, se compró
ropa nueva (con la esperanza de que Laura se diera cuenta), y trató de
ponerla celosa encontrándose con amigas sin que ella estuviera presente.
El único problema fue que a Laura esto no le importó en lo más mínimo,
e incluso lo alentó a que viera a sus amistades más a menudo.
Adam
tuvo que comprender que en la medida en que estaba haciendo cosas para
provocar una respuesta de Laura seguía dependiendo de ella. También tuvo
que tomar conciencia de que en la base de sus celos había sentimientos de
impotencia y dependencia.
Para
superar su dependencia, Adam volvió a tomar contacto con gente con la que
se sentía a gusto pero con la que había dejado de verse. En razón de
que Laura se había hecho cargo de mantener los vínculos sociales durante
el matrimonio, cuando algunos de los amigos y colegas de Adam no le
gustaban se las había arreglado para evitar el contacto social con ellos.
Ahora que Laura tenía su propio mundo social, Adam pudo elegir a la gente
que quería tener como amigos sin depender de aquellos con quienes él y
Laura se veían como pareja.
No
fue nada fácil para Adam, que a lo largo del matrimonio había dejado en
manos de Laura la tarea de ocuparse de lo social. De hecho, la
sociabilidad de Laura y su inagotable energía fueron las cosas que más
le atrajeron de ella cuan do se conocieron. Cada vez que llamaba a
alguien, tenía miedo de descubrir que la persona se mostrara sorprendida
y no precisamente contenta de oírlo después de tanto tiempo. Pero lo que
temía nunca ocurrió.
Cuando
Adam comenzó a involucrarse más con sus propios amigos, intereses y
actividades —le encantaba escalar, por ejemplo, de modo que se asoció
al Sierra Club y comenzó a escalar montañas con regularidad— dejó de
percibir el trabajo de Laura como una amenaza. Una creciente satisfacción
con su propia vida y una sensación de poder cada vez mayor en el seno de
la relación dieron como resultado una disminución de los celos.
¿Por
qué considerar las diferencias de sexo en el análisis de los celos?
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