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APRENDER A MANEJAR
LOS CELOS
MANUAL PRÁCTICO
Basado en las
Investigaciones de Ayala Malach Pines

Terapia
de Implosión Fisiológicamente Monitoreada
Wanderer
desarrolló una técnica que llama Terapia de Implosión Fisiológicamente
Monitoreada (PMIT, abreviado en inglés).” Es una forma mejorada de
una técnica conductista muy conocida llamada “terapia de implosión” (o
“inundación”), que ha sido utilizada con éxito en el tratamiento de
las fobias y del síndrome de estrés post-traumático. En la terapia de
implosión se les pide a los pacientes que piensen en el peor de sus miedos
o en la experiencia más traumática una y otra vez hasta que logren reducir
el miedo. En la PMIT, el terapeuta monitorea la presión sanguínea del
paciente con un instrumento electrónico que registra los cambios más
sutiles. El paciente habla de situaciones difíciles, y el terapeuta
registra en un grabador la escena que el paciente describió un momento
antes de haberse producido un pico en la presión sanguínea. Esta escena es
considerada la fuente del problema. La exposición repetida del paciente a
la grabación reduce el poder que la escena ejerce sobre el paciente, y la
presión sanguínea vuelve gradualmente a su nivel normal. Veamos un ejemplo
de cómo funciona.
Un
hombre de alrededor de treinta y cinco años que está empleado en una
emisora de radio tenía una novia que trabajaba en el mismo despacho que él.
Un día ella terminó la relación para comenzar un romance con uno de sus
compañeros de trabajo. Las tareas que el hombre realizaba le exigían que
tuviera frecuente contacto con ambos. Sus intensos celos hicieron que
evitara este contacto, lo que le acarreó problemas en el trabajo.
Durante
el tratamiento con el método PMIT se le preguntó a este hombre qué era lo
que le resultaba más molesto cuando veía a su novia con su nuevo amado.
“El hecho de que hagan el amor”, respondió. ¿Qué era lo que más lo
perturbaba de la vida sexual de ellos? Wanderer tenía bajo observación la
presión sanguínea a medida que el hombre contaba sus fantasías acerca de
la vida sexual de la pareja.
El
análisis de los datos de la presión sanguínea indicó que el aumento más
significativo ocurrió cuando el hombre describía los gemidos que su ex
amada solía proferir cuando llegaba al orgasmo. En la época en que tenía
relaciones sexuales con ella, el hombre pensaba que él era el único capaz
de hacerla gemir de esa manera. Ahora estaba atormentado por la idea de que
ella profería estos sonidos con su nuevo amado.
El
terapeuta grabó una sesión en la que le pidió al hombre que imaginara la
nueva relación sexual de su amada, dramatizando sus orgasmos con
expresiones tales como “está gimiendo de placer con él... Él acaricia
todas las partes de su cuerpo que la hacen excitarse, se están riendo”.
Se le indicó al hombre que escuchara la grabación durante una hora al día.
Después de menos de una semana de escuchar la grabación, la escena ya no
lo hacía sufrir, más bien lo aburría. Y pudo reanudar los contactos de
trabajo con su ex amada y su nuevo compañero sin sentir ningún malestar.
Otro
caso que Wanderer trató fue el de un agente de bolsa que acudió a la
terapia porque sentía la necesidad de dejar de ser celoso. Decía que sus
celos le habían hecho perder varias novias. La última, que le gustaba
realmente mucho, era especialmente buena y comprensiva. La pérdida le
provocaba un enorme sufrimiento y creía que se había producido por su
culpa: “Un día la vi salir de un cine con un abogado amigo de ella y monté
una escena terrible. Se enfadó mucho, y me dijo que no podía tener una
relación con alguien que se conducía de ese modo”.
Su
PMIT reveló que para él la peor escena era imaginar que su novia lo dejaba
por aquel abogado amigo. Se le enseñó a relajarse y se le indicó que
simultáneamente viera en su imaginación esta terrible escena una y otra
vez. Después de varias sesiones de terapia volvió a ver a su novia con el
mismo abogado. Esta vez actuó con calma. Se acercó a ellos y los saludó
con un cortés: “Hola, ¿cómo están?”. Su novia quedó tan
impresionada por el cambio que observó en su conducta que lo llamó y
comenzaron a salir otra vez.
En
ambos ejemplos, comenta Wanderer, la exposición repetida a la escena
dolorosa cortaba su conexión con la respuesta celosa y la sustituía por
una nueva conexión entre la escena y una sensación de aburrimiento.
El
ejercicio de “honestidad escrupulosa” que mencioné en el anteriormente
es otra versión de la terapia de implosión) En esta técnica se le pide al
miembro no celoso de la pareja que “inunde” al compañero celoso
narrando en detalle todo lo que le ocurrió durante el día. El relato
inunda con información al compañero celoso y lo ayuda a disipar la
angustia y la inseguridad.
Otra
versión de la terapia de implosión usada específicamente para el
tratamiento de los celos es la técnica de “la vaca holandesa” que me
fue explicada por la terapeuta Tsafy Gilad. Gilad empleó esta técnica para
tratar el problema de celos de una pareja de mediana edad.
Los
celos se convirtieron en un problema después de que la esposa descubrió
que su marido había tenido un amorío que duró un año. Aunque ya hacía
tiempo que había terminado, la esposa no podía dejar de pensar en él.
Durante la terapia la pareja comprendió que el descubrimiento del amorío
le había resultado a la esposa devastador para la sensación de seguridad
que le ofrecía el matrimonio. La seguridad era lo que había buscado cuando
se casó, y era lo más importante que el matrimonio le había aportado.
Para recuperar la sensación de seguridad perdida, ella quería saber dónde
se encontraba su esposo mientras no estaba con ella, porque pensaba que de
esa manera no se preocuparía por la posibilidad de que estuviera con la
otra mujer.
Se
le pidió al esposo, que estaba dispuesto a hacer lo que fuese para salvar
el matrimonio, que llamara a su esposa por teléfono a intervalos no mayores
de una hora a donde estuviese: en la casa, en el trabajo, con amigas o de
compras. El arreglo implicaba que la esposa tenía que decirle a su marido dónde
estaría para que él pudiera localizarla. La técnica se llama
informalmente “la vaca holandesa”, porque las llamadas telefónicas
cumplen la misma función que las campanas que llevan las vacas holandesas
colgando del pescuezo: le permiten al dueño saber dónde están en todo
momento y en consecuencia no se necesita cerca.
Después
de varias semanas de esta ordalía la esposa ya no aguantaba más. Comenzó
a sentir pavor ante las llamadas telefónicas que se habían convertido en
una intrusión en su vida. Pero a su esposo no le molestaban. Mucho tiempo
después de que ella dijera que ya no las soportaba, él seguía dispuesto a
cumplir lo pactado. Aunque no está claro si la técnica ayudó o no a la
esposa a recuperar la confianza en su marido, sin duda ayudó a cortar la
conexión entre la ausencia temporal del marido y los celos de la esposa, y
los sustituyó por una conexión entre sus llama das telefónicas y el
fastidio.
La técnica de Bernie
Zilbergeld
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